Empresas que se venden

Pese a que aún se desconoce la fórmula de integración entre Puig y Estée Lauder, que apunta a un papel relevante de la multinacional catalana en el nuevo grupo, el anuncio de negociaciones avanzadas ha servido para preguntarnos nuevamente por qué tantas compañías catalanas relevantes se han vendido en los últimos tiempos. Una dinámica que viene inquietando, en la medida en que la desaparición de sedes corporativas refleja pérdida de vigor y constituye un lastre para el futuro del país.

En las últimas décadas, han sido muchas las sagas empresariales catalanas que se han difuminado, de la misma manera que no son pocas las pymes que siguen optando por venderse. Las razones son diversas y, entre ellas, destaca la falta de sucesión familiar, la dificultad por gestionar un accionariado numeroso y heterogéneo, el temor a un futuro cargado de incertidumbre, las exigencias de una economía hipercompetitiva o el cansancio acumulado de tantos pequeños empresarios. Además, Catalunya no es una excepción: esta dinámica de venta se percibe en toda Europa, si bien se acentúa en el
caso español, dado que, a menudo, la dimensión de nuestras empresas se muestra insuficiente para competir con las europeas, por no mencionar las asiáticas o estadounidenses.

La tendencia es preservar el dinero recibido y arriesgar muy poco

Esta intensidad en la venta de empresas no debería preocuparnos, ya que, en una economía abierta, forma parte de la normalidad que unas compañías se vendan, otras compren y, especialmente, surjan nuevas iniciativas empresariales. Además, en un entorno global tan exigente, muchas compañías no tienen mejor alternativa para sobrevivir que el integrarse en un grupo de mayor dimensión. Asimismo, el papel tan activo de los fondos de inversión, que disponen de recursos ingentes para invertir en adquisición de empresas, favorece en mucho las compraventas. Por ello, la cuestión no radica en si muchas empresas cambian de propietarios, sino en qué hacen los accionistas vendedores con el dinero que reciben.

Lo deseable para el buen funcionamiento de una economía moderna y dinámica es que buena parte de lo recibido
por la transmisión de una compañía retorne al mundo productivo, adquiriendo otras empresas o participando, como un socio más, en nuevos y ambiciosos proyectos. Sin embargo, la perspectiva de décadas, en que no pocas sagas familiares catalanas se han enriquecido de manera notable con la venta de sus empresas, nos muestra como la tendencia dominante es preservar lo recibido y arriesgar muy poco. Se entiende que el pequeño empresario opte por una gestión acomodaticia de su patrimonio, invirtiendo en inmuebles y productos financieros de alta seguridad, pero sería deseable que los grandes patrimonios, fruto de la venta de una compañía familiar que ha pasado de generación en generación, no procedieran de la misma manera; que, aparte de heredar el patrimonio, también hicieran suyo el espíritu de quienes fundaron la saga empresarial.

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