Israel acarició la victoria en el concurso musical más importante del mundo, aupado por un voto popular masivo que contrasta con su debilitada imagen exterior. Ni las miles de manifestaciones contra el genocidio en Gaza, ni el boycott de cinco países —España, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia e Islandia— lograron arrebatar el segundo puesto en Eurovisión al israelí Noam Bettan.
La participación de ‘Michelle’, su balada popera en hebreo, francés e inglés, ha provocado un gran debate entre los miembros de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), encargada de organizar la 70ª edición del concurso en Viena, con diversas naciones a favor de expulsar a Israel, como se hizo con Rusia en 2022 por la invasión de Ucrania.
La noche del espectáculo, la playa de Tel Aviv se abarrotó de eurofans israelíes, conscientes de que el concurso de la canción es otro de los múltiples frentes de batalla de su país. A diferencia de otras partes de Israel, donde la población ultraortodoxa y religiosa tiene más peso, el carácter telavivi pasa por la secularidad, el servicio militar obligatorio, el surf y las cafeterías de especialidad.
El Tel Aviv más queer y nacionalista estaba encarnado esa velada por la drag queen Ziona Patriot, maestra de ceremonias del evento público organizado para visionar el concurso. Su nombre artístico, asegura a La Vanguardia, nace del amor a su país: “Soy sionista y patriota; y creo que deberíamos llevar patriotas y sionistas a Eurovisión”, sentencia.
Algunas banderas de Israel y kilos de purpurina danzaron cuando Bettan, el tercero en la lista de actuaciones, pisó el escenario. Pero la euforia se diluyó al finalizar los tres minutos de canción, cuando la mayoría de asistentes comenzó a abandonar el recinto en busca de otras fiestas. La tensión sólo aumentó en los últimos minutos del programa, en los que la victoria de Israel parecía posible. Sin embargo, la barra de televoto otorgó el trofeo en forma de micrófono a Bulgaria, representada por la artista Dara y su ‘Bangaranga’.
A pesar de la decepción por el resultado final, las autoridades israelíes ensalzaron a su abanderado como un héroe nacional. El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, felicitó a Noam Bettan por su medalla de plata pese “a la campaña de incitación y difamación” del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. “En nombre del sistema de defensa y de los soldados de las FDI, felicito a Noam Bettan por su enorme logro al obtener el segundo lugar en Eurovisión, @sanchezcastejon y sus aliados”, dijo Katz en X. “¡El pueblo de Israel vive!”, añadió.
Pese a que Israel compite en Eurovisión desde 1973, el concurso, según Ziona Patriot, “ganó importancia aquí después de la canción Unicorn de Noa Kirel”, que participó en 2023 tan sólo unos meses antes de los ataques del 7 de octubre y del inicio de la ofensiva sobre la franja de Gaza. “Luego llegó la guerra y empezó a convertirse en algo sionista ver Eurovisión”, afirma la artista drag.
Según una investigación del New York Times publicada esta semana, el gobierno israelí financió parcialmente durante estos últimos tres años una ostentosa campaña para movilizar el voto, con un coste de al menos un millón de dólares, que aparentemente animaba a votar por Israel como muestra de apoyo político. Ziona Patriot describe cómo la atención sobre Eurovisión ha ganado peso: “Hasta mi madre ve Eurovisión ahora, y antes nunca lo hacía. Todo el mundo quiere que Israel gane. Y además los judíos de todo el mundo votan por Israel”.
La sensación desde Tel Aviv es que escaparates como Eurovisión luchan contra el malestar creciente contra su país. “Por supuesto que (la salida de cinco países europeos del concurso) es por su odio a Israel. No hay otra razón. Pero si no nos quieren, que se vayan. Nosotros nos quedamos. Si España ni Holanda están, ¿quién gana? Ganamos nosotros, porque seguimos aquí y ellos no”, sentencia Ziona.
La fiesta en Tel Aviv termina de forma agridulce, con un joven en servicio militar cruzando el control de seguridad con su fusil semiautomático reglamentario colgando del brazo. El alto el fuego con Irán ha despejado el cielo de la ciudad de misiles y alarmas antiaéreas. Y mientras la batalla musical termina a los pies del mar, la percusión de los bombardeos azota la misma costa: al norte, Líbano; al sur, Gaza. Y en medio, la guerra infinita por la narrativa.
