Políticos de Estado

Aunque cada vez es más habitual escuchar la expresión “los tiempos están cambiando”, lo cierto es que los tiempos siempre cambian. Sin embargo, en algunos momentos lo percibimos con mayor facilidad. El cambio, por naturaleza, inquieta­. La aparición de las nuevas tecnologías nos lleva a experimentarlo a diario, a velocidad de vértigo, sin tiempo a procesarlo. No saber qué pensar sobre cuanto acontece es lo más común, aunque las redes sociales contribuyan a que todos opinemos sobre todo.

Las respuestas que hasta ahora dábamos a episodios como los vividos en el último mes han quedado obsoletas. El escenario de los incendios de nuevas características que han proliferado en el sur de Europa. Las lluvias torrenciales y otros fenómenos meteorológicos cada vez más habituales e impropios de nuestras latitudes. Las guerras, con motivaciones iniciales a menudo incomprensibles, que no tienen fin, tan solo cambios de intensidad. Sucesos como el de Ceuta, que desbordan el concepto de crisis migratoria o humanitaria, para convertirse en crisis sanitarias, diplomáticas, geopolíticas o institucionales, con la mirada atónita de gobiernos y organismos internacionales.

La continuación de la historia será tan buena o tan mala como nosotros queramos

Ante estos episodios, los dirigentes de extrema derecha ofrecen respuestas expeditivas y simples. Soluciones que tienen adeptos porque la falta de certezas aterra, mientras que tener minicreencias de todo, reconforta. Soluciones que, sin embargo, tienen un alcance limitado porque pretenden bloquear el cambio.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, en un viaje a Turquía.
El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, en un viaje a Turquía.Cuenta oficial de X de Volodimir Zelenski / EFE

Hay otro tipo de dirigentes, aquellos que cuando todo carece de sentido, saben leer el momento e interpretarlo para sus contemporáneos. Son algo más que líderes políticos. Steven B. Smith los define como hombres y mujeres con sentido de Estado en su reciente ensayo On statesmanship . Incluye entre sus ejemplos a Abraham Lincoln, Charles de Gaulle, Winston
Churchill, Václav Havel, Nelson Mandela, Martin Luther King, Margaret Thatcher o Indira Gandhi. Y un único dirigente actual, Volodímir Zelenski. Las clasificaciones siempre son difíciles y algunos no superarían una crítica rigurosa. De su enfoque, sin embargo, lo importante son las características que propone.

Un hombre de Estado es un educador que lidera a través del lenguaje. Un inconformista con capacidad de persuasión, valentía­ y una narrativa capaz de moldear la identidad nacional a través de la historia y de una visión cívica y moral.

Para evitar dar respuestas obsoletas o hacerlo desde el miedo a acontecimientos inéditos, es imperativo repensarse. La aparición de “los mejores ángeles de nuestra naturaleza” a los que apelaba Lincoln, de estadistas que sepan guiarnos, está en nuestras manos porque alguien educa a estos líderes educadores. Smith propone enfatizar la formación humanística. También para graduados técnicos y científicos para no dejar el arte de gobernar a la frialdad y supuesta neutralidad de los números. La continuación de la historia será tan buena o tan mala como nosotros queramos. Es bueno recordarlo a las puertas del nuevo curso.

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