Bruselas rebaja las previsiones de la economía europea por la guerra de Irán pero España esquiva el golpe

La guerra de Irán y la crisis energética derivada del cierre del estrecho de Ormuz ya se notan en los bolsillos de los ciudadanos europeos. La Comisión Europea ha rebajado las previsiones económicas de la eurozona de esta primavera en tres décimas, del 1,2% al 0,9% para este año, mientras la inflación se eleva del 1,9% al 3% debido a los altos precios del combustible. Es algo que el comisario de Economía, Valdis Dombrovskis, ya venía avisando: el riesgo de un escenario de “estanflación”, con bajo crecimiento e inflación alta, con los precios del consumo por las nubes. 

España resiste a los malos números y sigue siendo el país que más crece entre las grandes potencias de la UE, que en su conjunto aumentará un 1,1%. Bruselas considera que la expansión de la economía española es robusta, y hasta realiza una ligera revisión al alza del cuadro del 2026 debido a un “fuerte efecto arrastre” del año anterior. Si en otoño la Comisión calculaba que España crecería un 2,3% este año, en las previsiones económicas de primavera indica que lo hará un 2,4%, impulsada principalmente por “el crecimiento del consumo privado y de la inversión”. Según las previsiones actuales, este crecimiento se frenará al 1,9% en el 2027.

Riesgo de “estanflación”

La inflación crece en toda Europa por el impacto de los precios de la energía

Sin embargo, la inflación española se ha revisado significativamente al alza, en un punto porcentual, del 2 al 3%, como ha sucedido en el resto de países europeos por el impacto del conflicto en Oriente Medio. La guerra y las medidas adoptadas en marzo para mitigar sus efectos, como las reducciones del IVA en energía y ayudas a sectores electro-intensivo, han hecho que las previsiones del déficit público aumenten del 2,1 al 2,4% del PIB, mientras la previsión actual sitúa la deuda en el 99,6% del PIB en 2026, logrando bajar del umbral del 100% pedido por primera vez desde el 2019.

“A pesar del incierto entorno geopolítico y el lastre ejercido por los elevados precios de la energía, la actividad económica se mantendrá relativamente boyante en 2026”, se lee en el documento comunitario, que destaca también el crecimiento del empleo en un 2,3% —frente al 1,9 calculado en otoño— por los “fuertes efectos de arrastre positivos” del crecimiento del empleo pasado. Fuentes comunitarias señalan que, con la diversificación energética española y el crecimiento fuerte que arrastraba, España “tiene una posición privilegiada a la hora de lidiar con el conflicto”.

España sigue con un paro muy elevado, pero se espera que la tasa de desempleo baje al 9,9% este año, por debajo del 10% por primera vez desde el 2008. Entre los principales riesgos a los que se enfrenta la economía española en el caso de que la crisis de Ormuz se alargue, Bruselas señala al turismo y a su afectación por los precios de la energía, ya que ve un “posible debilitamiento de la actividad turística, que afectaría especialmente a las llegadas desde destinos de larga distancia por los mayores costes de viaje”. 

Aunque Polonia goza de un panorama similar a los plácidos números españoles, son excepciones dentro de una economía europea que ya presentaba signos de fatiga y que ahora se ve lastrada por los precios de la energía. El crecimiento español es mucho mayor que el proyectado para Alemania (0,6%), Francia (0,8%) o Italia (0,5%), los tres principales mercados del bloque comunitario.  De hecho, las previsiones para la locomotora alemana se han rebajado en seis décimas por el choque energético, ahondando la crisis que ya vivía Berlín por la lenta recuperación tras la pandemia y la debilidad en las exportaciones por la competencia china y los aranceles estadounidenses.

Golpe a la locomotora

Los precios de la energía ahondan la crisis en la economía alemana, afectada por la competencia china y los aranceles

Los números actuales son, no obstante, menos drásticos que los vaticinados por Dombrovskis, quien había preparado a los gobiernos europeos para un crecimiento reducido en hasta un 0,6%. Según indica el documento comunitario, la situación actual es diferente respecto a la última crisis energética con la guerra de Ucrania, ya que ahora “se transmite a través de materias primas energéticas comercializadas mundialmente” y por lo tanto, “se distribuye de forma más equilibrada en toda la economía mundial, a diferencia del choque de 2022, que fue provocado por la restricción del suministro de gas ruso por tubería”. El crecimiento calculado para la zona euro para el 2027 será del 1,2%, del 1,4% para toda la UE. 

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“La inversión de la UE en la resiliencia energética, especialmente tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, está dando sus frutos”, indica Bruselas. La lectura es que el impulso “hacia la diversificación del suministro, la descarbonización y la reducción del consumo energético” ha situado a la economía de la UE en una mejor posición para absorber la crisis actual. 

El comisario de Economía de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis
El comisario de Economía de la Comisión Europea, Valdis DombrovskisOLIVIER HOSLET / EFE

El principal riesgo para la economía europea es que el conflicto de Oriente Medio se prolongue. Aunque existe un frágil alto el fuego entre EE.UU. e Irán, el estrecho de Ormuz sigue prácticamente cerrado y todos estos cálculos se refieren al periodo de finales de abril, con lo que los datos podrían ser mucho peores. Ante esta incertidumbre, Bruselas ha optado por elaborar un escenario alternativo basado en el peor de los casos, es decir, que el bloqueo del estrecho se alargue, en el que los precios de la energía alcanzarían su máximo a finales de 2026 y solo volverían gradualmente a los niveles de referencia a finales de 2027. En este caso, las previsiones de crecimiento para este año y el próximo se reducirían aproximadamente a la mitad, ha señalado el comisario letón. “Los riesgos están claramente a la baja, hay una ventana para la normalización”, ha apuntado.

Anna Buj Cussó

Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).

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