Estoy a favor de regularizar a quienes ya están aquí y cumplen unas condiciones. La irregularidad no beneficia a nadie: ni a la persona, ni al empresario que cumple ni al Estado, que no recauda. Pero el debate no puede terminar en los papeles.En Catalunya, la inmigración ya forma parte de la vida diaria. La pregunta importante es qué hacemos después. Si regularizamos para que esas personas sigan en los mismos trabajos precarios, habremos ordenado una parte del problema, pero no lo habremos resuelto. Conviene dejar de hablar de “los inmigrantes” como si fueran todos iguales. En Catalunya viven personas que vienen de Marruecos, Colombia, Honduras, Senegal, China, Pakistán, Rumanía, Perú o Venezuela, entre otros países. Algunos han llegado huyendo; otros, a trabajar o a reunirse con sus familias; otros tienen estudios, oficio, experiencia comercial, idiomas. Si no sabemos quiénes son, difícilmente podremos integrarlos bien.
España y Catalunya necesitan trabajadores, pero una persona no es solo la necesidad laboral que cubre. Damos por hecho que todo inmigrante quiere quedarse para siempre. No siempre es así: algunas personas construirán aquí su vida, otras volverán, otras vivirán entre los dos sitios. Si una persona se queda, habrá que integrarla bien. Si vuelve, ese retorno no tiene por qué ser un fracaso: puede ser otra forma de relación entre Catalunya, España y su país de origen. Una persona que ha vivido y trabajado aquí no vuelve igual. Puede haber aprendido un oficio, unos estándares, una cultura empresarial. Y al mismo tiempo conserva el idioma, los códigos, los contactos y la confianza de su país. Ese doble conocimiento vale mucho más de lo que solemos reconocer.
Movilidad
Hay personas que sí conocen esos países y que podrían, si se las forma y se las integra, convertirse en un puente profesional
Para muchas empresas catalanas y españolas, internacionalizarse no es simplemente exportar. Es instalarse. Es encontrar un socio fiable, contratar equipos, entender cómo funciona la administración local, comprender qué errores culturales pueden bloquear una operación. Ahí una persona que conoce los dos lados aporta algo que muchas veces falta: conocimiento real del terreno. Puede ayudar a abrir mercado, acompañar una implantación, identificar proveedores, formar equipos locales, detectar oportunidades o incluso emprender como socio, distribuidor o colaborador de una firma española.No estoy hablando de regularizar para luego enviar a la gente de vuelta. Hablo de entender que la movilidad no siempre es lineal. Catalunya tiene empresas con vocación internacional y una relación natural con el Mediterráneo, África y América Latina. Pero muchas veces nuestras empresas quieren salir fuera y se encuentran con una dificultad que no aparece en los planes de negocio: no conocen suficientemente el país. Al mismo tiempo, tenemos aquí personas que sí conocen esos países y que podrían, si se las forma y se las integra bien, convertirse en un puente profesional y empresarial. No todas, evidentemente. No se trata de idealizar.

