Keir Starmer promete un “cambio radical” en la relación con Europa

Keir Starmer se encuentra como en medio de una de esas pesadillas angustiantes en que te persiguen pero eres incapaz de moverte o de gritar, estás congelado. Los psicólogos dicen que son resultado de la ansiedad o el estrés, de una sensación de impotencia o estancamiento, de que te sientes atrapado en tu vida o no puedes resolver un problema acuciante. La figura que te acecha representa la responsabilidad o el miedo a la decision difícil e incómoda que no sabes como afrontar.

Después de los horrorosos resultados de las elecciones municipales y autonómicas de la semana pasada, el primer ministro británico tiene motivos de sobra para tener miedo por perder su puesto y qué hara con su vida si ello ocurre, de padecer estrés y ansiedad, de sentirse impotente ante la dimension de la crisis económica, social y política del Reino Unido, sin soluciones evidentes, y acorrolado por quienes le quieren arrebatar el trono. Su discurso de hoy, en el contexto de esa pesadilla, ha sido un intento de gritar y de salir corriendo.

Considera básico la disminución de las barreras comerciales y un programa de movilidad juvenil

En una intervención tal vez decisiva para intentar salvar su liderazgo, con los tiburones al acecho y oliendo sangre, Starmer ha dicho que “el cambio progresivo, poco a poco” ya no basta, y que son necesarias medidas mucho más radicales y contundentes en defensa, energía, crecimiento económico y la relación con Europa. Ha querido dar una sensación de urgencia, de que finalmente se ha puesto las pilas.

“La inmigración se ha reducido, también las listas de espera en los hospitales y la pobreza infantil, al tiempo que mi Gobierno ha estabilizado la economía”, señaló en una lista de supuestos logros que los votantes no ven como tales, o no le habrían pegado la estocada sangrienta de las elecciones del jueves pasado, en las que el Labour perdió el poder en Gales por primera vez en un siglo, más de la mitad de los concejales que defendía en Inglaterra y vio como la ultraderecha se ponía a su altura incluso en la colectivista Escocia.

El líder británico no menciona la posibilidad de regresar a la unión aduanera o el Mercado único

Starmer repitió una vez más la historia de lo que él llama sus orígenes de clase obrera (aunque más bien son de clase media con sus momentos de apuro), para apelar a ese antiguo proletariado de norte de Inglaterra que votó por el Brexit y por Boris Johnson, y ahora se ha pasado a la ultraderecha. Pero en su pesadilla política, no solo lo persigue Nigel Farage sino también Zack Polanski, el líder de los Verdes, que tira en la dirección contraria, hacia una política relajada en material de inmigración, más ecologismo y soluciones de izquierda radical como subir los impuestos todo lo que haga falta.

El primer ministro ha prometido lazos más estrechos con la UE, criticando de manera abierta el Brexit. “Vamos a poner a Gran Bretaña en el corazón de Europa, y en la próxima cumbbre europea vamos a marcar un nuevo rumbo¨, dijo. Dio detalles del plan de movilidad juvenil en el que Londres lleva tiempo trabajando sin Bruselas sin ponerse de acuerdo, e insistió en la reducción de las barreras al comercio.

El primer ministro confía en que su grito haya sido oído y los diputados laboristas, al borde del motín, le den una última oportunidad. Pero lleva el gradualismo en la sangre y, aunque hablara de urgencia o de un “cambio radical’ en la relación con Europa, no ha dado un paso decisive como habría sido abogar por el regreso a la union aduanera o el mercado único, aceptar la libertad de movimiento de los trabajadores (como era antes del Brexit), anunciar una reforma a fondo del Estado de bienestar (una de cada cuartroo personas en edad de trabajar vive de los subsidios) o adopter un sistema electoral de representación proporcional. Eso sí habría llamado la atención.

La diputada Catherine West solicita apoyos para desafiar el liderazgo de Starmer

¿Se habrá oído su grito? La diputada Catherine West que había amenazado con desatar hoy mismo un desafío a su liderazgo si el mensaje de Starmer no le parecía convincente, lo ha materializado. West ha enviado un correo electrónico a los diputados del Labour Party para recopilar los nombres de quienes quieren que Keir Starmer dimita.

“Por la presente notifico a Downing Street que estoy recopilando nombres de diputados laboristas para pedir al primer ministro que fije un calendario para la elección de un nuevo líder en septiembre”, afirmó. Y añadió: “He llegado a la conclusión, a mi pesar, de que el discurso de esta mañana fue demasiado poco y demasiado tarde”.

Rafael Ramos

Abogado y periodista. Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.

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