
León XIV ha desplegado en España un programa religioso, social y político que hubiera querido llevar a cabo su antecesor. De hecho, el viaje, con una agenda muy parecida a la de Prevost, se planificó en la etapa de Francisco, pero la salud no acompañó al papa Bergoglio en los últimos años de su vida para llevarlo a cabo. Esta es la intrahistoria del viaje papal recién concluido, que arranca una noche lluviosa de hace más de una década.
El 15 de diciembre del 2014 hubo tormentas en Roma desde la tarde. Por la noche, un sacerdote español que trabajaba en la Secretaría de Estado de la Santa Sede regresaba a Santa Marta, una casa en el centro de la Ciudad del Vaticano conocida por ser la residencia que eligió el papa Francisco durante su pontificado. Acompañaba al sacerdote un catalán que construye puentes discretamente y que ha aceptado contar a este diario cómo se gestó el viaje. La cena se había alargado y, como llovía, ofreció a su amigo sacerdote acercarle al Vaticano. Frente a Santa Marta, tuvieron un último momento de conversación.
–¿Estás seguro de que entonces aceptaría?, le preguntó.
–Sin duda, dijo el religioso.
Durante la cena, habían hablado del motivo por el que el papa Francisco no visitaba España. El sacerdote había sido muy claro: “Solo le ofrecen programas estrictamente religiosos. En cambio, aceptaría encantado un viaje que aunara una dimensión religiosa, política y social”.
Tres semanas antes de esa cena en Roma, Francisco había hablado ante el Parlamento Europeo, en Estrasburgo. Era un acto de este estilo lo que quería incorporar en su agenda en España, además de algún elemento social. La invitación para el viaje apostólico la habían formulado tanto el rey Felipe, en junio del 2014, en su primer viaje internacional tras el relevo en la Corona, como, unos meses antes, en abril del 2013, el entonces presidente Mariano Rajoy. Pero era un programa estrictamente religioso. España invitaba al Papa a participar en los actos del quinto aniversario del nacimiento de Santa Teresa –marzo del 2015–. En enero de ese año, la Secretaría de Estado vaticana comunicó que no asistiría. En España no se entendía.
Prevost se encontró con un programa que encajaba bien con el perfil que quiere dar a su pontificado
Pero Francisco quería que la Iglesia se viera en su dimensión completa: religiosa, social, cultural y política, explica la citada fuente. Unos meses después, en septiembre del 2015, intervino en una sesión en la Cámara de Representantes del Capitolio de Washington, en un discurso emocionante en el que les instó a abolir la pena de muerte y también subrayó la importancia de acoger a los inmigrantes.
En los años siguientes, tampoco fue posible agendar el viaje. En octubre del 2020, el año de la pandemia, el presidente Pedro Sánchez acudió al Vaticano e invitó al Papa “cuando buenamente sea posible”. En siete años no fue posible. Pero en el 2022 el nudo se deshizo.
El 25 de marzo de ese año, la fuente mencionada acudió a una cita en la embajada de España ante la Santa Sede. Había cambiado de titular –era ya Isabel Celáa, que sigue en el cargo–, y se quería saber su parecer sobre algunas cuestiones. La nueva jefatura de misión escuchó sugerencias sobre los temas que podían conformar la agenda bilateral España-Vaticano durante su mandato. Cuando al final llegó la pregunta sobre el motivo por el que el Papa no visitaba España, él reprodujo la conversación en el 2014 con aquel sacerdote español, sin citar su nombre.
–Quiere hablar ante las Cortes, como hizo en noviembre del 2014 en el Parlamento Europeo, pero también visitar un dispositivo para migrantes en Andalucía o Canarias. Y, obviamente, algo de contenido religioso.
“Creo que esto se puede hacer sin problema”, dijo. La maquinaria se puso en marcha, y se aceptó la propuesta de Francisco. ¿Qué había cambiado?
En la etapa de Rajoy, se había aceptado incluir en la agenda papal un acto relacionado con la inmigración, en Tarifa, en la zona entonces caliente del estrecho de Gibraltar, pero nada de hablar ante las Cortes. Esa misma mediación ante la embajada se había hecho con los predecesores de Celáa, relata la citada fuente, pero eran excelentes funcionarios, con la confianza del gobierno, pero sin la capacidad de influencia política de Celáa, que entre otros cargos institucionales fue ministra y portavoz del gobierno.
Un viaje papal no se improvisa. Una vez se tiene la aceptación se trabaja en fases, preparando la agenda. Hubo un momento en que todo parecía estar encarrilado. El presidente Pedro Sánchez, en su segunda visita al Vaticano, en octubre del 2024, anunció que había invitado al Papa a viajar a las islas Canarias con una agenda centrada en la inmigración. Pero la salud de Francisco no acompañaba.
El viaje a España se planificó en los años del papa Francisco, pero al final la salud no le acompañó
Jorge Bergoglio padecía problemas respiratorios desde su juventud y en los últimos años de su vida, en particular desde el 2023 hasta su fallecimiento en abril del 2025, además de las dificultades respiratorias –neumonía, bronquitis–, se enfrentó a otras enfermedades, entre estas una insuficiencia renal, sumada al dolor ciático crónico que sufría y artrosis en la rodilla derecha, dolencias que le obligaron a retrasar o cancelar algunos actos de su agenda y viajes. Y también frustraron su deseo de venir a España.
Su sucesor, León XIV, ha encajado en su agenda del primer año –fue elegido en mayo del 2025– una propuesta de viaje que se ajusta al perfil que quiere dar a su pontificado. Robert Francis Prevost conocía ya España, además, país que había visitado en diversas ocasiones como prior general de los agustinos. Todo fue sobre ruedas.

