¿Puede un accidente cambiar la historia de todo un país?
Serbia demuestra que sí.
Todo empezó la mañana del 1 de noviembre del 2024, cuando la marquesina de una estación de tren recién renovada en la ciudad de Novi Sad se derrumbó y mató a 16 personas. La resistencia de las autoridades a investigar a fondo lo sucedido y la percepción de que el siniestro había sido consecuencia de la corrupción gubernamental prendieron la mecha de unas protestas estudiantiles que se extendieron rápidamente por todo el país y que, casi dos años después, han protagonizado un giro político inaudito.
Este domingo, a través de una plataforma sin líderes ni jerarquías llamada Lista Estudiantil, ese movimiento de descontento nacido en las universidades serbias logró imponerse en las elecciones legislativas al partido de Aleksandar Vucic, el dirigente conservador que lleva más de una década acaparando el poder en el país balcánico.
El propio Vucic –que dimitió el pasado septiembre como presidente, cinco meses antes de que finalizara su segundo y último mandato constitucional, con el fin de adelantar las elecciones y concurrir como candidato del Partido Progresista Serbio (SNS) a primer ministro– salió enseguida a reconocer su derrota: “Está claro que hemos perdido”, dijo.
Sus palabras desataron la euforia en Belgrado, la capital del país, donde miles de personas salieron a la calle para celebrar el resultado electoral.

“Serbia ha ganado, tal como prometimos”, afirmó por su parte Ilija Srdanovic, el profesor universitario que ocupa la primera posición de la Lista Estudiantil, integrada por 250 candidatos ajenos a la política tradicional y procedentes de diversos ámbitos, en un reflejo de la transversalidad que ha ido adquiriendo este movimiento.
Según los resultados preliminares avanzados por Vucic, la plataforma ganadora habría obtenido entre 135 y 140 escaños de los 250 que conforman el Parlamento serbio, mientras que SNS se quedaría con 105 diputados.
La victoria de la Lista Estudiantil además llega legitimada por la altísima participación electoral: cerca de un 70% de los 6,4 millones de personas llamadas a las urnas acudió a votar. No se registraba una afluencia tan masiva desde el 2000, cuando se celebraron los comicios que provocaron la caída de Slobodan Milosevic. Aquella vez, la participación fue del 71,5%.
La jornada electoral transcurrió, eso sí, en un ambiente de máxima tensión, tanto por lo incierto del resultado –las encuestas, poco fiables, pronosticaban una contienda muy reñida– como por la posibilidad de que se produjeran irregularidades, como en comicios anteriores. De hecho, la campaña de estas legislativas estuvo marcada por el control gubernamental sobre los medios de comunicación y las denuncias de vigilancia y ciberataques contra activistas.
Ayer, oenegés y medios locales informaron de episodios de violencia aislados, como en Pancevo, al norte del país, donde un grupo de encapuchados atacó a los interventores de la lista opositora. La Delegación de la Unión Europea en Serbia mostró su preocupación ante estos incidentes, que empañan la imagen de un Estado que aspira a formar parte del bloque comunitario.

