Mal cuerpo

Al Gobierno se le está poniendo mal cuerpo. La guerra de Irán ya ha entrado en su segundo mes por lo que no va a ser corta. Si antes del verano no se abre el estrecho de Ormuz las cosas se pueden poner mas que negras. Los primeros indicadores en llegar no tranquilizan. Los datos de empleos del primer trimestre reflejados por la Encuesta de Población Activa (EPA) son malos y eso que solo refleja un mes del conflicto. La inflación, situada en el 3,2% en abril frente al 2% del objetivo marcado para la zona euro, es muy preocupante y las señales emitidas por el BCE sobre una hipotética subida de tipos suenan a amenaza.

No resulta sorprendente que el vicepresidente primero del Gobierno, Carlos Cuerpo, se encuentre particularmente preocupado por la crisis petrolera que
le corresponde gestionar. Diversas señales de alerta provienen de múltiples
sectores, mientras que las negociaciones de paz entre Estados Unidos, Israel e Irán permanecen estancadas en un complejo proceso diplomático. Nadie parece estar dispuesto a ceder mientras la si-tuación sigue deteriorándose a marchas forzadas.

El declive se acelera tras el fin de las ayudas europeas y el freno del turismo y la inmigración

El Gobierno de Pedro Sánchez se ve obligado a ajustar sus previsiones: menor crecimiento económico y mayor inflación para este año. La incertidumbre impide elaborar el cuadro macroeconómico para los presupuestos 2026/27, lo cual sirve como excusa ante la falta de apoyo parlamentario, social y político. El declive se acelera tras el fin de las ayudas europeas y la ralentización del turismo y la
inmigración. Probablemente la guerra del Golfo marque el fin de los años de
vacas gordas.

Tras el fuerte crecimiento del precio de la energía Carlos Cuerpo activó un plan anticrisis de 80 medidas con ayudas por valor de 5.000 millones, centrado en rebajas fiscales y subvenciones a los combustibles. El objetivo no era desincentivar su consumo, como hubiese sido lo deseable, sino que las empresas no trasladasen ese incremento de costes al precio de sus productos. En plena negociación colectiva el incremento de salarios es inevitable. Es decir, quería evitar los efectos de segunda de tal manera que la subida de la energía y de los alimentos no se trasladase al resto de la economía, generando una espiral inflacionista.

En pocas semanas se evaluará el impacto de estas medidas para determinar si es preciso implementar un plan
más fuerte ante el empeoramiento de la situación. Según muchos economistas ortodoxos, lo realizado hasta ahora resulta insuficiente y orientado de manera incorrecta.

Si la energía sigue encareciéndose y el barril de Brent supera los 150 dólares, lo ideal sería pactar rentas: limitar el aumento de salarios, beneficios y pensiones al 2% y destinar ayudas a los sectores vulnerables. Sin embargo, esta medida es impopular; Pedro Sánchez la rechazó tras la guerra de Ucrania y previsiblemente volverá a hacerlo ahora.

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