
En menos ya de un año –el 23 de mayo del 2027–, las elecciones municipales serán un primer test del impulso de Aliança Catalana (AC), el partido ultra que lidera Sílvia Orriols y que las encuestas dibujan como un actor político a tener seriamente en cuenta en Catalunya. De momento, su hoja de servicios es escueta: dos diputados en el Parlament y dieciocho concejales. Pero, de nuevo según los sondeos, podría multiplicar sus resultados por diez, un pronóstico que inquieta especialmente a Junts y Vox, con los que se disputará parte de ese electorado potencial.
¿Cómo son esos votantes que podrían elegir la papeleta de Aliança? ¿Dónde viven? ¿Qué les preocupa? ¿Qué mensajes les van a mover a votar? Son preguntas que el propio partido se plantea, mientras desarrolla su estrategia de implantación en el territorio.
Las encuestas de opinión dan algunas respuestas. De entrada, confirman que el crecimiento de AC se observa de forma sostenida, y que por tanto es real. Una parte de los votos que ganan proceden de Junts (un 20%) y de Vox (un 10%) y en menor medida de ERC, según el último barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO).
Hay un gran malestar en el votante de AC, con la política, con las instituciones y con el fin del ‘procés’
Y Aliança también podría movilizar abstencionistas. Una parte de los que no votaron en las elecciones al Parlament del 2024 dicen que les votarán, según detecta el Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS). ¿Lo harán? Dependerá de cuál sea el clima político cuando se celebren las elecciones, que es un condicionante de la participación, advierte el director del ICPS, Oriol Bartomeus.
La oposición a la inmigración, sobre todo la de países de religión musulmana, es el motor principal del voto a Aliança. Es un propulsor tan importante como en el voto a Vox, y se basa en factores socioeconómicos y de seguridad, pero sobre todo de apropiación cultural: se hace hincapié en que la inmigración pone en riesgo la lengua y la cultura catalanas.
Hay otros rasgos del electorado de ultraderecha que se detectan entre los votantes de AC, como un gran malestar y rechazo al mainstream , a la política y los políticos, y baja confianza en las instituciones. Es además un voto masculinizado, típico de los seguidores de la extrema derecha, y muy sensible al discurso polarizante de Orriols, una líder carismática, con niveles altísimos de aprobación interna.
Una parte del electorado de Orriols siente que, entre la inmigración y las elites, está perdiendo el país
Otro impulsor del voto ultra es el pensamiento conspirativo, que el CEO detectó en un tercio de los votantes de Aliança, en una encuesta sobre posverdad. La impugnación de la realidad por el pensamiento conspirativo, muy importante también en Vox, se traduce en sentimientos de nostalgia: piensan que las elites, la izquierda, los woke, les están robando el país –España en el caso de Vox– y los demás partidos no hacen nada para impedirlo. “Se están perdiendo las tradiciones que definen nuestra cultura y manera de ser” es una afirmación que avala más de un 80% de los votantes de Aliança y de Vox, pero también un 76% de Junts, según el CEO.
Pero el electorado de Aliança es más poliédrico que el de Vox. Y la diferencia viene del procés . El independentismo no tiene el peso que tuvo entre los que dicen que votarán a AC (un 30% se sienten cómodos dentro de España, según el CEO), pero la mitad apoya un Estado independiente –en Junts llegan a un 75%–. “Aliança recoge un voto muy irritado con el procés . Son gente que seguramente nunca se había interesado por la política, pero se movilizaron con el procés , sentían que hacían algo importante y se quedaron colgados –explica Bartomeus–. Se sienten traicionados por los partidos y son los que dicen ‘ahora, Orriols’”.
Esta realidad se ubica en la Catalunya interior, ciudades medianas y pequeñas, de absoluto dominio del nacionalismo y preferencia por la independencia, detalla el director del ICPS, que indica que este es el voto de Junts que se va a Aliança. Y hay otro sufragio más castellanohablante y más metropolitano, más de extrema derecha clásica, que procede de Vox, cuyo electorado se autoubica más a la derecha que el de Aliança.
¿Hay una diferencia sustancial entre voto urbano y rural en AC? En el CEO no la detectan. Es lógico. Si Aliança crece, tiene que hacerlo en las ciudades, y lo que se ve es que ahí están penetrando.

Sigue la incógnita de Barcelona
A un año de las elecciones municipales, es una incógnita dónde se presentará Aliança Catalana. Aseguran que solo donde prevean obtener concejales. “No damos pasos en falso”, sostienen. Ya han anunciado candidatura en ciudades como Reus, Amposta, Tortosa, Berga, Mataró o Figueres. Vendrán más, a cuentagotas. También en Tarragona, Girona y Lleida, pero lo anunciarán cuando cierren el candidato de Barcelona, que se retrasa tras la renuncia por razones médicas del publicista Lluís Carrasco, estratega de la última campaña de Joan Laporta para el Barça. Tienen sedes en Barcelona, Lleida y Reus, entre otras, y en breve en Girona y Mataró. Hay 32 ejecutivas comarcales y pronto empezarán con los comités locales. Y desde hace años ponen carpas informativas los sábados en varios municipios. “Estamos en campaña permanente”, aseguran.

