El Kremlin refuerza la seguridad en torno a Putin ante el temor a un atentado

En los últimos meses, algo ha cambiado dentro del Kremlin.

Durante el transcurso de la guerra de Ucrania, que se extiende ya por cuatro años, el temor a los atentados contra la cúpula rusa ha crecido de manera exponencial. No es casual, pues desde Kyiv se organizó la muerte de Fanil Sarvárov, un general del Estado Mayor asesinado tras la explosión de un coche bomba vinculado a los servicios de inteligencia ucranianos. 

La amenaza de Ucrania ahora es mayor, teniendo en cuenta su experiencia en materia de drones derivada del conflicto. Esta le ha servido recientemente para reforzar sus alianzas en Oriente Medio ante la amenaza de drones iraníes, y se ha demostrado en múltiples operaciones militares con drones en las que el Gobierno de Zelenski sabe sortear las defensas rusas.

Según el Financial Times, el ejemplo más claro de ello fue la «Operación Telaraña», un ataque sorpresa contra cuatro bases rusas y preparado durante más de un año por el Servicio de Seguridad de Ucrania, que consiguió alcanzar objetivos más allá del Círculo Polar Ártico, haciendo uso de un enjambre de 117 drones y alcanzando 41 aviones rusos. 

Sin transporte público ni teléfonos móviles

Las medidas del Kremlin para evitar que el círculo más cercano pueda conspirar contra el presidente

Ante el crecimiento del poder militar ucraniano y el desequilibrio del escenario internacional, marcado por la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro, Rusia estaría reforzando los protocolos de seguridad para un Putin cada vez más ajeno a los asuntos civiles y más absorto por la guerra. 

Según un informe publicado por la CNN y otros medios, obtenido a través de una agencia de inteligencia europea, el presidente ruso pasa cada vez más tiempo en búnkeres subterráneos, alejado de actos públicos, con la preocupación de que un golpe de Estado o un intento de asesinato, específicamente con drones, pueda alterar su mando de la Federación Rusa.

Asimismo, el Servicio Federal de Protección de Rusia (FSO), que protege a los altos cargos, ha endurecido notablemente la seguridad, reduciendo las visitas del presidente, siendo más estrictos en los controles de seguridad para quien pretende reunirse con Putin.

Imágenes tras la explosión de un coche bomba en Rusia 
Imágenes tras la explosión de un coche bomba en Rusia YURI KOCHETKOV / EFE

Nadie está a salvo. Su círculo más cercano también se ha visto afectado por las medidas, desde guardaespaldas a fotógrafos o incluso cocineros. Estos tienen prohibido utilizar el transporte público o utilizar su teléfono o dispositivos con internet alrededor del líder ruso. Sus casas, además, han sido puestas bajo vigilancia para evitar posibles conspiraciones.

De la misma forma, la estricta seguridad también afecta a los familiares de Putin, quienes han dejado de ir a sus residencias en las regiones de Moscú y Valdái. En esta última, Rusia acusó a Ucrania a finales del año pasado de practicar «terrorismo de Estado» después de un presunto ataque con drones sobre una de las residencias del presidente

La aprobación de Putin se sitúa en los niveles más bajos desde el otoño del 2022

El delirio por la seguridad del presidente podría incluso estar llegando a las calles de Moscú, ya que, según el medio inglés, las interrupciones de internet en la capital rusa estarían parcialmente relacionadas con los sistemas de defensa antidrones. 

El aislamiento del presidente por centrarse en el conflicto contra Ucrania, sin embargo, ya pasa factura en los niveles de aprobación del presidente, que se sitúan en los niveles más bajos desde el otoño del 2022, cuando anunció una movilización parcial de reservistas. La frustración entre los rusos, cansados de la guerra y que enfrentan problemas domésticos cada vez mayores, se ha traducido en voces como las de la influencer Victoria Bonya, calificada “la voz del pueblo” por señalar el descontento con el bloqueo de internet y las redes sociales.

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