Fuerte recelo en el recuento brasileño

Con fallos graves en el servicio de transporte público en una decena de ciudades, y una respuesta lenta de las autoridades electorales, las presidenciales brasileñas corrieron el riesgo de sumirse en el caos ayer en un ambiente de creciente desconfianza.

Unos 160 millones de brasileños acudieron a las urnas en elecciones muy apretadas y de enorme trascendencia mundial entre Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, y el veterano líder de la izquierda brasileña, el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva.

Pero con el empate técnico previsto en todas las encuestas, las dificultades logísticas de votar en barrios populares y periféricos se convirtieron en una cuestión de victoria o derrota. 

Las autoridades electorales aplazaron el cierre de las urnas hasta las nueve de la noche –las dos de la madrugada en España– tras las protestas de ambos candidatos, aunque es la campaña de Lula la que se siente más perjudicada. Pero la instrucción fue dada con retraso elevando la posibilidad de un resultado disputado, según analistas consultados.

“La probabilidad de que el candidato perdedor reconozca su derrota esta noche disminuye cada hora. El riesgo de tensiones o inestabilidad postelectorales está aumentando”, dijo el analista Oliver Stuenkel de la Fundación Getulio Vargas en São Paulo en una entrevista a La Vanguardia.

No quedaba claro si la insuficiencia del transporte público, crucial para votantes de barrios populares, la mayoría votantes de Lula, se debía a intentos de dificultar el voto por parte de gobiernos municipales, la mayoría aliados con el candidato de derecha Flávio Bolsonaro, o si el culpable fueron las fuertes tormentas en São Paulo y otras ciudades del sureste del país.

¿Boicot de los bolsonaristas o efecto de las tormentas? Hubo fallos del transporte público

La Constitución brasileña garantiza transporte público gratuito durante las jornadas electorales para combatir la fuerte desigualdad espacial en enormes ciudades, así como las enormes distancias que deben ser recorridas para votar en el interior.

Ya se habían producido en la mañana de la jornada electoral los primeros indicios de obstaculización de votantes de Lula, tal y como ocurrió en las elecciones del 2022 cuando el ayuntamiento bolsonarista de Salvador de Bahía restringió la circulación de los autobuses imprescindibles para que muchos votantes de barrios populares llegaran a las urnas. Tan grave fue el incidente que las autoridades electorales ordenaron la detención del secretario de Transporte.

El hecho de que el presidente del Tribunal Supremo Electoral, Kassio Nunes Marques, sea un aliado de Flávio Bolsonaro, involucrado en el escándalo del Banco Master y acusado de participar en fiestas con prostitutas en el escándalo del Banco Master, elevaba la desconfianza respecto al proceso electoral.

“No creo que invalide las elecciones”, dijo el jurista Thiago Bottino, en Río de Janeiro, pero la confianza en el proceso electoral está dañada.

“El Tribunal Supremo ya no puede desempeñar el papel estabilizador que jugó hace cuatro años”, prosigue Stuenkel en referencia a las acusaciones de fraude lanzadas contra la victoria de Lula por la campaña bolsonarista, que desembocaron en un intento de golpe.

Sin autobuses en los barrios populares, en su mayoría lulistas, cada voto perdido podía decidir la elección

Kassio Nunes Marques es “responsable de la confusión; recibió muy tarde la información de lo que estaba pasando y no tomó la decisión”, dijo Miriam Leitão, tertuliana del grupo Globo en Río.

Como ha ocurrido en otros países latinoamericanos, como Colombia, la elevada desconfianza respecto al resultado y al procedimiento del Tribunal Supremo Electoral ya de por sí daña el proceso electoral. “Lo que más importa es si alguien que ha votado a Lula considera legítimo a todo el gobierno o viceversa. Y lo ocurrido en las últimas horas corre el riesgo de socavar ese consenso”, señala Stuenkel.

Los problemas de transporte público elevaron la probabilidad de una derrota de Lula, según los analistas consultados. El optimismo en la campaña lulista ya se había esfumado el sábado por la noche cuando la última encuesta electoral de Datafolha dio un margen de ventaja a Flávio de dos puntos, 51% a 49%, solo 24 horas después de indicar el empate de 50% a 50%.

Un aliado de Flávio Bolsonaro, salpicado por el caso Banco Master, preside el tribunal electoral

Dado el empate técnico registrado en las últimas encuestas, captar votos de quienes no votaron en la primera vuelta hace tres semanas, muchos de ellos en barrios populares con dificultades de transporte, resultaba clave. De ahí la preocupación, sobre todo en la campaña de Lula, por los insuficientes servicios de transporte público. Con 33 millones de votos ausentes, la campaña de Lula dependía de una participación elevada.

Flávio mantuvo el discurso de moderación al votar ayer en la zona norte de Río de Janeiro, y así personificar el cambio que muchos brasileños al margen del bolsonarismo radical desean. “Ha llegado la hora del cambio, Brasil ya no puede más, la vida de todo el mundo ha empeorado”, dijo, sintonizando con una generalizada sensación de insatisfacción en gran parte del electorado, con elevados niveles de rechazo para ambos candidatos en las encuestas.

Lula votó en el barrio industrial de São Paulo donde trabajó de joven en una fábrica de tornillos y donde perdió su dedo meñique en un accidente laboral. La poca esperanza que quedaba en la campaña del PT giraba en torno a la posibilidad de que el comentario grosero de Flávio en el debate del viernes, cuando llamó al presidente “Nueve dedos”, pudiera movilizar el voto de los trabajadores. Flávio “no ha trabajado en su vida”, dijo el veterano líder, que se presenta a sus octavas elecciones presidenciales.

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