
El concejal y hasta ahora portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith, ha decidido llevar a los tribunales su expulsión del partido, que considera una ‘decisión arbitraria’ del Comité de Garantías, después de que la dirección haya rechazado su recurso de alzada y formalizado su salida junto a la de otros dos ediles: Carla Toscano e Ignacio Ansaldo. La resolución conjunta, adoptada por la dirección nacional, cierra en la práctica cualquier vía interna de revisión y abre un conflicto judicial y político de recorrido incierto.
Este era el último paso que le quedaba a Ortega Smith en la formación liderada por Santiago Abascal para frenar su salida y ahora, tras la decisión que se ha resuelto en el Comité Ejecutivo Nacional de Vox solo le quedará explotar la vía judicial. El propio dirigente ha reiterado en privado y en público su disposición a acudir a los tribunales ante lo que considera una “falta de justicia interna”, elevando así el conflicto del plano orgánico al jurídico.
El Comité de Garantías de Vox anunció a principios de marzo la expulsión de Javier Ortega Smith del partido al considerar que había cometido una “infracción muy grave” tras frustrar su relevo en la portavocía de la formación en el Ayuntamiento de Madrid, lo que provocó que fuera expedientado por desobediencia y suspendido de militancia. Aquel movimiento evidenció hasta qué punto la dirección había perdido la confianza en uno de sus dirigentes históricos, en un contexto de creciente centralización del poder en torno al núcleo duro de Abascal.
Por su parte, Ortega Smith insistió en su intención de continuar al frente del grupo municipal hasta el final del mandato, en mayo de 2027, ya que, a su juicio, “es lo legítimo” y confirmó que había presentado el citado recurso de alzada contra su expulsión. Ese pulso institucional adquiere ahora una nueva dimensión, ya que la pérdida de la militancia no implica automáticamente la renuncia al acta de concejal, lo que abre un escenario de confrontación directa en el seno del grupo municipal.
Sin embargo, la caída de uno de los fundadores del partido no fue repentina, sino un goteo constante de pérdida de poder. Así en diciembre del 2025, Ortega Smith fue relevado de la Ejecutiva Nacional (CEN), siendo sustituido por perfiles más jóvenes y afines a la línea actual de la dirección. Desde entonces, su progresivo aislamiento interno se ha traducido en una pérdida de visibilidad y de influencia en los órganos de decisión, anticipando el desenlace ahora consumado.
El foco inmediato se trasladará al Ayuntamiento de Madrid, donde el próximo pleno, previsto para el 29 de abril, servirá como primer termómetro visible de la ruptura. Allí será más difícil ocultar la fractura en un grupo reducido a cinco concejales, en el que la continuidad de Ortega Smith sin respaldo orgánico tensiona al máximo la operatividad política de Vox.
La sesión se prevé especialmente áspera por la presencia de Arantxa Cabello, a quien el propio Ortega Smith promocionó en la lista electoral de 2023 y con la que ahora mantiene una ruptura total. Las acusaciones cruzadas de “traición” y de haberse “vendido”, en palabras del propio dirigente en una reciente entrevista en El Mundo, reflejan el grado de deterioro personal y político en el seno del grupo.
En paralelo, en el Congreso de los Diputados, la crisis interna pasa más desapercibida. El traslado de Ortega Smith a uno de los escaños del denominado “gallinero” del hemiciclo permite a la dirección diluir visualmente el conflicto, pese a que en las últimas semanas se le ha visto de forma habitual compartiendo mesa con un reducido círculo de colaboradores en el comedor de la Cámara Baja, síntoma de su creciente aislamiento.
Con cinco concejales en el Ayuntamiento de Madrid, y tres de ellos expulsados en las últimas horas, Vox carece de margen para disimular una guerra abierta que amenaza con cronificarse si Ortega Smith cumple su advertencia de mantener el acta hasta el final del mandato. Ese escenario obligaría al partido a gestionar durante algo más de un año una anomalía interna con impacto directo en su acción política municipal.
Ortega Smith no ha detallado por ahora sus próximos pasos, pero su estrategia apunta a pivotar sobre un plan en dos fases. Resistir institucionalmente y litigar contra su expulsión. Una combinación que anticipa un conflicto largo y de difícil encaje para una formación que había hecho de la disciplina interna una de sus señas de identidad.
Ante la indefinición jurídica sobre su situación en el Ayuntamiento, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha asegurado que el Consistorio baraja todas las opciones. Desde su eventual paso a la condición de edil no adscrito -junto a Toscano y Ansaldo- hasta la posible creación de un grupo mixto. Una fórmula que el propio Ortega Smith censuró con dureza en el anterior mandato, cuando sirvió para dar encaje a cuatro concejales tránsfugas procedentes de Más Madrid. De confirmarse, el grupo mixto tendría será más numeroso que el de Vox.
La crisis interna no deja de crecer
La crisis interna trasciende además el caso de Ortega Smith. El exportavoz parlamentario Iván Espinosa de los Monteros ha reprochado públicamente a la actual dirección que trate de “reescribir la historia” del partido, reivindicando el papel ‘fundamental’ del propio Ortega Smith en su fundación. Sus palabras sitúan la expulsión en un contexto más amplio de contestación interna y de choque entre la vieja guardia y la actual cúpula.
Las críticas de Espinosa, también expedientado y a la espera de resolución, apuntalan la percepción de una purga interna de perfiles discrepantes en un momento de redefinición estratégica del partido.

