Ahmad Tibi, negociador clave para formar gobierno en Israel: “Netanyahu no será primer ministro”

A noventa metros del salón de Ahmad Tibi (1958), el muro que separa Israel de Cisjordania parte en dos el barrio. Desde este piso de Jerusalén, el número dos de la Lista Conjunta recibe a La Vanguardia en la semana en que su partido ha dejado de ser el socio incómodo de siempre para convertirse en la llave del próximo gobierno. Nacido en la localidad árabe-israelí de Taybeh, médico de formación y exasesor de Yasir Arafat, Tibi lleva décadas en la política israelí, pero nunca había tenido tanto peso como ahora. La participación récord de los ciudadanos árabes, cercana al 80%, ha convertido a sus partidos -con 19 escaños- en hacedores de reyes, y a este veterano de la knéset (parlamento israelí) en el hombre al que Netanyahu acusa y cuyo apoyo necesita Gadi Eisenkot.

¿Qué llevó a tantos ciudadanos árabes a votar?

La gente votó como un acto de autodefensa. Quería cambiar la grave realidad creada por este gobierno criminal de Netanyahu, Smotrich y Ben Gvir. No tenemos seguridad personal, las mafias derraman sangre en nuestras calles, miles de casas han sido demolidas en el Néguev y Ben Gvir habla de ello con orgullo. Hay racismo en todas partes, y un terrorismo judío en Cisjordania dirigido, apoyado y financiado por el Gobierno. Queremos la paz, no la guerra. Nuestra comunidad pensó que, si este gobierno volvía a ganar, estábamos acabados. Hemos evitado una catástrofe.

El Shin Bet investiga una supuesta financiación extranjera del voto árabe. ¿Qué hay detrás?

(David) Zini, el jefe del Shin Bet, es un títere de Netanyahu. Ahora dice que no pidió investigar a diputados, sino a sus familiares. Miente. Netanyahu quiere impedir que se sustituya al presidente de la knéset y que se forme un nuevo gobierno, y para eso trata el voto árabe como una amenaza para la seguridad. Es un político peligroso y oportunista. Hace tres elecciones se hacía llamar Abu Yair y decía que quería a los árabes en el gobierno. Pero le hemos impedido formar gobierno. No será primer ministro de un nuevo gobierno. No lo será.

Eisenkot y sus socios mantiene un posición muy dura con respecto al conflicto palestino-israelí. ¿Qué puede cambiar con ellos?

Estoy seguro de que mejorará la seguridad personal. Parece que Yair Golan será ministro de Policía en lugar de Ben Gvir, y eso es distinto. Ben Gvir nunca volverá a ese ministerio. Nunca. Lo hemos conseguido. También presionaremos para frenar la ley Kaminitz, que facilita la demolición de casas árabes. Pero quiero ser sincero. El nuevo gobierno no será un gobierno de paz. Lieberman y Bennett no son santo de mi devoción, son de derechas. Elegimos entre lo malo y lo peor, y lo peor es Netanyahu.

Eisenkot necesita también al líder de Israel Beitenu, Avigdor Lieberman, que descarta depender de los partidos árabes. ¿Cómo será su apoyo?

Esperaremos a ver. Lieberman crea problemas a Israel, ese es su juego, y al final pedirá el Ministerio de Defensa. Nosotrosm en cambio, apoyaremos a la coalición desde fuera del gobierno. No nos sumaremos a ninguna moción de censura de Netanyahu, que necesita 61 votos, y eso dará tiempo al nuevo ejecutivo. Si vemos que hay avances, lo protegeremos, aunque no estemos de acuerdo con toda su política.

Eisenkot exige a sus socios aceptar la guerra contra Hamas. ¿Qué puede cambiar en Gaza?

No vamos a entrar en el gobierno, así que no hay condiciones. Tendremos desacuerdos, pero los resolveremos sin hacerlo caer. En cuanto a Gaza, la Junta de Paz no es santo de mi devoción, pero es un plan internacional que fue aceptado. Debe respetarse.

¿Qué le pide al nuevo gobierno, si llega al poder?

Congelar la ley que facilita la destrucción de casas y un plan contundente contra las mafias para reducir el número de ciudadanos árabes asesinados. Queremos también un gran plan de desarrollo económico para nuestra sociedad. Y queremos que se detenga el terrorismo judío.

Helena Pelicano Gómez

Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo

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