Incertidumbre total en el Sáhara Occidental tras el cierre de la misión de la ONU

El 1 de noviembre del 2026 ya tiene garantizado un hueco en los manuales de historia. Ese fue el día en el que se oficializó el cierre de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), fundada en 1991 para mediar en la disputa territorial que desde la década de los setenta mantienen Marruecos y el Frente Polisario en la antigua colonia española.

El desmantelamiento de este organismo es fruto de un veto cruzado de Estados Unidos y Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU: el pasado viernes se tenía que aprobar la renovación del mandato de la Minurso, y ni Washington –aliado de Rabat– ni Moscú –defensor del Polisario– lograron sacar adelante sus respectivas propuestas de resolución, de forma que la misión de paz se quedó sin sostén legal para seguir operando pasada la medianoche del sábado.

Marruecos no contaba en un inicio con este desenlace, pero lo ha celebrado como una victoria. Para las autoridades del país, la Minurso era una rémora, “heredera de un contexto ya superado”, en palabras del portavoz gubernamental Samir Belfqih. La sensación es que ahora surge una oportunidad de oro para acelerar la resolución del conflicto bajo los términos de Rabat. Tras confirmarse el bloqueo del Consejo de Seguridad, Mohamed VI se apresuró a exigir a la ONU que retire cuanto antes “su personal, sus vehículos, su equipamiento y sus símbolos” de lo que considera “las provincias del sur del reino”.

En cambio, el Polisario, pese a haber aplaudido el veto ruso a la resolución estadounidense, ha expresado su preocupación por la extinción del mandato de la Minurso, al mismo tiempo que ha advertido de las “graves consecuencias para la paz y la seguridad regionales” que puede tener cualquier medida de Marruecos que atente contra el derecho a la autodeterminación. El gran aliado del Polisario, Argelia –país que alberga a los líderes del grupo saharaui y a los cerca de 173.000 refugiados que malviven en los campamentos habilitados en la región de Tinduf–, también ha lamentado el abrupto final de la misión de paz.

El escenario que se abre ahora está rodeado de incertidumbre. “Entramos en terreno desconocido”, dice a La Vanguardia Irene Fernández-Molina, profesora de la Universidad de Exeter especializada en el Magreb, quien considera que el cierre de la Minurso “es la mayor transformación del statu quo de este conflicto desde el final de la guerra fría, al menos en lo que se refiere a su gestión internacional y multilateral”.

El gran interrogante es qué efectos tendrá sobre el terreno la retirada del organismo que durante los últimos 35 años se ha encargado de gestionar la disputa.

Si bien la Minurso había ido perdiendo peso –según el registro más reciente, ahora contaba con 359 efectivos desplegados, frente a una plantilla autorizada de 534–, seguía desempeñando un papel fundamental en el control de las hostilidades. Por ejemplo, de ella dependía la llamada “zona de amortiguación”, el corredor desmilitarizado de cinco kilómetros de ancho que transcurre a lo largo del lado oriental del muro erigido por Marruecos.

La marcha de los observadores internacionales abre la puerta a que Rabat intente tomar por la fuerza esta franja y los territorios adyacentes, o a que una incursión militar del Polisario –que en el 2020 rompió el alto el fuego vigente desde 1991– derive en una escalada. El propio secretario general de la ONU, António Guterres, alertó el domingo del riesgo de que el conflicto se intensifique y pidió a todos los implicados que ejerzan “la máxima moderación”.

Para Fernández-Molina, lo más previsible es que se produzca “una escalada por parte del Polisario, porque esa es su única carta”. Por su parte, el analista de conflictos Vicenç Fisas, quien lleva años implicado en las negociaciones del contencioso saharaui, considera que, pase lo que pase, el Polisario puede acabar perdiendo la partida: si opta por intensificar la guerra, difícilmente podrá defenderse de los ataques de un rival superior, con acceso a la tecnología militar de Israel; y si se decanta por la negociación, será casi imposible extraer concesiones significativas de Rabat, y más teniendo en cuenta que ahora la diplomacia está “secuestrada” por EE.UU.

“Hoy ya no hay posibilidad de conseguir el autogobierno. Eso quizás era viable en el 2007, cuando Marruecos presentó su plan de autonomía”, dice Fisas, quien subraya que el escenario adverso que afronta el Polisario es consecuencia de haberlo fiado todo a una estrategia de suma cero. “Cuando haces eso, te arriesgas a perderlo todo”, concluye.

Daniel Rodríguez Caruncho

Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.

También te puede interesar