El conflicto de Estados Unidos e Israel contra Irán ha mutado de guerra militar a económica. Al no lograr sus objetivos principales, Donald Trump optó por restringir la economía iraní mediante un bloqueo naval, una táctica similar a la empleada en Cuba. Las consecuencias pueden ser una nueva recesión económica más grave que la financiera del 2009, la de la covid del 2020 o la de Ucrania del 2022.
Los estrategas en Washington estaban convencidos de que el régimen de los ayatolás no podría resistir más de unas pocas semanas bajo el bloqueo. Al detener la venta de petróleo, gas, acero y fertilizantes también se detienen sus ingresos. Los almacenes están llenos y pronto tendrán que detener la actividad en sus yacimientos. No podrán pagar a sus funcionarios ni cubrir las importaciones, que provienen principalmente de China. Los marines estadounidenses impiden la entrada y salida de cualquier mercancía. Finalmente, el malestar causado por esta situación llevará a la población a salir nuevamente a las calles para protestar, retando la represión ejercida por los Guardianes de la Revolución.
Efectos del conflicto
El Banco de España estima que la guerra reducirá el crecimiento económico entre 0,4 y 0,8 puntos y elevará la inflación
Error de cálculo. La experiencia pone de manifiesto que los iraníes son muy resistentes, como ocurrió en el 2019. La población está atemorizada tras las matanzas que protagonizaron los fanáticos religiosos antes de que empezaran las hostilidades. En la situación actual, los Guardianes patrullan las calles dispuestos a acallar cualquiera protesta.
Europa, y especialmente España, se posicionó con el “no a la guerra” de Pedro Sánchez, lo que tuvo impacto en la UE. Sin embargo, la “guerra económica” complica la situación; Francia, Italia y Alemania sufren por el cierre del estrecho de Ormuz, reforzado por Trump. Si no hay solución pronto, Europa podría afrontar una estanflación, el peor escenario posible. En esta ocasión no se puede poner de perfil argumentando que esta no es su guerra, porque sí lo es y le afecta de forma muy directa. Hasta ahora no se ha logrado ninguna acción efectiva para desbloquear la libre circulación de mercancías. El Reino Unido, Alemania y Francia son especialmente vulnerables ante la escasez de queroseno y diésel. Las aerolíneas han comenzado a reducir vuelos, lo que inevitablemente afectará a destinos turísticos como España. Si el combustible continúa sin fluir durante el verano, los depósitos estarán vacíos para el invierno, lo que podría ser muy duro. El cártel de la OPEP ha saltado por los aires y los Emiratos han pedido una línea de liquidez a EE.UU. España mantiene una posición favorable gracias a su capacidad de refino, que le permite resistir mejor que otros países. Sus principales proveedores de gas natural son Estados Unidos, Rusia y Argelia. El Banco de España estima que la guerra reducirá el crecimiento económico entre 0,4 y 0,8 puntos y elevará la inflación. Además, el probable aumento de los tipos de interés encarecerá el pago de la deuda.

La falta de combustible afecta en menor medida a EE.UU., ya que el desarrollo del fracking les permitió pasar de ser importadores a exportadores de combustibles fósiles. Sin embargo, el verdadero problema es político: si el galón de gasolina supera los cuatro dólares en verano, es muy probable que Trump pierda las elecciones de medio mandato. China y Rusia, principales aliados de Irán, están preparados para resistir. Pero saben que un conflicto prolongado afectaría negativamente a todos, sobre todo a los países pobres de África y Asia, donde la hambruna es una amenaza.
