Nueve momentos clave tras el 11-S: cómo los atentados cambiaron el mundo

2001 marca el momento álgido de la hegemonía de Estados Unidos en el mundo. Después de la Guerra Fría, tras el colapso de la Unión Soviética y el triunfo del bloque capitalista, el cambio de siglo trajo consigo un mundo unipolar liderado por EE. UU. como potencia hegemónica, acompañado de una sensación de estabilidad que dejaba atrás un siglo marcado por las guerras. La paz se vio abruptamente truncada de la manera más traumática posible: por primera vez, la primera potencia se mostró vulnerable ante un ataque exterior. 

El golpe cambió la psicología del país. Estados Unidos fue herido en uno de los símbolos de su dominio global: el World Trade Center, centro del comercio mundial. En los siguientes 25 años se sucedieron una serie de acontecimientos singulares que indican un cambio en el mundo propiciado por el que fue el acontecimiento más traumático de la historia reciente de Occidente. Estos son algunos de esos momentos.

2001 – 2003

La guerra contra el terror

Tras los atentados del 11-S, Estados Unidos se enfrentó a un enemigo inédito a quien declararle la guerra: el terrorismo yihadista. La guerra contra el terror no era una guerra contra un estado, sino contra una amenaza permanente. Su atacante no tenía un rostro definido. Desaparecían los límites geográficos y la victoria dejó de ser una disputa territorial. El objetivo del enemigo —provocar el miedo— situó la seguridad como la prioridad del Estado. Bajo el gobierno de George Bush, la política exterior estadounidense se basó en la intervención preventiva sobre aquellos países en los que se pudiera gestar una amenaza. 

Para ello se definió “el eje del mal” y se llevaron a cabo las intervenciones de Afganistán e Irak durante la primera década del siglo XXI, en busca del líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, y de armas de destrucción masiva. Ninguna de las dos guerras consiguió acabar con la amenaza yihadista, cuya ideología ha demostrado ser inmune a una solución por la vía militar. Bajo el liderazgo de Barak Obama, EE. UU. declaró la guerra al Estado Islámico (sucesor en la práctica de Al Qaeda), alejándose de la intervención terrestre de Bush y retirando las últimas tropas en Irak. 

Los expresidentes de EE.UU., Barack Obama y George W. Bush, asisten a la ceremonia para conmemorar el décimo aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre 
Los expresidentes de EE.UU., Barack Obama y George W. Bush, asisten a la ceremonia para conmemorar el décimo aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre Propias

La eliminación de Bin Laden en 2011 puso de manifiesto una realidad: el terrorismo no dependía de un líder, y se continuó expandiendo hasta el día de hoy. La guerra de EE.UU. contra el terror no consiguió sus objetivos. El radicalismo se expandió en Europa con nuevos atentados durante los años siguientes, resurgió en Afganistán con el regreso de los talibanes en el 2021 y continúa suponiendo una amenaza para el mundo.

2007

El cambio climático se intensifica

En el 2007, seis años después de los atentados, hacia su aparición una amenaza sin rostro y, en este caso, también sin armas. Las Naciones Unidas publicaron el Cuarto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el escrito más detallado sobre este fenómeno hasta la fecha. Las conclusiones eran claras: el calentamiento global era inequívoco, era el resultado de la acción del hombre, numerosos sistemas naturales estaban siendo afectados y la situación proseguirá durante siglos. 

A día de hoy, el mundo continúa perdiendo esta guerra. Los fenómenos extremos se intensifican, la temperatura y el nivel del mar aumentan de forma global y el planeta trata de aguantar el ritmo a los cambios en el clima, cada vez más bruscos. Como contrapunto, también aumenta el negacionismo frente a la evidencia científica, hoy en día utilizado incluso como reclamo electoral y programa político por los partidos populistas.

Foto tomada en el 2007. El derretimiento de los polos se convirtió en un símbolo de la lucha climática 
Foto tomada en el 2007. El derretimiento de los polos se convirtió en un símbolo de la lucha climática AFP

2008 – 2011

La Gran Recesión: crisis inmobiliaria y financiera

En 2007, el mundo descubrió que la prosperidad descansaba sobre una gran montaña de deuda. La burbuja inmobiliaria, sostenida por productos financieros sofisticados y diseñados por Wall Street, estalló y derivó en una gran crisis bancaria que se extendió de Estados Unidos a todo el planeta. La crisis duró hasta el 2009 y se prolongó después en el continente europeo, en lo que se conoció como la crisis del euro. Todo ese período histórico se conoce como la Gran Recesión, la peor crisis de Occidente desde la Gran Depresión de los años 30. Provocó una caída de la capacidad adquisitiva de la población y, en el caso de Europa, la aplicación de políticas de austeridad muy dolorosas.

Imagen de una caída bursátil 
Imagen de una caída bursátil AFP

2013

Xi Jinping: el gigante asiático se reafirma

2013 es el año en el que Occidente dejó de mirar a Asia como la fábrica del mundo para empezar a percibir al continente —y especialmente a China— como un competidor real. El arquitecto del progreso chino ha sido Xi Jinping, quien ha transformado el país en una máquina de crecimiento imparable en la manufactura y lo ha situado como claro aspirante a relevar  la hegemonía estadounidense. Xi heredó una China que ya había aceptado las reglas del juego del capitalismo global, y que pasó de ser una economía emergente para convertirse en una superpotencia mundial. 

