La estrella de David israelí y el cedro de Líbano compartieron un inédito escenario en Washington. Los gobiernos de ambos países mantuvieron conversaciones directas por primera vez en tres décadas para poner fin a una guerra que en el territorio libanés ya ha dejado más de 2.000 muertos y 1,2 millones de desplazados.
Ambas delegaciones llegaron a la capital estadounidenses bajo la presión de la Casa Blanca, que ha advertido que una campaña más prolongada de Israel sobre la milicia Hizbulah _principal aliado de del régimen de los ayatolás en la región_ podría socavar las ya precarias negociaciones de paz con Irán, a quien ha dado dos semanas de tregua. Teherán, por su parte, asegura que no habrá alto el fuego permanente hasta que se detenga la invasión terrestre y los bombardeos israelíes.
Sin embargo, hay un actor ausente en la sala de negociación. El secretario general del Partido de Dios, Naim Qásem, declaró en un discurso televisado el lunes que “la resistencia continuará hasta el último aliento”. Acusa al primer ministro Nawaf Salam y al presidente Joseph Aoun de llevar a cabo una “traición nacional” por en la mesa junto a la delegación israelí y reiteró que cualquier acuerdo debe contar con el sí del grupo armado.
El gobierno libanés ya ha llevado a cabo diversos intentos de desarmar a Hizbulah, que más allá de su brazo armado, controla la infraestructura de una gran parte del sur y el este de Líbano, con su bastión principal en los suburbios de la capital, Beirut. Tras la muerte del ayatolá Ali Jamanei en el primer día de la contienda, la organización decidió sumarse y desde entonces ha lanzado decenas de andanadas de misiles contra el norte de Israel.
Por su parte, Tel Aviv ordenó a sus tropas entrar en suelo libanés y crear una zona tampón en el sur. En más de un mes de guerra, el Ejército hebreo ha logrado penetrar escasos kilómetros en el país vecino. Las principales batallas se centran ahora en las localidad de Bin Jbeil y Jiam, claves para el control la región meridional. Las bombas israelíes han arrasado por completo otros pueblos, mientras la población libanesa teme que no se retiren una vez acabado el conflicto.
Estados Unidos ha escogido al secretario de Estado, Marco Rubio, como mediador entre ambos países. El líder de la diplomacia norteamericana reconoció que la complejidad del conflicto impide una solución inmediata, pero consideró que las conversaciones podrían sentar un “marco” para una seguridad duradera. “Es una oportunidad histórica”, declaró.
