Irán apunta hacia la escalada: amenaza a los países del Golfo y perfila objetivos en Europa

Donald Trump inició la guerra de Irán convencido de que el régimen de los ayatolás caería en pocos días. Cuando se evidenció que eso no sería posible, el presidente estadounidense intentó vender otra idea: la ofensiva había servido para dar paso a un nuevo liderazgo iraní “menos radical y mucho más razonable”, con el que se podía llegar a acuerdos.

Pero en realidad ha sucedido todo lo contrario.

La guerra –que en breve cumplirá seis meses– ha propiciado el ascenso de los sectores más intransigentes de la república islámica. Prueba de ello es la reorganización de la cúpula de seguridad acometida la semana pasada en nombre del líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, que otorga un gran poder a figuras como Mohsen Rezai y Hossein Taeb, militares veteranos partidarios de la línea dura.

Los analistas creen que Irán ha abrazado una doctrina ofensiva y que ahora quiere apostar por la confrontación con EE.UU., ya que el régimen piensa que de esa manera puede obtener mayores concesiones por parte de su enemigo. De hecho, el Wall Street Journal aseguraba el pasado lunes que Teherán ha aprovechado la extensión del (fallido) alto el fuego con Washington para rearmarse, con vistas a una escalada del conflicto.

A esa posible intensificación de las hostilidades ha aludido hoy abiertamente el jefe del Estado Mayor iraní, el general Ali Abdollahi, quien, a través de un mensaje en la red social X, ha amenazado con represalias a los países del Golfo que presten ayuda militar a EE.UU. “Deben saber que nada escapa a nuestra atención”, ha afirmado este alto mando. “Cualquier asistencia proporcionada al ejército estadounidense agresor se considerará participación junto a las fuerzas estadounidenses”, ha agregado.

Irán ha lanzado esta advertencia pocas horas después de que Emiratos Árabes Unidos anunciara la suspensión de todas las transacciones comerciales y financieras con el país persa. Una medida drástica adoptada “en vistas de las escaladas regionales que socavan la paz y la seguridad”, según palabras de un portavoz del Ministerio de Exteriores emiratí.

En los últimos días, la petromonarquía –que es aliada tanto de EE.UU. como de Israel– ha acusado a Teherán de atacar a varios de sus petroleros en el estrecho de Ormuz, y ayer denunció que dos supuestos misiles balísticos iraníes habían caído al mar tras errar el tiro.

El bloqueo recién anunciado puede suponer un duro golpe para Teherán, que en los últimos años ha tejido estrechas relaciones económicas con Emiratos que le han permitido aliviar el efecto de las sanciones internacionales. Este castigo también amenaza con añadir todavía más inestabilidad a la región en un momento plagado de incertidumbre. El pasado lunes venció el plazo de negociación establecido en el memorándum de entendimiento para llegar a un acuerdo de paz definitivo entre EE.UU. e Irán, y la situación sigue encallada en todos los frentes.

El principal obstáculo es Ormuz. Teherán se niega en redondo a volver al escenario prebélico: insiste en que se ha ganado el derecho a seguir controlando esta estratégica vía marítima y su única concesión es repartirse la gestión con Omán. Frente a este inmovilismo, Trump ha amenazado con bombardear Omán –pese a tratarse de un fiel aliado de Washington– y ha declarado el estrecho “nuevo territorio de EE.UU.”.

Este desacuerdo sienta las bases para la temida escalada. Y si esta finalmente se produce, la guerra podría acabar extendiéndose a Europa. Al menos, es lo que asegura el Financial Times. Según dos fuentes internas del régimen iraní a las que ha tenido acceso el diario, Teherán contempla la opción de atacar activos militares estadounidenses ubicados en el sureste europeo en caso de que Washington decida intensificar el conflicto.

De acuerdo con estas fuentes, un posible objetivo sería Bulgaria, que el mes pasado aprobó el uso de la base aérea de Bezmer para el reabastecimiento de combustible de aviones estadounidenses. Teherán ya lleva semanas amenazando a Sofía de posibles represalias por su colaboración con EE.UU., pero el Gobierno búlgaro ha intentado quitarle hierro a las advertencias. Otro país que estaría en la diana de Irán sería Chipre, que en marzo ya vio cómo un dron impactaba contra la base británica de Akrotiri.

Lo cierto es que el régimen iraní tiene sobradas capacidades para ejecutar sus planes, ya que en su arsenal dispone de misiles balísticos con un alcance de hasta 2.000 kilómetros –la distancia que hay entre Irán y Bulgaria–, así como de drones que pueden recorrer 4.000 kilómetros –ahí entrarían Barcelona, Londres o París–.

Otra cuestión es que Irán esté dispuesto a pagar el precio de un ataque contra Europa: la OTAN ya ha dicho que está preparada para responder. Pero los analistas avisan: el nuevo régimen no le tiene miedo al riesgo.

Daniel Rodríguez Caruncho

Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.

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