El Labour abre las puertas a Andy Burnham para evitar una ‘guerra civil’

El Partido Laborista es una cruzada moral o no es nada, dijo el ex primer ministro británico Harold Wilson en la conferencia de la formación de 1962. Pero, con la desaparición progresiva de la clase obrera debido a la desindustrialización, y hartos de perder dos de cada tres elecciones ante los conservadores, Tony Blair decidió que ya estaba bien de romanticismo y que solo se gana desde el centro. Así nació la tercera vía.

Ahora el laborismo no sabe lo que es, porque los votantes se han hartado de centrismo y –exacerbados por las redes sociales– piden soluciones radicales al encarecimiento de la vida y el deterioro de los servicios públicos. Y en ese contexto de irritación masiva han sido aplastados en las últimas municipales y autonómicas, y la posición del primer ministro Keir Starmer se ha vuelto insostenible.

Burnham intentará regresar a los Comunes ganando un escaño en territorio de la ultraderecha

Más aún ayer tras la dimisión de su ministro de Sanidad, Wes Streeting, con una denuncia implacable de la “falta de liderazgo”, y de que un diputado laborista por el noroeste de Inglaterra anunciara que renuncia a su escaño para facilitar el regreso a los Comunes del Andy Burnham, el alcalde de Manchester.

Burnham es la gran esperanza del laborismo para frenar a la ultraderecha, porque su índice de aprobación es con diferencia el más elevado de cualquier figura política del país, no genera la animadversión de Nigel Farage, el odio de Starmer o la indiferencia de la conservadora Kemi Badenoch, y se considera que ha hecho una buena gestión en esa ciudad.

Para aspirar al liderazgo, Burnham necesita tener un escaño en el Parlamento, y se le han abierto las puertas en Makerfield (Wigan). Aunque primero tiene que ganarlo, en un terreno donde Reform UK (el partido de Farage) obtuvo el 45% de los votos en las recientes elecciones locales, y en su día votó masivamente a favor del Brexit. Es imposible darlo por hecho, pero el distrito forma parte del Gran Menchester, el territorio del apodado “rey del norte”.

Burnham ya intentó hace unos meses disputar el escaño vacante por Gorton and Denton (que eventualmente conquistó Reforma), pero la Ejecutiva del Labour impidió que se presentara bajo instrucciones de Starmer, que (con razón) temía un intento de arrebatarle el poder. Ahora carece de la autoridad para repetir la jugada, y ayer Downing Street dio la luz verde a la operación.

Para evitar la guerra civil , las distintas familias del laborismo (ideólogos socialistas, sindicalistas, profesionales liberales de clase media, lo que queda de la clase obrera, nacionalistas ingleses socialmente conservadores) se han puesto de acuerdo en tres cosas: Starmer tiene que marcharse, Burnham ha de disputar el liderazgo, y ahora mismo no es el momento de una batalla a múltiples bandas por la sucesión, sin un candidato de consenso que parezca capaz de derrotar a Farage.

Solo falta que Starmer –hasta el momento desafiante– juegue el papel que le han asignado y establezca un calendario para su salida, una vez que el alcalde de Manchester esté en los Comunes. También es posible que se niegue a la coronación de su rival, decida intentar salvar su liderazgo, y la pugna se convierta en un duelo a tres (o más) entre él, Burnham y Wes Streeting como representante del ala derecha. La ex viceprimera ministra Angela Rayner ha sido exonerada de defraudar a Hacienda, y el secretario de Estado para las Fuerzas Armadas, Al Carns (exmarine que el pasado verano conquistó el Everest), es una figura emergente y con ambición. Aún siguen abiertos múltiples escenarios posibles.

En el trasfondo, y corrientes ideológicas al margen, hay una lucha por el control del Labour entre los sindicatos, que siguen siendo sus principales financiadores y de los que nació como brazo político, y los mecenas privados que lo prefieren en su versión actual, como un partido de centro izquierda afín al mundo de los negocios y que no perjudique los intereses del establishment.

El primer ministro no bloqueará el camino al alcalde de Manchester, pero podría luchar por conservar su puesto

El día en Londres empezó con el cielo político y el de verdad nublados, a la una cayó una granizada coincidiendo con el anuncio de la dimisión de Streeting y las especulaciones sobre si tenía las 81 firmas necesarias para disputar el liderazgo a Starmer, a la hora de comer la temperatura en el Labour alcanzó las cotas de la de Écija o Córdoba en verano, cuando se puede freír un huevo en el asfalto, y ya por la tarde sopló un viento refrescante tras la aparición de una vía de entrada para Andy Burnham en los Comunes, y la decisión de Downing Street de no impedírselo.

A la espera de un desenlace, sigue Starmer, aunque sea moribundo y conectado a un respirador artificial y sin que una cruzada moral le interese lo más mínimo.

Rafael Ramos

Abogado y periodista. Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.

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