La dirigente birmana Aung San Suu Kyi saldrá inmediatamente de la cárcel para cumplir el resto de su condena en arresto domiciliario. Así lo ha ordenado este jueves el presidente Min Aung Hlaing, el mismo general que en febrero de 2021 anuló las elecciones celebradas tres meses antes. El partido de la Nobel de la Paz había conquistado en estas el 82% de los escaños en juego.
La medida de gracia se suma a la amnistía de alrededor de 22.000 reos -muchos de ellos presos políticos- en los últimos seis meses, al hilo de la celebración de nuevos comicios, bajo un férreo control militar. La quinta excarcelación, de 1.508 presos, ha sido anunciada hoy mismo.
Aung San Suu Kyii, “la dama”, ha estado encarcelada en paradero desconocido desde que fuera condenada a varias décadas de prisión en una pantomima de juicio, a finales de 2022. Para entonces llevaba casi dos años detenida, que se sumaban a los 15 años de arresto domiciliario que empezó a sufrir en los noventa, tras su retorno a Birmania.
Ha sido el propio general retirado Min Aung Hlaing quien ha declarado conmutada la pena de cárcel de la dirigente política, de 80 años, permitiendo que cumpla los 18 años que le quedan en su propia casa. El monto de años -inicialmente 33 – había sido reducido en sucesivas revisiones y en amnistías generales.
Quien fuera jefe de la junta militar hasta principios de años -ahora “legitimado” en las urnas como presidente- recibió hace una semana al ministro de Exteriores de Tailandia, Sihasak Phuangketkeow, que actúa de puente con el resto de naciones del sudeste asiático (ASEAN). Una semana antes, coincidiendo con el Año Nuevo birmano, Min Aung Hlaing había excarcelado a 4.500 presos -entre ellos U Win Myint, expresidente a las órdenes de Aung San Suu Kyi- y había conmutado todas las penas de muerte por cadena perpetua.
El nuevo gesto del mandatario birmano, ahora con Aung San Suu Kyi, facilita la mediación de Sihasak, que este viernes recibe a los embajadores extranjeros en Bangkok. No obstante el partido de la Nobel, la Liga Nacional para la Democracia, fue disuelto tras el golpe y no ha sido rehabilitado.

Varios países de ASEAN apuestan por reincorporar gradualmente a su miembro más convulso. Cabe decir que Birmania está en guerra civil prácticamente desde su independencia, en 1948. Algunos, como Camboya, Vietnam o Indonesia, mandaron observadores a sus comicios, celebrados entre diciembre y enero pasado, en compañía de Rusia o China.
Casi ninguno confía en la “democratización” birmana bajo tutela militar. Pero tampoco vislumbran una alternativa, dada la relativa debilidad de las fuerzas democráticas y la presencia de decenas de narco-guerrillas imponiendo su ley en la mitad del país.
Tampoco hay que olvidar que, actualmente, en Filipinas manda el hijo del dictador Marcos y en Indonesia el yerno del dictador Suharto, en ambos casos tras someterse a las urnas. La propia Tailandia volvió a tener un general al frente del país, Prayut Chan-o-cha, desde su golpe de estado de 2014 hasta 2023, cuando ya había sido blanqueado en unos comicios a medida.
En cambio, durante gran parte de la década pasada, mientras los uniformes volvían a marcar el paso en Bangkok, la esperanza democrática estaba depositada en Birmania. Una anomalía histórica. Tanto es así que, Aung San Suu Kyi -la hija del general Aung San, padre de la independencia cuyo rostro sigue ocupando los billetes de banco- tuvo en sus manos las riendas del país. Fue entre 2015 y 2020, en tanto que Consejera de Estado, ya que tenía vetada la presidencia.
Desde las elecciones de enero
Más de veinte mil presos han sido excarcelados, entre ellos muchos disidentes
Hoy las cosas han vuelto a su cauce y Rangún vuelve a parecer una ciudad a dos horas y cuarenta años de Bangkok. Excepto los millones de inmigrantes birmanos que siguen afluyendo a Tailandia y sin los cuales varias actividades, desde la construcción hasta el turismo, se verían seriamente afectadas.
Cabe señalar, por último, que el arresto domiciliario de Aung San Suu Kyi será probablemente en la vivienda que esta adquirió en la nueva capital, Naypyidaw. Puesto que la casa materna a orillas del lago Inya, en Rangún, en la que pasó 15 años encerrada a la fuerza, está envuelta en una disputa legal con su hermano, Aung San Oo.
A la muerte de la madre de ambos, este no aceptó la división de la propiedad (casi una hectárea), que dejaba la casa colonial en manos de su famosa hermana. En 2022, con Aung San Suu Kyi nuevamente detenida, un juez atendió el recurso fraterno y aceptó que la casa saliera a subasta y se repartieran los ingresos equitativamente. El problema es que nadie ha querido pagar el precio de salida de alrededor de 60 millones de euros.
Otros piden que se paralice la operación, para garantizar que algún día sea un museo. Los abogados de Aung San Suu Kyi, mientras tanto, respiran: “Nuestra clienta sale del infierno”. Y un portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric, considera que se trata de un primer paso, que debe ir acompañado de un cese inmediato de la violencia y del inicio de diálogo inclusivo, como una solución política viable.
En cambio, desde el Reino Unido, uno de los dos hijos de la represaliada, Kim Aris , dice no haber recibido “desde hace años” ninguna prueba de su estado de salud, “ni de que esté viva”.

