Los lunes de Ramon Bou empiezan a las ocho de la mañana en las aulas donde estudia para ser maestro en unos años. Cuando termine el día, habrá pasado por dos trabajos antes de llegar a su casa. Al mediodía, en un colegio donde hace de monitor de comedor; y por la tarde, en uno de los dos clubs de baloncesto que entrena. “Si sumo los partidos de los fines de semana, termino haciendo 20 horas semanales”, explica este joven de 24 años vecino de Sant Cugat del Vallès. Por ahora, el equilibrio entre diferentes contratos le funciona para ahorrar un poco y pagarse sus gastos. No para independizarse sin ir “justísimo”, así que lo más probable es que siga viviendo con su madre mientras no consiga un trabajo más estable en una escuela. “Prácticamente todo el mundo que conozco está así”, concluye.
El pluriempleo ha ido subiendo en la última década hasta alcanzar niveles máximos en España. En la última Encuesta de Población Activa (EPA) publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) para el primer trimestre de 2026, 611.600 personas contaban con un segundo empleo para complementar sus ingresos. Son un 44,6% más que hace diez años y más del doble que en 2002, cuando empieza la serie histórica. Pese a este crecimiento, representan una fracción pequeña del mercado de trabajo español, en niveles récord de empleo. Los pluriempleados son el 2,7% de los ocupados, un porcentaje menor que el 4,1% de la media europea (con datos de 2025). El récord se lo llevan los Países Bajos, con un 10,4% de trabajadores que combinan al menos dos empleos, seguidos por Dinamarca, con un 8,9%.
Sin embargo, este repunte del pluriempleo en España no se puede entender sin otra realidad: la de las jornadas parciales. Según la EPA, un 13,6% de los ocupados tiene un contrato de este tipo. A principios de año eran algo más de tres millones de personas, en comparación con los 19,2 millones que trabajan a tiempo completo. Pero más de la mitad de estos empleados a tiempo parcial no lo son por voluntad propia: un 45% lo acepta porque no ha podido encontrar una jornada completa, a quienes se les suma otro 20% que debe hacerse cargo del cuidado de hijos o familiares, lo que dificulta la posibilidad de ampliar su jornada laboral. Aquellos que, como Ramon, escogen esta opción para combinarla con sus estudios son menos del 15%.
Sindicatos y expertos vinculan la necesidad de un segundo empleo a los contratos parciales no deseados
“Muchas personas suman dos trabajos a tiempo parcial no deseados. La segunda jornada les sirve para complementar el sueldo, algo frecuente en la hostelería y los servicios en general. También hay quien ya trabaja a tiempo completo, pero añade otro empleo de fin de semana porque está en un sector de cara al público donde faltan trabajadores”, expone el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona (UB) Raúl Ramos.

Los datos de la EPA nos permiten desgranar que hay más hombres pluriempleados que mujeres, aunque ellas representan el 72% del trabajo a tiempo parcial. También que en este colectivo la mayoría tiene su contrato principal en el sector servicios, mientras que en otras actividades su presencia es residual. El catedrático de Derecho Laboral de la UB Jordi Garcia recuerda que el fenómeno no es nuevo: “A principios de los años 70 había muchas personas con dos o tres trabajos. En ese momento era un problema de salarios muy bajos, mientras que ahora vemos un efecto más complejo. Pueden ser los sueldos, pero también que hay más contratos a tiempo parcial y fijos discontinuos que obligan a coger un segundo empleo”, dice este experto, que lo atribuye en parte a los vacíos que dejó la última reforma laboral de 2021.
Para los sindicatos, que el pasado Primero de Mayo volvieron a sumar el problema de la vivienda a sus demandas laborales, esta emergencia habitacional también se esconde detrás del pluriempleo. “Que tu sueldo sea suficiente depende de los costes que tengas y la vivienda se ha encarecido enormemente. Muchas personas con un empleo principal ya no llegan a pagar el alquiler o la cuota de su hipoteca”, reivindica Albert Ferrer, responsable de Mercado de Trabajo y Economía de CC.OO. de Catalunya. Además, el secretario de Acción Sindical de la UGT en Catalunya, Oscar Riu, incide en que las condiciones de los contratos de alquiler y los préstamos hipotecarios muy a menudo dejan fuera a las personas que no cuentan con una jornada completa.
El fenómeno aún es minoritario, con un 2,7% del total de ocupados, por debajo de la media europea
Los mensajes de ambos recalcan la idea de que tener un empleo no es garantía de salir de la precariedad. Según Eurostat, con datos de 2024, el 11,2% de los trabajadores españoles viven en riesgo de pobreza, el tercer peor dato de la Unión Europea.
A estas situaciones de vulnerabilidad, Rius añade la economía sumergida que aparece en forma de segundos trabajos en negro, pero también en alargamientos de la jornada por los que no se cotiza. “La contratación a tiempo parcial se ha convertido en una forma de flexibilidad para las empresas, pero esta pluriocupación reproduce mucho la precariedad y en su mayoría no es deseada”, insiste. En la misma línea, Ferrer remarca la importancia de no dar un paso hacia atrás y seguir avanzando hacia un mercado laboral “de un solo empleo”.

