Andalucía decide si el PP puede gobernar sin Vox

Hoy, domingo, le toca el turno a Andalucía. Cierra el ciclo electoral que ideó la dirección del Partido Popular para someter a una prueba de resistencia al Partido Socialista.

Por el momento, en tres de las cuatro elecciones –Aragón, Extremadura y Castilla y León–, el PSOE ha perdido y el PP, a su modo, también, porque ha acabado maniatado por su peor adversario y su mejor aliado, que es el partido ultranacionalista Vox.

Hasta llegar al día de hoy en Andalucía, donde tal vez, tal vez, puede ocurrir algo distinto: que la candidatura de Juanma Moreno –cuya victoria no discute casi nadie– alcance la mayoría absoluta y no necesite a Vox.

Andalucía va a votar hoy la independencia… del PP respecto al partido de Santiago Abascal.

La mayoría de los pronósticos considera probable esta hazaña –en realidad, con ocho provincias en liza, es casi una lotería– que, de ocurrir, se producirá al margen del barullo corrosivo de Madrid, lo cual no es un detalle menor. Moreno ha hecho una campaña a su modo y a su medida, sin contar con casi nadie del partido que no sea andaluz, con la sola excepción del líder del Partido Popular.

Alberto Núñez Feijóo ha seguido su particular circuito de mítines ajustándose al guion prefijado por el equipo de campaña de Moreno. Feijóo puede hallar en Andalucía una nueva senda para abatir al PSOE que no pasa por las horcas caudinas de la descarnada política madrileña. El ayusismo debe de estar de los nervios.

Moreno: Andalucía directo

Moreno ha hecho una campaña que, en cierto sentido, recuerda al programa vespertino de Canal Sur, Andalucía directo –decano de la televisión pública andaluza–, donde todo o casi todo consiste en explicar lo bien y lo hermosas que son las cosas en esta región. Puro azúcar.

Los 28 mítines que ha protagonizado han empezado igual, con elogios al lugar y a la “buena gente” de esa tierra, poniendo nombre desde el atril a algunas personas –muy al estilo de Jordi Pujol en sus mejores años– con una familiaridad que entusiasmaba al público.

Lo que no impedía que, a la vez, sacara el colmillo. El comodín catalán, en versión meridional: Catalunya ens roba, ha estado a la orden del día, sobre todo, en la segunda mitad de la campaña.

Moreno, que es un buen orador –y regular cantante–, no ha cometido errores graves; ha prometido hacer todo lo que se puede prometer en una campaña en una región en la que faltan muchas cosas. Ha conseguido eludir el peso del escándalo de los cribados –con, por ahora, seis víctimas mortales acreditadas– y, en contrapartida, ha prometido que en la futura legislatura va reformar el Servicio Andaluz de Salud de arriba abajo. Que se preparen. Quironsalud ya tiene grandes carteles en las calles de Sevilla.

Montero, ‘Bella ciao’

María Jesús Montero ha hecho, posiblemente, la campaña más complicada de su vida. Y ya lleva muchos años en la política.

Sobre todo su periplo –trece mítines, casi la mitad que Moreno– ha pesado como una losa su desempeño en el Gobierno de Pedro Sánchez en el que ella estaba empleada a tiempo completo hace apenas seis semanas.

No es del todo cierto que Montero sea una enviada del presidente. Sí, pero no. El socialismo andaluz buscaba un nuevo liderazgo capaz de remontar un partido en franco declive y optó por ella casi por unanimidad.

Otra cosa es que mañana domingo, en función de los resultados, la misma devoción que profesaban algunos se convierta en puro desapego. Pero la gran pregunta es qué recambio tiene el socialismo andaluz si da a Montero por caída. Ninguno que suscite la unidad suficiente.

Lo que es evidente es que –en contra de los vaticinios de Moreno y el propio Feijóo– ni un resultado calamitoso va a cambiar el guion de Pedro Sánchez, decidido a llegar hasta el 2027 pase lo que pase.

La ex vice presidenta del Gobierno ha cometido algunos errores en la campaña. El más sonado fue el del “accidente laboral” para definir las circunstancias en las que se produjo la muerte de dos agentes de la Guardia Civil en una operación contra el narcotráfico frente a las costas de Huelva que el PP ha rentabilizado hasta el último minuto.

La campaña de Montero se ha centrado en la defensa de los servicios públicos, en particular, la sanidad, en una región cuya mayoría social hasta ahora se percibe a sí misma como próspera –tanto como para pagarse un seguro privado– y que, lo veremos hoy, por ahora no parece sentirse amenazada por las políticas liberales de Moreno.

Montero, corajuda, ha hecho una campaña nítidamente izquierdista con la esperanza de recuperar a los votantes socialistas de toda la vida.

Aunque pueda parecer un detalle insignificante, el partido incluyó en la playlist que sonaba en los mítines el Bella ciao de los partisanos. Podemos también utilizaba esta música en sus mítines. Bella ciao desapareció en el último acto de campaña del PSOE cuando sonó por primera vez el himno de Andalucía, pero ya iban tarde.

Gavira, la prioridad es Abascal

El candidato del partido ultranacionalista en estas elecciones es Manuel Gavira, aunque en realidad parecía que fuera Santiago Abascal, omnipresente en todos sus actos electorales, 14 en total a lo largo de la campaña.

Su principal mérito, el de ambos, es haber colocado en el marco electoral la prioridad nacional, un concepto –acuñado hace ya años por los lepenistas franceses– que, en realidad, apareció por primera vez en los pactos de Vox con el PP en Extremadura. En cualquier caso, Vox ha obligado a todos los contrincantes a roer ese hueso, mal que les pese.

Gavira, siguiendo la estela de su jefe de filas, ha sido durísimo en sus intervenciones, en especial cuando abordaba las políticas relacionadas con la inmigración. ¿Qué éxito tendrán esos discursos en una comunidad con una larga tradición migrante y en la que la presencia de trabajadores extranjeros es escasa en la mayoría de las ciudades? Lo veremos esta noche. Lo que sí es cierto es que ni PP ni PSOE han querido confrontar con ellos. No les han hecho el juego. Posiblemente esa sea otra de las lecciones de esta campaña electoral.

Maíllo y ‘el gafas’

A la izquierda del PSOE quedan otras dos candidaturas que hoy quizá se beneficien de los votos progresistas que el socialismo no va a conseguir pescar con sus redes.

Al candidato de Adelante Andalucía, José Ignacio García –el cupaire andaluz–, se le conoce aquí como el gafas , no solo porque las usa sino porque consiguió colar una enmienda en los presupuestos de la comunidad para financiar las lentes de los andaluces. Es un buen orador y puede ser el fenómeno pop de esta campaña. El Jorge Pueyo de la Chunta en las elecciones de Aragón, trasladado a Andalucía.

Antonio Maíllo, coordinador de Izquierda Unida, es todo lo contrario, un veterano comunista. Serio, tenaz, en realidad, la principal repercusión de un buen resultado en las elecciones de hoy será el impuso para la reconstrucción del territorio político de la izquierda alternativa tras el fiasco de Sumar. Por cierto, a Yolanda Díaz no se la ha visto en ningún acto de campaña. Pero tampoco es una novedad. En el ciclo electoral que ahora termina no se la ha visto en ninguna parte.

Jaume Valles Aroca

Barcelona, 1963. Espécimen de naturaleza metropolitana. Deudor de mis maestros, Joaquín Escudero, Juanjo Caballero, Eugeni Madueño y Enric Juliana. Ahora, jefe de sección en Política. Mis notas se toman a lápiz y en papel.

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