Ahora todos hablan de la IA, pero en 1997 fue IBM la empresa que consiguió las portadas de la época gracias Deep Blue, el primer ordenador que consiguió ganar a un ser humano, el ruso Gari Kaspárov, en una partida de ajedrez, mediante una forma primigenia de inteligencia artificial (IA).
El futuro forma parte del ADN de esta multinacional. La empresa, que celebró esta semana en Barcelona su primer siglo de vida en España, ha impulsado las mayores innovaciones de las últimas décadas. A menudo en la trastienda, sin presencia visible en el imaginario del consumidor, su tecnología ha plasmado avances como la banda magnética de las tarjetas, los cajeros automáticos o el código de barras. Asimismo, ha participado en los desarrollos informáticos de eventos decisivos como la misión Apolo de la Nasa, los Juegos Olímpicos de Barcelona o la última expedición espacial Artemis.
La empresa invierte cada año el 12% de su facturación en I+D independientemente del ciclo económico
Pero ¿qué hace exactamente IBM hoy? “Nuestra misión es la de ayudar a nuestros clientes a utilizar la tecnología para tener una ventaja competitiva, para adelantarse al futuro. Y eso lo hacemos mediante la combinación de la computación clásica, la computación cuántica, que es la informática que viene, y la inteligencia artificial”, explica Fernando Suárez, vicepresidente de la compañía y director de software. Este ejecutivo maneja sondeos y estudios, como el célebre del MIT, que indican que de momento la IA no ha conseguido desplegar sus efectos en cuanto a aumento de la productividad y retorno de la inversión.
Allí está el reto. Su análisis es que a diferencia del usuario final, las compañías tienen otros requisitos cuando tienen que integrar sistemas de IA.“La tecnología cuando entra en una empresa suele acoplarse con sistemas preexistentes. Las innovaciones están sujetas a un control de costes y de retorno de las inversiones. Las firmas han de cumplir un sin fin de normas y de requisitos. Y además, sus proyectos pilotos normalmente están aislados, nacidos en un departamento pero sin haber conseguido integrarse con el resto”, explica. IBM procura lograr la eficiencia requerida, escalar la tecnología mediante plataformas híbridas (sin conexión a internet). Hay aplicaciones prácticas de estas soluciones avanzadas que ya están dando resultados, aseguran. Es el caso de bancos, como el HSBC que consiguen mejorar la predicción sobre la evolución de los bonos o federaciones deportivas, como la de Atletismo, que al gestionar los datos incrementa el rendimiento del deportista.
Con todo, Suárez reconoce que hay que superar cierta desconfianza por parte de las compañías –así resulta de las encuestas que dispone–, algo que ocurre cada vez que una tecnología disruptiva sacude el mercado existente.

En cuanto al debate sobre la presunta pérdida de empleo causada por esta revolución, IBM prefiere seguir la visión más optimista, según la cual la IA acabará se hará cargo de las tareas repetitivas y liberará tiempo para que el trabajador se dedique a obligaciones de mayor valor añadido. Una reasignación de tareas.
“Por ejemplo, hoy el abogado del estado no tiene que redactar de forma continua respuestas a solicitudes de asilo, sino que puede validar los formularios propuestos”, comenta. La automatización de los procesos es compatible, en este caso, con la conservación del puesto de trabajo y además se genera el deseado aumento de productividad.
Además, la multinacional ahora está contratando a trabajadores jóvenes –ha triplicado los fichajes–, precisamente porque estima que este tipo talento es más idóneo para acompañar la transición hacia estos nuevos modelos tecnológicos al estar familiarizado con los problemas que vayan surgiendo.
La primera aparición de IBM en España fue hace 100 años, en 1926, con unas máquinas tabuladoras para Telefónica
IBM está profundamente radicada en el territorio español. Su colaboración con Caixabank es histórica (la entidad fue el primer banco en España en adoptar un ordenador corporativo). Destaca en particular la sinergia, desde los inicios, con el Barcelona Supercomputing Center. Y, como apuesta de futuro, la puesta en marcha de un centro de computación cuántica en el País Vasco, la herramienta que multiplicará la potencia y la capacidad de cálculo, desde la creación de nuevos materiales para recubrir aviones, elaborar fármacos o hacer más eficientes las rutas de la logística. En este sentido, opina, Europa tiene la posibilidad de recuperar su retraso inicial en la IA.
“Para IBM, España es un mercado muy relevante. La tecnología es un medio, que luego genera un ecosistema de empresas, que en colaboración con el sector público, acaba generando una nueva industria”, asegura Suárez.
IBM, cuyas acciones desde la pandemia han duplicado en valor, invierte cada año en I+D el 12% de sus ingresos, independentemente del ciclo económico. Al final, concluye Suárez, por muchos avances que haya, siempre deberá haber la persona en el centro. La historia continúa.

