La polarización que afecta a Perú

En el 2008, surgió en Argentina la idea de “grieta”, que apuntaba directamente a la polarización presente, bajo la lógica de peronismo/antiperonismo, o kirchnerismo/antikirchnerismo. Visto lo que sucede en Perú, en esta y pasadas elecciones, la afirmación de un país polarizado se ha convertido en dogma. En estos días ajetreados, con mucha gente al borde del infarto, la pregunta no es cuándo se jodió el Perú sino, ¿cuán polarizado está, cuán profunda es la grieta y por dónde pasa? Esta elección, como todas las presidenciales de este siglo, se resolvió en segunda vuelta. Cuando esto ocurre la elección es binaria, con solo dos candidatos donde elegir. No hay más. El voto se divide entre dos opciones en un escenario de evidente polarización.

En la primera vuelta, los dos más votados, Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, y Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, solo obtuvieron el 29,2%, mientras el resto de los votos se repartió entre 32 aspirantes. La misma fragmentación se dio en las legislativas, con un Parlamento bicameral sumamente dividido, que le complicará al nuevo presidente la gobernabilidad.

Portadas de distintos diarios dedicadas a las elecciones de Perú este lunes, en un quiosco de Lima
Portadas de distintos diarios dedicadas a las elecciones de Perú este lunes, en un quiosco de LimaPaolo Aguilar / EFE

En la mañana del martes 9, con el 95,5% del voto escrutado en el conteo oficial rápido, la distancia entre ambos era de 33.735 votos (50,095% y 49,905%). Un resultado tan apretado lleva a hablar erróneamente de empate técnico, un concepto aplicable a las encuestas, pero no a una elección donde o hay un ganador o solo hay empate si hay un número igual de votos. Por eso, habrá que esperar hasta mediados de julio para conocer al nuevo presidente o presidenta, cuando se sustancie legal y formalmente todo el proceso electoral y se haya incorporado el voto del exterior, que podría beneficiar a Fujimori.

Esta vez, como en muchas segundas vueltas, se votó más por quien generaba menos rechazo que por propio convencimiento. Esto penalizó por cuarta vez a Fujimori, capaz de ganar en primera vuelta pero hasta ahora incapaz de hacerlo en segunda. El antifujimorismo, omnipresente desde hace tiempo, sigue castigando a la hija del expresidente. A esto se le suman méritos propios, como su manejo partidista del Congreso, convertido en una de las instituciones más impopulares del país, muy visible en la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski, en el 2018.

Sánchez también cargaba con una pesada mochila, que lo afectó negativamente, como erigirse en sucesor de Pedro Castillo, otro expresidente preso, a lo que sumó el apoyo de Antauro Humala, hermano del expresidente Ollanta, un exmilitar, nacionalista, racista y xenófobo (etnocacerista) que podría tener influencia en el próximo gobierno. Sin embargo, esto no fue suficiente para que muchos peruanos se abstuvieran de votarlo.

En Perú el voto es obligatorio y la multa por no hacerlo va de 7 a 30 euros. Muchos peruanos votaron resignados, aunque no se sintieran representados por los candidatos, eligiendo el mal menor, en función de intereses a veces contradictorios. Perú esta polarizado, pero no en torno al eje izquierda derecha, sino por su geografía y su estructura social y étnica. El sur andino, con una gran población indígena, es profundamente anti limeño. El discurso de Fujimori de atraerlos no pudo, o no supo, limar años de desprecio y descalificaciones. Una vez más la venganza del Perú profundo contra sus elites ilustradas, aunque esta vez puede no haber bastado. 

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