Un Papa para la era de la revolución digital

Esta semana, con un pie en el estribo para salir hacia España, León XIV publicará en Roma su primera encíclica. Se llamará Magnifica Humanitas y estará dedicada a los retos antropológicos que supone la inteligencia artificial. El pontífice redactó su estructura durante sus vacaciones estivales en Castel Gandolfo y posteriormente fue confrontándola con un experto elegido por cada una de las conferencias episcopales (en España, de la Fundación Pablo VI). Su desarrollo estructural ha sido fruto del trabajo de cuatro dicasterios de la curia romana, siendo enriquecido por varios seminarios de expertos en tres pontificias academias. Finalmente, el texto definitivo ha sido revisado de nuevo por el propio obispo de Roma durante los fines de semana en la villa pontificia de Castelli Romani.

El Papa con la sangre de San Genaro, el sábado en Nápoles 
El Papa con la sangre de San Genaro, el sábado en Nápoles CIRO FUSCO / EFE

Conste que no ha engañado a nadie. El 10 de mayo, tras ser elegido, explicó a los cardenales electores que había tomado el nombre de León por su predecesor León XIII, el papa que afrontó los cambios sociales que produjo la revolución industrial, que amenazaba con poner al ser humano al servicio de una máquina de trabajo. Aquel documento, llamado Rerum Novarum, inauguró las enseñanzas sociales de la Iglesia, más conocidas como doctrina social. “Hoy la Iglesia está llamada a responder a los avances de la inteligencia artificial, que plantea nuevos desafíos para la dignidad humana”, les dijo. Ahora la revolución digital pretende hacer lo contrario: convertir a la persona en máquina y a la máquina en persona. Charlie Chaplin ilustró bien la primera en Tiempos modernos; Ridley Scott presagió la actual en Blade runner.

Hace casi diez años que la inteligencia artificial es objeto de debate, especialmente desde una dimensión científica, tecnológica, regulatoria, económica, medioambiental y ética. El papa Francisco, que dedicó la primera parte de su pontificado al cambio climático, llegó a realizar hasta 18 referencias a la inteligencia artificial en la segunda parte de su pontificado, entre 2018 y 2025, cuando se dio cuenta de que el modelo limitado de la IA estaban dando paso al modelo generativo. Por eso el nuevo documento convierte la IA en una cuestión moral global, porque plantea un reto antropológico para nuestra civilización.

León XIV ha sido muy activo en la elaboración de reflexiones sobre la inteligencia artificial

El nuevo pontífice, cuya formación es teológica y matemática a la vez, ha realizado hasta once intervenciones en discursos, mensajes y documentos: uno cada mes en el breve año de pontificado que acaba de cumplirse. De hecho, su interés por la cuestión, que para él afectaría a la comprensión misma de lo humano, se inició en 2007. Durante su etapa como prior general de la Orden de San Agustín, especialmente en los capítulos generales celebrados entre 2007 y 2012, comenzó a advertir sobre los riesgos de una cultura “hiperconectada pero espiritualmente fragmentada”. Fiel al pensamiento agustiniano, que apuesta por la interioridad (el corazón de su escudo lo recuerda), alertaba ya sobre la sustitución de relaciones reales por vínculos virtuales. En 2011 participó además en un encuentro sobre comunicación digital en Roma donde defendió que la Iglesia debía prepararse para una transformación tecnológica “capaz de alterar la experiencia humana misma”.

Ya como obispo de Chiclayo, concretamente en 2020 y 2022, habló repetidamente del impacto de las redes sociales, la desinformación y los algoritmos, especialmente sobre los jóvenes, alertando incluso de que una “dependencia digital” podía debilitar la familia, la empatía y el discernimiento. En 2021, en un foro pastoral sobre educación digital organizado por universidades católicas peruanas, subrayó que la tecnología debía “servir al encuentro humano, no reemplazarlo”. Fue uno de los primeros en afrontar los primeros debates eclesiales sobre ética algorítmica.

