La semana pasada, la cumbre de la Comunidad Política Europea (CPE) celebrada en Armenia tuvo un invitado especial. Era Mark Carney, el primer ministro canadiense, que se convirtió en el primer mandatario no europeo en acudir a una reunión de este foro intergubernamental que desde el 2022 reúne a una cincuentena de países del continente.
El liberal Carney, que llegó al poder el año pasado sucediendo al popular Justin Trudeau, ha cultivado rápidamente los afectos de sus socios europeos y gana posiciones para ser visto como un líder capaz de pararle los pies a Trump, pese a ser Canadá un país altamente dependiente de Estados Unidos. Desde que asumió el cargo avisó que iba a plantarle cara porque era necesario “enfrentarse a un matón”. Su discurso en el último Foro de Davos, en enero, despertó gran interés en Bruselas, no solo por su tono claro y constructivo, sino también por su llamamiento a que las “potencias intermedias” unan fuerzas para defender el mundo basado en normas que tanto desprecia el inquilino de la Casa Blanca. “Debemos actuar juntas, porque, si no estamos en la mesa, estamos en el menú”, avisó desde el importante palco suizo.
Pasos inéditos
Canadá es el primer país no europeo en participar en la CPE y en el programa de compras conjuntas de armas
“Canadá tiene una manera de mirar al mundo y de resolver los desafíos que Europa comparte en gran medida”, explicaba un alto diplomático europeo antes de la cumbre de Armenia. “Se parece mucho a Europa en la manera que mira la geopolítica y la seguridad, y comparte los mismos principios de un mundo basado en reglas, anclado en el Derecho internacional y la defensa de este orden a través del multilateralismo con las Naciones Unidas en el centro”, resumía esta misma fuente. Carney ha afianzado esta relación especial, algo que ya se intuía por su currículum inusual para un político. Fue también el primer gobernador del Banco de Inglaterra que no había nacido en el Reino Unido británico, desde donde alertaba contra los riesgos económicos del Brexit. “Europa y Canadá son algo más que socios con ideas afines: juntos estamos construyendo una alianza global para defender la paz, la prosperidad compartida y el multilateralismo”, dijo el presidente del Consejo Europeo, António Costa.
Este flirteo se está traduciendo en actos concretos. No solo por el acuerdo de libre comercio en vigor desde el 2017. También en cooperación militar. Canadá es desde diciembre el primer país no europeo en participar en el programa SAFE, el instrumento de 150.000 millones para apoyar a los Estados miembros que quieren invertir en defensa a través de compras conjuntas. Con este acuerdo, las empresas canadienses pueden participar en los contratos militares europeos y acceder a financiación preferente para desarrollar y suministrar equipos de defensa, algo importante en un momento en que Ottawa se encuentra inmerso en un profundo proceso de rearme para reducir su dependencia de Estados Unidos. Carney se ha comprometido a invertir el 5% de su PIB en defensa y seguridad para el año 2035.

Canadá también está alineado con la UE en la defensa de Ucrania frente a la invasión rusa y el lunes la bandera canadiense estaba impresa al lado de la europea y la ucraniana en un encuentro de la coalición internacional para el retorno de los niños ucranianos, que Canadá organizó junto a la UE y Kyiv. Mientras los Veintisiete sancionaban a otras 16 personas y 7 entidades vinculadas con el secuestro de niños ucranianos al principio de la guerra, la ministra de Exteriores canadiense, Anita Anand, anunció que Canadá impondrá sanciones adicionales contra 23 personas y cinco entidades implicadas en abusos contra niños ucranianos.
La ministra canadiense explicó durante la rueda de prensa que la guerra ucraniana es una de las prioridades de Canadá en política exterior y que el país es un firme defensor de la “integridad territorial y de los principios de soberanía”. Un posible dardo a Trump, quien sorprendió al mundo cuando dijo que Canadá, su vecino y aliado más cercano, debería pasar a ser el 51º Estado de Estados Unidos, en la que fue una amenaza anterior a sus últimas pretensiones de hacerse con Groenlandia.
“Hoy, Canadá es el más europeo de todos los países no europeos del mundo. Y, en medio del caos que reina en el mundo, Canadá y la UE pueden constituir una fuerza estabilizadora en materia de política exterior y comercio”, aseguró la alta representante de Asuntos Exteriores de la UE, Kaja Kallas, el lunes antes de celebrar la conferencia para el retorno de los niños ucranianos.
Hay quien está yendo más lejos. El ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot —siempre muy expresivo—, lanzó en marzo la idea de que Canadá pueda unirse en un futuro a la UE, hablando del atractivo que suscita el bloque comunitario ahora que Islandia está meditando solicitar formalmente la adhesión. También el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, le sugirió a Carney durante una sesión de running que “debería pensarse” si unirse al club de los Veintisiete.
¿El 28º Estado miembro?
El ministro francés de Exteriores y el presidente de Finlandia sugieren que Canadá debería unirse a la UE
Aunque no hay ningún acercamiento que haga pensar que esta posibilidad sea algo más que unas declaraciones esperanzadas de algunos políticos afines, la idea gusta a ambos lados del Atlántico. Un sondeo del 2025 de YouGov Canada indicaba que el 42% de los canadienses estaban a favor de que el país se convirtiese en el 28º Estado miembro de la UE, un apoyo parecido al que tendría la idea en Francia (42%), Alemania (55%), Italia (41%), Polonia (46%) y España (51%).
El exsecretario general de la OTAN Anders Fogh Rasmussen ha tenido otra ocurrencia: una nueva alianza de naciones democráticas capaces de hacer frente a Estados Unidos si fuera necesario, también frente a su coerción económica mediante los aranceles. Se llamaría “D7” (D, por Democracia) e incluiría a la UE, Reino Unido, Japón, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur. De momento, ni la UE ni Canadá han comentado esta propuesta.

