El vértigo del nuevo milagro español

¿Un nuevo milagro? Antes del 2008, España daba vértigo. A las puertas de la gran crisis financiera del 2008, la economía española impresionaba al mundo. Era la que más crecía, prolongando un ciclo expansivo que superó ampliamente la década. El dato que mejor ilustraba la situación era el de la construcción de casas. España, ella sola, producía tantas como las otras grandes economías de la UE: Alemania, Francia, Reino Unido (era antes del Brexit), e Italia. El 25% de todas las de la UE. Motivo de orgullo de los gobernantes, primero del PP de José María Aznar; después del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero. Cuando todo estalló quedó claro que aquello no era resultado de la normalidad económica, sino de una burbuja financiera que alimentaba otra inmobiliaria. El euro, los tipos de interés y la liberalización descontrolada llevaron el país al abismo. Entonces, aquellos a los que aquel viaje a toda velocidad les provocó el vértigo entendieron la causa. Como si no hubiera gozo o pecado sin pena o castigo.

¿Ha vuelto el vértigo? Ahora España vuelve a impresionar al mundo, especialmente a Europa, con nuevos datos apabullantes. La economía, entre las grandes del mundo, que más crece. El dato más destacado esta vez: la creación de empleo. Desde el año de la pandemia (2020) hasta el cierre del 2025, ha generado uno de cada cuatro puestos de trabajo que se crean en la Unión Europea, según datos recopilados. El 25%, idéntico porcentaje al de pisos del 2006.

Y subiendo. En el último año, la proporción superó el 40%, habida cuenta de que la principal economía de la zona, Alemania, destruyó más de 320.000 empleos, según la estadística difundida por Eurostat, bastante menos según las estadísticas nacionales.

España duplica la cifra alemana de creación de empleo en el último lustro, pese a que es una población un 60% mayor que la española. Comparación que, en porcentaje decreciente, se puede hacer con Francia e Italia, las otras dos grandes economías de la Unión. Aún más pujante que España va Portugal, que en términos relativos crea mucho más empleo.

Los fabricantes europeos de automóviles, entre los más amenazados
Los fabricantes europeos de automóviles, entre los más amenazadosStellantis

Los fondos europeos creados tras la pandemia explican una parte del plus de crecimiento español. Pero Italia ha recibido lo mismo y no se acerca a los indicadores españoles, ha creado la mitad de nuevos puestos de trabajo.

La economía española como futuro para Europa: poca industria, más servicios y baja productividad

No se trata de cuestionar el proceso extraordinario de regularización de inmigrantes puesto en marcha por el gobierno de Pedro Sánchez. Esas personas ya están aquí y se les han de garantizar derechos y servicios en condiciones de igualdad con el resto. Además, su regularización solo puede tener efectos económicos positivos en comparación con su situación actual de precariedad y limitaciones materiales.

Demográficamente compensan la negativa tasa de fertilidad de la población nativa. Las economías capitalistas necesitan el estímulo de los aumentos de población, igual que un moderado ascenso de precios. Son acicates imprescindibles. No es un debate sobre inmigración sí o no. Es sobre el funcionamiento de la economía española.

En el ámbito económico, es difícil no temer que hay un desequilibrio entre su peso en Europa y la dinámica de creación de empleos de su mercado laboral. ¿Alguna posible disfuncionalidad en las extraordinarias prestaciones de la economía española?. Los economistas ya llevan años polemizando intensamente sobre el asunto. Crece el empleo pero la productividad apenas mejora, lo que implicaría que cada vez más personas se reparten un pastel que en términos individuales no crece. El Producto interior bruto (PIB), lo que la economía produce en un año, dividido por la población, se mantiene prácticamente igual. Los bajos salarios son la constatación de esa realidad.

El sentimiento de la población es que sus condiciones de vida han empeorado y que los salarios están estancados. Según la OCDE, el salario medio español está prácticamente estancado desde 1995, apenas ha subido un 5%, frente al 30% de los países analizados por esa institución. Y ese magro aumento español se concentra solo en los últimos años, a partir del 2018. En sentido contrario, algunos indicios apuntan mejoras de productividad. Es el caso de los servicios a empresas, investigación, logística y finanzas, que crecen a un ritmo que duplica el del conjunto.

Alemania, la gran potencia industrial de Europa sepultada bajo el caduco modelo de austeridad y disciplina, vive en el estancamiento económico. Su industria languidece, apresada entre el disparatado coste de la energía y sobre todo, la competencia china y los aranceles de Donald Trump. Berlín busca consuelo en el endeudamiento, otrora pecaminoso, y se lo juega todo a la reconversión de su complejo industrial, del automóvil a la química, hacia actividades vinculadas a la defensa, también llamadas de la guerra. La tentación de reducir el gasto social se abre paso, con el peligro de dar el empujón definitivo a fuerzas como la ultraderechista AfD.

La desproporción entre el peso español en la UE y el empleo que crea es tanto un buen dato como una alerta

En Europa la evolución reciente de la economía española se analiza desde el punto de vista de lo que puede anticipar sobre el futuro. Se apunta a que el continente se encamina hacia una mayor desindustrialización. La industria pierde peso en Alemania. En Francia se publican regularmente noticias sobre cierres de fábricas. Ambiente similar en Italia. Para algunos, España podría estar indicando el camino futuro: la especialización en empleos de baja productividad y poco valor añadido, centrados en actividades como el turismo o la restauración. A diferencia de anteriores milagros, por lo menos, se va en línea con Europa. Aunque ya se sabe que a veces, mal de muchos…

Manuel Pérez Arias

Adjunto al director de La Vanguardia. Periodista especializado en información económica

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