David Sánchez, ¿culpable o inocente de un enchufe?

Faltar al trabajo no es delito”. Fueron las primeras palabras que pronunció Emilio Cortés, el abogado de David Sánchez, al arrancar el juicio contra el hermano del presidente del Gobierno en la Audiencia de Badajoz el pasado 28 de mayo.

David Sánchez se ha sentado en el banquillo durante dos semanas acusado de los presuntos delitos de prevaricación y tráfico de influencias por las circunstancias que rodean su contratación en la Diputación de Badajoz como coordinador de los conservatorios de música en el año 2017, por su presunto absentismo laboral, por el supuesto cambio a su medida en las condiciones de empleo para favorecerle y por la posterior contratación, también en la Diputación, de su amigo Luis Carrero.

El juicio empezó bien para los acusados, pero se fue torciendo a medida que avanzaba la vista oral

También ha sido procesados el expresidente de la Diputación de Badajoz y ex secretario general del PSOE extremeño Miguel Ángel Gallardo y otras nueve personas. La fiscal no acusa y se sumó a las filas de las defensas para pedir la absolución de todos los imputados. Pero las siete acusaciones populares insistieron en que la conducta de David Sánchez en relación con ese empleo fue ilícita y piden para él hasta seis años de cárcel.

El juicio quedó visto para sentencia el pasado martes, y el tribunal trabaja ya en la elaboración del fallo, que podría ver la luz antes de las vacaciones de verano. ¿Cómo acabará este mediático proceso? ¿Será absuelto David Sánchez, como pide su defensa, o condenado, como demandan las acusaciones populares lideradas por Manos Limpias?

La defensa sostiene que para que haya tráfico de influencias “debe hacer un influyente”

Es difícil dar una respuesta, porque el proceso ha vivido momentos en que parecía inclinarse a favor de David Sánchez y otros en que ocurría todo lo contrario. Las cosas empezaron bien para el hermano del presidente. Su letrado pidió en la primera sesión que se retirase por prescripción una prevaricación leve consistente en haber aceptado el cargo.

El tribunal dio por buena esa alegación y dio por bueno que si David Sánchez cometió ese delito al firmar su nombramiento como coordinador de los conservatorios de Badajoz en el 2017 ya está prescrito y por tanto no puede juzgarse.

Los aires siguieron siendo favorables para el acusado con las declaraciones de los primeros testigos. Los directores de los dos conservatorios de Badajoz, el superior y el profesional, aseguraron que David Sánchez cumplió con sus obligaciones durante su permanencia en el área de Cultura de la Diputación pacense entre mayo del 2017 y el 2025.

Otros testigos, también empleados de la Diputación, corroboraron durante los primeros días del juicio el buen hacer de David Sánchez en su puesto de trabajo. Relataron que dirigió la orquesta en cinco ocasiones y que “eso es mucho trabajo”, sin que las acusaciones pudieran desacreditar esas manifestaciones. También subió a testificar uno de los rivales de David Sánchez en el concurso para acceder a la plaza de coordinador de conservatorios, quien consideró justo que se optase por el hermano del presidente para el puesto. El testigo trabaja ahora en la Diputación de Badajoz.

Solo hubo una pequeña sombra entre esos testimonios elogiosos. A David Sánchez se le acusa también de haber influido para que en el año 2022 se cambiara su puesto de trabajo. Así, pasó de ser coordinador de los conservatorios a convertirse en director de la Oficina de Artes Escénicas. Las acusaciones ­creen que esa modificación en el empleo de Sánchez se realizó para eliminar la incompatibilidad y permitirle así realizar otras actividades por cuenta propia fuera del marco de la Diputación. Solo uno de los muchos testigos supo definir qué es la Oficina de Artes Escénicas. Las acusaciones vieron un talón de Aquiles en la falta de concreción sobre esa entidad.

A mitad de la segunda semana de juicio, las cosas empezaron a torcerse para las defensas con la declaración de otra de las rivales de David Sánchez para el puesto de coordinador de conservatorios. La testigo explicó que el director del conservatorio de Plasencia le dijo tres días antes de las entrevistas para el trabajo que la plaza ya “estaba dada y era para el hermano de Pedro Sánchez”.

A esa declaración se sumó la de un exdiputado de Podemos en la Asamblea extremeña, quien relató que vio “raras” las bases del concurso y lo denunció en una rueda de prensa. Además, el empleado de una inmobiliaria explicó que David Sánchez le contactó días antes de la entrevista y le dijo que se iba a vivir a Badajoz. Para las acusaciones, este testimonio acreditaría que el hermano del presidente del Gobierno ya sabía que la plaza era para él.

Pero el peor momento del juicio para el principal acusado llegó con la declaración del teniente coronel de la unidad central operativa de la Guardia Civil Antonio Balas, quien leyó varios correos incautados durante las investigaciones que, a su juicio y al de las acusaciones, prueban que Gallardo creó a dedo la plaza para David Sánchez.

En la penúltima sesión, su defensa perdió la baza de la prescripción que había ganado los primeros días, pues el tribunal aceptó imputar a los acusados un nuevo delito de prevaricación por la aceptación del puesto que no estaría prescrito y que conlleva una pena de hasta seis años de cárcel. Además, los jueces permitieron el visionado de la declaración de David Sánchez durante la instrucción.

Con todo, su letrado insiste en que para que haya tráfico de influencias debe haber un “influyente” y esa persona no ha aparecido durante el juicio. Cortés solicita la absolución en este proceso en el que lo que se juzga es un presunto enchufe.

Leonor Mayor Ortega

Licenciada en Derecho (UB) y en Periodismo (URL). Graduada en Estudios Literarios (UB). Máster AGT (Esade). Redactora de Cultura de La Vanguardia

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