La fila llega hasta la esquina de la calle. Decenas de mujeres sin velo, otras cubiertas con un pañuelo, hombres en bermudas practicando deporte y, así, un abanico de vestimentas. Todos esperan encontrar mesa en uno de los locales de moda donde se sirve la omelette persa, huevos revueltos con tomate acompañados de pan tradicional y té.
Cada mañana de viernes esta calle es un hervidero, pero ayer, un día soleado, parecía estar más llena que nunca. Como lo estaban la noche del jueves los cafés de Sanai, un sector central de Teherán que empezó como lugar de moda de jóvenes artistas y que hoy es visitado desde todos los rincones de la ciudad.
“Hay que disfrutar de la primavera mientras podamos, el alto el fuego no va a durar”, afirmaba Ali, arquitecto de 53 años, tomando café. “Me gustaría pensar que la guerra se acaba, ha sido un desastre para todos, pero no creo que lleguen a un acuerdo”, concluye recordando que cuando Estados Unidos empezó los ataques se estaba negociando. “Hay mucha desconfianza”, dice.
La escena que se vive en esta zona, con decenas chicas sin velo y caderas al aire, es diametralmente opuesta a la que se vivió durante el jueves en la calle Jomburi Islami (República Islámica), a no muchas calles al sur del café. Allí, cientos de miles de peregrinos empezaron a caminar desde las ocho de la mañana en una procesión que duró doce horas. Unos lo hacían en grandes grupos liderados por coches con altavoces emitiendo toda clase de consignas antiimperialistas; otros iban en familia, y otros pocos en solitario. “El tiempo de venganza ha llegado, las negociaciones están prohibidas”, eran alguno de los clamores. El 99% de las mujeres iban cubiertas con el chador negro que impuso la Revolución Islámica en sus orígenes.
Es Ghalibaf, un guardia revolucionario reconvertido en político, encabezará el equipo negociador de la república islámica
El objetivo de todos era llegar hasta la intersección con la calle Daneshgu (Universidad), donde se había levantado un gran arco dominado por la foto del ayatolá Ali Jamenei, decorado con miles de claveles blancos. Conmemoraban el arbain , los cuarenta días de su asesinato en el complejo donde residía, muy cerca de allí. “Venimos a decir que estamos listos para dar nuestra sangre por él. Y que debemos seguir hasta que venguemos su asesinato”, explicaba Fátima, que, como otros muchos, se opone al alto el fuego y aún más a las negociaciones con EE.UU. “Ghalibaf (Mohammad Baquer Ghalibaf, portavoz del Parlamento) está traicionando la memoria del líder”, sentenciaba esta mujer recogiendo el sentir de muchos dentro del sector que apoya al sistema.
Es Ghalibaf –un guardia revolucionario reconvertido en político– quien debe encabezar el equipo negociador que se sentará frente al vicepresidente de EE.UU., JD Vance en Islamabad. Lo acompañará el ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, y, quizá, Mohammad Baguer Zolghadar, comandante de la Guardia Revolucionaria y secretario del Consejo Superior de Seguridad Nacional desde el asesinato de Ali Larijani. Muchos analistas coinciden que Zolghadar, de la línea radical, defenderá el punto de vista de la Guardia Revolucionaria.
“Las nuevas incursiones de Israel en Líbano son una bramante violación del acuerdo al cese al fuego… La continuación de esas acciones hará que las conversaciones no tengan sentido”, advierte el presidente Massoud Peseshkian, enfático en asegurar que el líder supremo, Mujataba Jamenei, había dado luz verde al alto el fuego.
También lo subrayó el ayatolá Allahmohoda en la religiosa ciudad de Mashdad. Aseguró que el líder había dado permiso al Consejo Superior de Seguridad Nacional para aceptar el alto el fuego. Es obvio que intentan calmar las críticas de los más radicales al poner la responsabilidad en el líder supremo, que todavía no ha aparecido públicamente después de su elección hace un mes.

Mojtaba Jamenei envía mensajes, eso sí: el jueves, uno para por cerrados los cuarenta días de duelo por su padre. No se refirió directamente al alto el fuego, pero aseguró que Irán es el vencedor y que la gestión de Ormuz entra en una nueva fase.
Los ataques de Israel a Líbano siguen siendo el principal escollo para las negociaciones, al menos para Irán. Mientras las delegaciones volaban a Islamabad, Ghalibaf escribió en sus redes sociales que dos puntos acordados de mutuo acuerdo todavía no habían sido puestos en marcha: alto el fuego en Líbano y “la liberación de los fondos bloqueados previamente a las negociaciones”.
“Seguiremos con los dedos en el gatillo debido a las repetidas violaciones de la confianza”, advertía al final del día el portavoz de las fuerzas militares.
A esa hora, los cafés de la calle Sanai volvían a estar llenos. Hay que aprovechar, nadie sabe qué va a pasar mañana.
