Los republicanos se sacuden responsabilidades para digerir la debacle electoral

La primera reacción de Donald Trump tras conocer la magnitud de la debacle electoral en las midterms fue culpar a los candidatos republicanos. “No estaba en las papeletas. Si hubiera estado, ¡habríamos ganado por goleada!”, publicó en su plataforma, Truth Social, a las 22:37 horas del martes electoral, dando por sentenciada su derrota antes de la medianoche. Sin embargo, la mayoría de los candidatos –un total de 280 aspirantes a congresista, senador o gobernador– recibieron su respaldo explícito durante la campaña electoral. El mandatario participó además en una treintena de mítines en el último mes, un récord con el que trató de transmitir la idea de que los comicios eran un plebiscito sobre su figura. En gran parte, Trump estaba en las papeletas.

La goleada fue tan abultada que arrebató a Trump toda posibilidad de culpar al árbitro e impugnar el partido sobre la base de un supuesto fraude electoral generalizado, del que lleva años alertando sin pruebas. Aceptó su derrota la misma noche del martes e incluso mostró disposición a negociar con las mayorías demócratas en el Capitolio, aunque insistió en que su rol en sus dos últimos en el poder será el del “hombre veto”, el uso del poder presidencial para bloquear cualquier iniciativa de la oposición.

Al día siguiente, su vicepresidente y posible sucesor político, J.D. Vance, fue el primer hombre del Gobierno que expresó autocrítica. Afirmó, en una larga publicación en la red social X, que la guerra en Irán y su impacto sobre la inflación había sido un factor decisivo en la humillación MAGA. Al cabo de unas horas, un Trump cabizbajo y apático tuvo su primera aparición pública, para la que eligió darse un paseo por las obras de la sala de baile en construcción en la Casa Blanca y hablar de sus proyectos de renovación en Washington.

Durante esta escena surrealista, desconectada del momento político, al cabo de media hora habló por primera vez de las elecciones. Preguntado por las palabras de Vance, señaló que “en gran parte” tenía razón al culpar la guerra en Irán, que, aunque “fue uno de los factores” que decidió el voto, “volvería a ordenarla” porque Teherán “no puede tener la bomba nuclear”. La admisión del presidente dio vía libre a Vance, firme defensor de la doctrina geopolítica que propugna poner a “Estados Unidos primero”, para expresar lo que lleva pensando desde el inicio de la guerra.

La guerra en Irán fue un factor clave para entender la marea de votos azules en las urnas de todo el país. Pero no fue el único motivo por el que ha subido el precio de la cesta de la compra o de la gasolina, ni la única preocupación de los estadounidenses a la hora de elegir su voto: también lo fueron el hastío por su corrupción, la política racista y cruel de deportaciones masivas, la deriva autoritaria o los recortes sanitarios.

Ron DeSantis y Ted Cruz, probables contendientes en las primarias del 2028, piden responsabilidades al Gobierno

Pero culpar a este conflicto es una manera de otorgar responsabilidades. Y la cara visible de la operación militar en Oriente Medio tiene cargo, nombre y apellido: el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien se ha enfrentado en el último año con Vance sobre asuntos como la guerra y los despidos en el Pentágono. Aunque Trump defendió en público a Hegseth, ha crecido la especulación sobre su posible marcha del Gabineta, así como la del jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, o el almirante Brad Cooper, máximos responsables militares de la guerra.

El congresista republicano Thomas Massie, que abandonará el Capitolio en enero tras perder las primarias, ya presentó en septiembre ocho artículos para someter a Hegseth a un juicio político (impeachment), concretamente por incumplir la Ley de Poderes de Guerra e invadir la autoridad del Congreso. El miércoles, anunció que la semana que viene volverá a intentarlo. Y, cuando se conforme el nuevo Congreso el 3 de enero, los demócratas ya han anunciado que pretenden hacer lo propio, tanto con Hegseth como con otros miembros del gobierno, incluido Trump.

Más allá de la guerra en Irán, a los republicanos, que hace dos años se creían invencibles, les está costando encontrar los motivos de su derrota sin paliativos. Precisamente, quien se ha expresado con más contundencia es uno de los probables candidatos republicanos de cara a las presidenciales del 2028: el gobernador de Florida, Ron DeSantis, quien ya se presentó a las primarias del 2024 y desde entonces ha mantenido una relación tensa con Trump.

“Esto es un acontecimiento cercano a la extinción para los republicanos”, dijo DeSantis el miércoles. Y, además de la guerra en Irán y su impacto sobre la inflación, fue capaz de señalar otros errores de su partido. Afirmó, por ejemplo, que los demócratas fueron capaces de presentar a sus adversarios como tibios y opacos con los documentos del pederasta Jeffrey Epstein. “Nosotros nos presentamos diciendo que había que publicar los documentos, y luego resulta que hay congresistas que votan en contra, después de que la fiscal general dijera que tenía todo ese material espantoso sobre su mesa y que habría rendición de cuentas”.

También otro excandidato presidencial con la vista puesta en el 2028, el Senador Ted Cruz, responsabilizó algunas acciones del gobierno. Dijo que “los aranceles han encarecido todo demasiado”, así como la guerra en Irán, que “debería haber sido breve, condundente y haber terminado ya”. “Demasiados políticos republicanos parecen no haberlo entendido y no haberse preocupado”, señaló. “La comida está demasiado cara. La gasolina está demasiado cara. El diésel está demasiado caro. Los seguros están demasiado caros. La vida está demasiado cara”.

Javier de la Sotilla Puig

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