Difícil otoño

Hace un par de semanas, en medio del sesteo de agosto, advertíamos de los cambios en la demanda y la oferta de ahorro mundiales y sus efectos sobre el alza de tipos de interés a largo plazo. Quizás no eran los días más adecuados para hablar de ello, pero la realidad está ahí y, con el final de las vacaciones, han vuelto a emerger los problemas.

Reflejando estas tensiones, las bolsas mundiales están acumulando quebrantos, no muy severos pero generalizados, aunque es en los de bonos públicos donde se producen pérdidas más severas. Y, dado que el precio de la deuda se mueve de forma inversa a su rentabilidad, aquellas caídas provocan aumentos de tipos de interés. Y así, en el principal mercado mundial, el de los Treasury de EE.UU., la deuda a 30 años se ha situado ya cerca del elevado 5,30%, mientras que a 10 años ha alcanzado el 4,82%, un máximo de los tres últimos años. Se trata de un movimiento general: en Alemania, la deuda a 30 años cotiza en valores no vistos desde el 2011 y la de 10 años, en el entorno del 3,40%; en España, el 3,85% de la deuda a 10 años de esta semana retorna a rentabilidades de finales del 2023, mientras en Gran Bretaña el rendimiento a 30 años no se veía desde 1998 y a 10 años desde el 2008; y situaciones parecidas se encuentran en Japón y otros países asiáticos.

Si la guerra en Irán no finaliza, el horizonte apunta a tensiones en precios y alzas en tipos

Los mercados están preocupados, lógicamente, por el alza de la inflación. Pero miran más allá. Y lo que ven no les gusta: endeudamientos públicos por encima del 100% del PIB, severas dificultades de contención de los déficits espoleados, en parte, por la guerra de Irán, el envejecimiento y el aumento de gastos de defensa; unas tensiones por los recursos disponibles a las que hay que añadir la competencia que generan las inversiones en IA. No extraña que, ya en el 2025, la miembro del BCE Isabel Schnabel afirmara en No longer convenient? Safe asset abundance and r* (tipo de interés neutral) que nuestra época era la del exceso de deuda, en clara contraposición a décadas anteriores en las que el exceso era de ahorro mundial.

Más en el corto plazo, los mercados anticipan, para las próximas semanas, nuevas alzas de tipos de interés por la banca central, tanto en EE.UU. como en la eurozona. En este caso, lo que preocupa es la dinámica de la inflación, estimulada por la guerra en Irán y sus efectos sobre precios, con un IPC de la eurozona que en agosto suma ya un 3,3%. Ello refleja que se han disipado las esperanzas que había generado la tregua hasta junio pasado, sustituidas hoy por el convencimiento de que el conflicto, y sus efectos inflacionarios, va a continuar los próximos meses.

Si la guerra en Irán no finaliza, el horizonte más razonable apunta a crecientes tensiones en precios y nuevas alzas en tipos­ de interés. Y ello en una tesitura en la que los gobiernos, y el español entre ellos, ven reducido su margen de maniobra por los costes crecientes de su deuda. Tiempos difíciles.

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