Dos adolescentes se suicidan tras dejar tres muertos en el Centro Islámico de San Diego

Las programaciones de las televisiones en Estados Unidos se vieron interrumpidas una vez más por las novedades en el frente de la epidemia de las armas, esa enfermedad tan propia de este país. En un momento de alta sensibilidad, esta vez la tragedia se registró en el Centro Islámico de San Diego, el más grande en esta ciudad del sur de California, de 1,4 millones de residentes.

Dos presuntos pistoleros adolescentes, de 19 y 17 años, se suicidaron supuestamente en el interior del vehículo en el que huyeron tras dejar tres adultos muertos en ese recinto religioso y escuela del barrio de Clairemont. Una de las víctimas mortales fue el guardia de seguridad, que trató de frenar a los atacantes. “Ha sido una gran ayuda para que esto no fuera todavía mucho peor”, remarcó Scott Wahl, jefe de la policía local.

“Dado este sitio, estamos considerando este caso como un crimen de odio hasta que se demuestre lo contrario”, recalcó Wahl, “Vamos a trabajar estrechamente con el FBI para asegurarnos de contar con todos los recursos necesarios para esta investigación”, insistió en una primera rueda de prensa, cuando todavía no quiso pronunciarse sobre la identidad de los presuntos autores y su motivación.

Sí trascendió que los investigadores recuperaron escritos anti islámicos en el automóvil de los pistoleros, reconocieron fuentes policiales. Antes del tiroteo, uno de los dos sospechosos cogió un arma de fuego de la casa de sus padres y dejó una nota de suicidio. Las palabras “discurso de odio” estaban escritas en una de las armas utilizadas.

Poco antes de esa comparecencia, en la que el alcalde Todd Gloria dijo que “el odio no tiene cabida en San Diego”, el imán y presidente del Centro Islámico, Taha Hassane, emitió un comunicado en el que trató de ofrecer calma en medio del caos al señalar que maestros, estudiantes y otros miembros del personal escolar se encontraban a salvo. “No hay ninguna amenaza en este momento, pero queremos que todos se mantengan alejados de este lugar”, suplicó.

“Esta es la peor pesadilla para cualquier comunidad”, se arrancó Wahl al ofrecer la información preliminar. “Lo dos sospechosos están muertos, todos los chicos están bien”, prosiguió.

Según su relato, sobre las 11,43 de la mañana (horario de la costa oeste), recibieron una llamada de que había un tiroteo en el Centro Islámico. Los agentes llegaron a ese recinto en escasos cuatro minutos y en la escena observaron que había tres muertos en la parte delantera.

De inmediato entraros los agentes, que llegaron a ser hasta un centenar rápidamente, para revisar las instalaciones, habitación por habitación. No había rastro de los presuntos agresores y, de inmediato, los agentes comenzaron a recibir llamadas en las que se les informaba de disparos a un par de manzanas de distancia. Un jardinero que estaba trabajando en esa zona pareció ser la diana de esas balas, pero milagrosamente, subrayó Wahl, no resultó herido.

El jefe indicó que, momentos después, los policías fueron requeridos en otra dirección. Ahí había un coche parado en medio de la calle. En su interior se encontraban los sospechosos. Ambos parecían haber muerto por heridas de bala autoinfligidas y añadió Wahl la creencia de los investigadores de que ningún uniformado disparó su arma.

“Las circunstancias que llevaron a esto, y los detalles de lo que ocurrió exactamente y en qué momento sucedió, se conocerán en los próximos días”, reiteró. Todo quedó grabado en las cámaras de seguridad del recinto.

“Ninguna comunidad debe pasar por esto, pero vamos a trabajar sin descanso hasta que sepamos la verdad”, intervino Mark Remily, agente especial del FBI. “Rogamos vuestra paciencia para determinar los motivos y los hechos asociados con el tirotero”, solicitó. Y recordó a los ciudadanos que cualquier detalle que puedan aportar, aunque parezca menor, será de ayuda en estas pesquisas.

“Quiero garantizar a la comunidad musulmana que vamos a hacer todo lo posible para garantizar que os sentís seguros en esta ciudad, no vamos a ahorrar recursos para que nuestras instituciones religiosas y sus localizaciones está protegidas”, prometió el alcalde Gloria.

El imán Taha Hassane también compareció ante los medios para agradecer las muestras de apoyo y la solidaridad con los otros grupo islámicos de la ciudad e internacionales que se habían dirigido a ellos interesándose por esta tragedia. “Es extremadamente indignante atacar a un lugar de culto”, lamentó.

“Nuestro Centro Islámico es un lugar de culto. La gente viene para rezar, celebrar y aprender, no solo musulmanes, sino personas de todos los ámbitos de la vida”, aclaró el imán. “Esta mañana mismo vino un grupo de personas que quería saber cosas sobre nuestra fe y nuestra cultura”, añadió. 

El Consejo de Relaciones Estadounidenses-Islámica (CAIR) condenó el tiroteo y señaló que el ataque ocurrió en medio de un aumento de denuncias por prejuicios y discriminación contra los musulmanes. “Nadie debería temer por su seguridad mientras asiste a oraciones o estudia en una escuela primaria”, remarcó en un comunicado Tazheen Nizam, directora ejecutiva de CAIR en San Diego.

Francesc Peiron Arques

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