En 2024 ya advirtió sobre los peligros que supone la manipulación algorítmica

Posteriormente, como prefecto del Dicasterio para los Obispos, a finales de 2023 y comienzos de 2025, participó en reuniones preparatorias de los documentos Antiqua et Nova (2025) y Quo vadis, humanitas? (2026). En 2024 envió mensajes a encuentros organizados por la Pontificia Academia de las Ciencias, la Pontificia Academia de Ciencias Sociales y la Pontificia Academia para la Vida, en los que alertó sobre la manipulación algorítmica y la automatización del trabajo, así como la necesidad de mantener las decisiones morales bajo responsabilidad humana. El cardenal agustino Prevost maduraba progresivamente su intuición: la inteligencia artificial no era una nueva innovación técnica, sino una transformación de la condición humana.

Tras ello estaba su alma de agustino. Basándose en la antropología de san Agustín, León XIV considera que la inteligencia humana, a diferencia de la inteligencia artificial, no es un instrumento automático para procesar información, sino una voluntad con consciencia para amar. De hecho, apunta a que “razón sin corazón” deshumaniza. Por tanto, el reto de la IA no es que las máquinas piensen, sino que los humanos reduzcan su existencia a lo computable, olvidando que la sabiduría nace de voluntad con curiosidad consciente para buscar la verdad desde el amor, algo que considera que un algoritmo no podrá experimentar. En Blade runner, los replicantes se diferenciaban de las personas por su incapacidad para sentir.

De ahí se deriva una consecuencia que san Agustín definía como la tranquillitas ordinis, un orden social donde cada cosa ocupa el lugar que le corresponde según su naturaleza. El papa considera que la IA rompe este orden cuando la técnica se convierte en el fin y el ser humano en el medio. El reto moral es restaurar ese orden agustiniano donde la tecnología esté bajo el dominio de una razón con valores. Si la inteligencia artificial dictara el comportamiento humano, se produciría una soberbia tecnológica que alejaría a la sociedad de la justicia.

El Papa ve en la IA una nueva caverna digital de falsas realidades

Por último, el pensamiento agustiniano ayuda al León XIV a advertir sobre la simulación de la verdad. El obispo de Hipona, en el fin del imperio romano, contrapuso la luz frente a las sombras, la verdad a las ilusiones. El obispo de Roma, en el fin del imperio americano, ve en la IA el riesgo de una nueva caverna digital de falsas realidades. Se trata de una búsqueda de autenticidad y de emoción. El papa considera que, en un mundo saturado de respuestas algorítmicas, la humanidad debe volver a buscar en su interior las certezas que los datos de una máquina nunca podrán ofrecer. En definitiva, considera que un progreso tecnológico sin fundamentos morales está alejando al ser humano de su propia esencia.

Sobre esa base ha construido sus nueve distintas intervenciones. Al margen de la intervención del 10 de mayo, cada una de ellas ha aportado un elemento adicional para comprender el fenómeno en su complejidad. El 23 de mayo del año pasado, ante 4.000 comunicadores, advirtió sobre la “guerra de palabras e imágenes” generada por la IA y exhortó a evitar una Torre de Babel digital. El 4 de junio de 2025, en un encuentro sobre la infancia, alertó sobre el impacto de los algoritmos en el desarrollo neurológico de niños y jóvenes, recordando que la sabiduría no radica en acumular datos. El 11 de julio, en la Cumbre AI for Good de Ginebra, reclamó una regulación internacional y una gobernanza coordinada, afirmando que la IA “no puede dictar normas morales”. El 18 de septiembre, en el Semanal Vaticano, criticó las inversiones desmedidas en algoritmos que ignoran la pobreza humana. El 7 de noviembre dirigió un mensaje a ingenieros y tecnólogos animándoles a cultivar el discernimiento moral como pilar intelectual. El 24 de enero, en la Jornada Mundial de las Comunicaciones, reclamó la necesidad de proteger la autoría humana y el pensamiento crítico frente a la explotación de datos, advirtiendo del peligro de borrar la línea entre verdad y ficción. El 6 de febrero, con motivo de la Jornada Mundial contra la Trata de Personas, denunció la nueva “esclavitud cibernética”. El 24 de febrero instó al clero a no utilizar chatbots para redactar sus homilías, porque “sólo un corazón puede hablar a otro corazón”. El 13 de marzo alertó sobre el riesgo psicológico de que los niños sustituyan las relaciones reales por la “amistad” con chatbots. El 17 de abril, durante un encuentro con estudiantes y profesores en Camerún, denunció el impacto ambiental de la IA, recordando que la “nube” tiene una huella mayor en los países más pobres.

