La inteligencia estadounidense reconoce que Irán aun retiene gran parte de sus capacidades militares

En su empeño por vender una victoria al pueblo estadounidense en la guerra de Irán, Donald Trump ha repetido tercamente que el país persa ya ha sido “aniquilado” en el plano militar, por lo que la “victoria total” a nivel estratégico está a la vuelta de la esquina. “No tienen Armada, ni comunicaciones, ni Fuerza Aérea”, dijo hace dos meses, cuando mintió al asegurar que la guerra estaba “prácticamente terminada”. “Ya han disparado todo lo que tenían que disparar”, añadió: “La capacidad de drones y misiles de Irán ha sido completamente destruida, la armada ha desaparecido”.

En cada una de sus intervenciones casi diarias, tanto él como el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, han insistido en esa idea. Pero, después de dos meses y medio de guerra, que ha costado a Washington 29.000 millones de dólares –según la última actualización del Departamento de Defensa–, el régimen de Teherán sigue en pie, con capacidad de atacar buques en el estrecho de Ormuz e instalaciones militares en la región, también por parte de sus milicias aliadas, y con el uranio enriquecido en su poder. Trump no ha logrado, todavía, ninguno de los objetivos estratégicos declarados.

Según una información avanzada el martes por The New York Times, tampoco en los objetivos militares se ha logrado el éxito del que presume el inquilino de la Casa Blanca. El periódico ha tenido acceso a las valoraciones transmitidas por funcionarios a los responsables políticos, en una serie de reuniones clasificadas de inteligencia este mes, en las que se reveló que “Irán ha recuperado el acceso a la mayoría de sus emplazamientos de misiles, lanzaderas e instalaciones subterráneas”.

En concreto, están operativos 30 de los 33 emplazamientos de misiles de Irán alrededor del estrecho de Ormuz. En estas bases, que Teherán utiliza para atacar buques y bloquear la importante vía marítima, quedan todavía alrededor del 70% de las plataformas móviles de lanzamiento de misiles. Además, según al información revelada por el Times, la inteligencia estadounidense calcula que el país conserva en torno al 70% del arsenal de misiles que tenía en su poder antes de la guerra.

Este arsenal incluye misiles balísticos, utilizados para ataques a larga distancia, contra objetivos militares contra aliados o bases estadounidenses en la región, así como misiles de crucero, que suelen emplearse para objetivos a menor distancia, tanto en tierra como en el mar.

Por otro lado, aunque al comienzo de la guerra fueron uno de los objetivos principales de la campaña de bombardeos de EE.UU. e Israel, Irán habría recuperado acceso al 90% de sus instalaciones subterráneas, donde almacena y lanza misiles, alrededor de todo el país.

El Pentágono revela que la guerra en Irán ya ha costado 29.000 millones de dólares a los contribuyentes estadounidenses

La Administración Trump ha justificado su agresión argumentando que Irán estaba cerca de lograr producir la bomba nuclear. El secretario de Defensa, Hegseth, ha afirmado en sus sucesivas ruedas de prensa desde el Pentágono que Irán estaba “construyendo potentes misiles y drones para crear un escudo convencional para sus ambiciones de chantaje nuclear” y que “tenía una pistola convencional en nuestra cabeza mientras intentaba mentir para llegar a una bomba nuclear”.

De este modo, para acabar con la ambición nuclear iraní, EE.UU. se lanzó desde el principio a bombardear las plataformas de lanzamiento de misiles del país. Desde que, al cabo de poco más de una semana, determinó que esas capacidades ya habían sido degradadas, y que Irán ya no representaba una “amenaza”, Washington ha estado presionando al país para que ceda a un acuerdo para desmantelar, o al menos suspender temporalmente, su programa nuclear.

Pero, incluso ante la amenaza de Trump, a través de Truth Social, de cometer un genocidio contra su “civilización” milenaria, Teherán no ha accedido de momento a ninguna concesión nuclear. El conflicto entre los tres países (incluido Israel) se mantiene en un alto el fuego inestable desde hace poco más de un mes. Los intentos de Pakistán, el principal país mediador, por sentar a las partes en una mesa de negociación han fracasado repetidamente. Mientras tanto, Ormuz sigue bloqueado, estrangulando el paso del 20% del petróleo mundial, y la guerra sigue sin dar señales hacia una paz definitiva.

Javier de la Sotilla Puig

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