Xi Jinping lleva a Trump al ombligo sagrado de Pekín

La antigua China no dejaba el orden cósmico en manos de aficionados. Durante dos milenios, el emperador en persona se encargaba de ganarse a los dioses en el Templo del Cielo. Como si sus elaborados rituales anuales fueran los que le dieran cuerda al mundo. Este jueves el presidente chino, Xi Jinping, acompañará al ombligo sagrado de Pekín a su invitado estadounidense, Donald Trump. Y un mundo en vilo puede preguntarse qué darán de sí sus respectivas ofrendas. 

Los dos hombres más poderosos de la Tierra visitarán también el Templo de las Buenas Cosechas, levantado en la misma explanada por la dinastía Ming, hace seiscientos años. En el pasado, el emperador ayunaba tres días en el vecino Pabellón de la Abstinencia, antes de ofrecer sus sacrificios. Es dudoso que Trump haya ayunado, pero por lo menos es abstemio. Así que no debería privarse de rezar para que las cosechas de soja del Medio Oeste vuelvan a los supermercados chinos a tiempo para las elecciones de medio mandato.

El presidente estadounidense debe tener cuidado con lo que desea en voz alta, porque la acústica del lugar es tremenda. No solo para el pabellón auditivo de los dioses, sino también para el de los humanos, mayoritariamente chinos, que abarrotan el lugar para comprobarlo. Sin embargo, el templo y sus doscientas hectáreas de jardín están cerrados al público desde ayer. 

A la espera de Donald Trump y su nutrida comitiva, que se reparte entre los hoteles Four Seasons y Kempinski, a una docena de kilómetros. Pero los dos presidentes podrían dirigirse allí directamente al final de su reunión matutina, en el Gran Palacio del Pueblo, a  diez minutos. 

La misma plaza de Tiananmén bordea la Ciudad Prohibida, donde en 2017 Donald y Melania Trump tomaron el té junto a Xi Jinping y Peng Liyuan. La diplomacia china no deja nada al azar y fue en el Pabellón del Tesoro, construido en 1915 con la colaboración de EE.UU.. 

El simbolismo del Templo del Cielo tampoco es gratuito. El Partido Comunista de China, bajo Xi Jinping, se identifica como heredero natural del orden imperial, basado en la meritocracia y ciertos valores confucianos. 

Hoy sabemos que Xi, en el papel de “emperador filósofo”, dedicó su receso pequinés con Barak Obama a discutir sobre historia y  teoría política más que de políticas concretas. Se admiten apuestas sobre la conversación con Donald Trump.

En el pasado, el emperador sacrificaba allí un buey perfecto. La carne de ternera también está en la lista de Trump. Si de lo que se trata es de acariciar el cielo, ahí está Boeing, que no ha recibido ningún gran pedido de China desde la década pasada. 

Templo de las Buenas Cosechas en Pekín
Templo de las Buenas Cosechas en Pekíncedida

El interior del Templo del Cielo no está abierto a los turistas, para preservar la fragilidad de sus suelos de maderas nobles -que solo pisaban las suelas del emperador- sus jades y sus sedas. Donald Trump hasta podría cerrar los ojos y -espejito, espejito- preguntar quién impera. 

La sonrisa inescrutable de Xi Jinping no le sacará de dudas. La hemeroteca, en cambio, es más cruel. Desde que ambos presidentes se encontraron por última vez, el pasado 30 de octubre en Busan, Corea del Sur, Xi no ha vuelto a salir de China. Para qué, cuando los grandes de este mundo hacen cola para obtener audiencia en la corte de Pekín. Formato preferible para el gobierno chino, que al jugar en casa controla la coreografía -libre de protestas- y difunde su relato. 

La visita del presidente de Estados Unidos es el colofón. Pero en los últimos seis meses, Xi ha recibido a los reyes de España y Tailandia, a los primeros ministros de Reino Unido y Canadá, a los presidentes de Francia y España, al canciller de Alemania, etc. etc.. 

La visita del presidente de Estados Unidos es el colofón pues Xi ha recibido en Pekín en los últimos seis meses a los reyes de España y Tailandia, a los primeros ministros de Reino Unido y Canadá, a los presidentes de Francia y España y al canciller de Alemania

Este miércoles las portadas de la prensa china le daban mucha más importancia a la visita en curso del presidente de Tayikistán que a la de Donald Trump, que aterrizaba por la noche. En cuanto a esta, los portavoces del gobierno chino se remiten al orden cósmico: la cumbre es una apuesta por la estabilidad. O por lo menos, de la búsqueda de esta, en el comercio y las relaciones internacionales. 

De cara al público, China se presenta como la gran defensora del orden multipolar y del Sur Global. Aunque algunos, tanto en Washington como en Pekín, convertirían gustosamente el G20 en un G2. Para el panteón taoísta, además, “Hijo del Cielo” solo hay uno. El resto son reinos tributarios. 

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.

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