La principal preocupación de León XIV es qué sucederá con la dignidad humana

El nuevo documento es muy personal. Refleja lo medular de su pensamiento y la prioridad de su pontificado. El concepto que más repite es el de desafío antropológico. Para León XIV, la cuestión fundamental no es si las máquinas serán más inteligentes, sino qué ocurre con la dignidad humana cuando la creatividad, el trabajo, la comunicación o el afecto empiezan a ser mediadas por sistemas algorítmicos. Rechaza además el transhumanismo y cualquier idea de sustitución del ser humano por sistemas artificiales. El texto establece una diferencia radical entre inteligencia humana e inteligencia artificial: mientras la primera implica conciencia, libertad, corporalidad y amistad, la segunda sería únicamente una simulación funcional basada en procesamiento de datos.

Para no hacer spoiler, damos sólo algunos elementos de la encíclica. El primero sería una defensa sistemática de la dignidad humana frente al reduccionismo tecnológico. El segundo eje se centraría en los efectos de la automatización masiva, la sustitución laboral por algoritmos y la concentración de riqueza tecnológica en pocas corporaciones globales. Otro de los temas previsibles sería la “ecología de la verdad” frente a la saturación digital y las tecnologías capaces de falsificar identidades, voces o acontecimientos. Finalmente habría una crítica al transhumanismo, sosteniendo que la vulnerabilidad, la corporeidad y los límites forman parte constitutiva de la dignidad humana.

El documento va a abordar qué es lo humano (¿un sistema?), qué es lo auténtico (¿en un chatbot o un fake?), dónde está la verdad (¿en un algoritmo?), qué es la libertad (¿acertar con el prompting?), qué es el amor (¿escuchar una respuesta programada?), dónde está la felicidad (¿en los datos?) o dónde está nuestra alma (¿en una nube?). Su posición no es el rechazo de la tecnología, sino la afirmación de que no puede sustituir la dignidad de la persona. Magnifica Humanitas es un documento excepcional, que se publicará justo en el mes en que se cumple el primer año de su pontificado y en el día en que su predecesor, León XIII, publicó la Rerum Novarum. En la Santa Sede y la Ciudad del Vaticano nada es casual (nulla è lasciato al caso).

Sería una gran reflexión sobre qué significa seguir siendo humano en una civilización cada vez más gobernada por unas máquinas capaces de imitar la inteligencia, la creatividad e incluso las emociones. Y quizás ahí reside la originalidad de León XIV: haber comprendido antes que muchos líderes políticos y tecnológicos que la gran cuestión del siglo XXI no es qué pueden hacer las máquinas, sino qué deben hacer, sobre la base de que el ser humano puede evitar confiar en ellas más que en sí mismo.

El único tema colateral no abordado es el nuevo paradigma científico que supone la física cuántica

El único tema colateral que no ha abordado es el nuevo paradigma científico que supone la física cuántica, cuyas consecuencias en el desarrollo de la inteligencia artificial a través de la supercomputación no son menores. También tiene importantes vínculos con la fe cristiana, por las implicaciones metafísicas de su principio de indeterminismo permiten superar el materialismo, así como por la vinculación entre el entrelazamiento de partículas y la comunión de los santos o la superposición cuántica y la santísima trinidad. Sin embargo, conociendo a León XIV, eso quedará para otro próximo documento.

También te puede interesar