El gigante asiático es, con Xi, más gigante que nunca. El líder del Partido Comunista ha conseguido grandes logros, como duplicar el PIB de China desde su llegada, revolucionar y modernizar el ejército o perseguir la corrupción política. Sin embargo, su logro más importante es el diplomático. Bajo la “Iniciativa de La Franja y La Ruta”, la estrategia de desarrollo global que Xi impulsó en su primer año como líder, el mandatario fijó su política exterior en la idea de “negociar, construir y compartir juntos” a partir del libre comercio. 

El presidente chino, Xi Jinping, aparece en una pantalla durante un espectáculo previo al centenario de la fundación del Partido Comunista Chino 
El presidente chino, Xi Jinping, aparece en una pantalla durante un espectáculo previo al centenario de la fundación del Partido Comunista Chino Ng Han Guan / AP

En la práctica, esto ha supuesto una expansión sin precedentes en todos los continentes, especialmente África y América Latina, donde China ya es el primer socio comercial y donde se están llevando a cabo macroproyectos como el puerto chino de Chancay en Perú o los hubs portuarios de África occidental. A la hora de cumplir su misión, el autoritarismo chino ha tropezado con algunos obstáculos en la última década: la pandemia de la COVID-19, el descenso acelerado de la natalidad y la represión contra minorías y territorios disputados como el Tíbet.

2016

El caos se apodera de la política en Occidente

El año 2016 supone la irrupción del caos de la política occidental, el auge del populismo de extrema derecha. El primer signo del cambio fue la aprobación del Brexit en el Reino Unido. En el trasfondo, como preocupación, la afluencia de refugiados hacia Europa reavivó el temor a una inmigración incontrolada con la entrada de más de un millón de personas que escapaban de conflictos en Oriente Medio, principalmente sirios, afganos e iraquíes, despertando la islamofobia como ya ocurrió el 11-S. 

(De izquierda a derecha) Geert Wilders, líder del Partido por la Libertad (PVV) de extrema derecha neerlandés, Marine Le Pen, líder del partido francés de extrema derecha Agrupación Nacional; Santiago Abascal, líder del partido español de extrema derecha VOX y presidente de Patriotas por Europa; Viktor Orbán, primer ministro de Hungría; y Matteo Salvini, viceprimer ministro italiano 
(De izquierda a derecha) Geert Wilders, líder del Partido por la Libertad (PVV) de extrema derecha neerlandés, Marine Le Pen, líder del partido francés de extrema derecha Agrupación Nacional; Santiago Abascal, líder del partido español de extrema derecha VOX y presidente de Patriotas por Europa; Viktor Orbán, primer ministro de Hungría; y Matteo Salvini, viceprimer ministro italiano Pablo Blazquez Dominguez / Getty Images

A su vez, los efectos de la crisis del 2008 alejó aún más a los votantes de los gobiernos, provocando el recelo hacia los partidos tradicionales. Fue este caldo de cultivo el que permitió a la extrema derecha ganar fuerza y captar el descontento social a través de medidas populistas que le dieron votos. Jean-Marie Le Pen reavivó al Reagrupamiento Nacional en Francia; Alternativa por Alemania (AfD) —actualmente primera fuerza en el este del país— entró en el Bundestag; Nigel Farage, hoy líder de la ultraderecha británica, se transformó en la cara visible del Brexit y en Estados Unidos un líder populista llegado del mundo de los negocios pulió su lema “Make America Great Again” para acceder a la Casa Blanca y sentar las bases del trumpismo. La primera llegada de Trump promovió una política anti globalización, la voluntad de regresar al proteccionismo y la filosofía de “America primero”.

2020

La Covid-19 detiene el mundo

Si los atentados del 11 de septiembre significaron el punto de inflexión que marcaría la década de 2010, la pandemia de la COVID-19 marcó el inicio de la década siguiente. El mundo se paró como nunca antes para combatir otra amenaza común, un nuevo enemigo sin rostro que mató a millones de personas. La economía, aún no recuperada por la crisis del 2008 y lejos de estar preparada, volvió a desplomarse con aún más fuerza. La psicología mundial era nuevamente forzada a readaptarse, con unas consecuencias que a día de hoy se siguen pagando. Según datos de la OMS, la pandemia incrementó hasta un 27% la prevalencia de la depresión y la ansiedad a escala global. El mundo tuvo que reaprender sus costumbres, sus manías y sus rutinas. Como ocurrió con el cambio climático, el desconcierto social y la falta de respuestas ante preguntas incipientes volvió a despertar el escepticismo contra la ciencia. Las teorías antivacunas y conspirativas se convirtieron en un nuevo reclamo político del populismo emergente.

Personas llevan mascarillas durante la pandemia de la Covid-19 
Personas llevan mascarillas durante la pandemia de la Covid-19 AP

2022

El regreso de la guerra a Europa: Rusia invade Ucrania

El año 2022 estuvo marcado por el regreso de la guerra a Europa después de los terribles conflictos en los Balcanes en la década de los 90. Rusia recordó, con la invasión de Ucrania, que la guerra no solo sucede en puntos remotos del planeta, sino también a las puertas de casa. El conflicto, tras cuatro largos años, está lejos de terminar y las posturas de ambos bandos se mantienen alejadas. En este período de tiempo, Ucrania ha demostrado que es capaz de resistir gracias a la ayuda de sus aliados, quienes están pagando políticamente su solidaridad con el invadido. La corriente euroescéptica ha encontrado en Ucrania a quien señalar por el gasto de recursos y ha servido como parte del programa político de gobiernos como el de Viktor Orbán en Hungría y partidos como la AfD en Alemania.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin 
El presidente de Rusia, Vladímir Putin MIKHAIL METZEL / AFP

2023

Atentados del 7 de octubre: Israel redibuja  Oriente Medio

Un año después del inicio de la guerra en Ucrania, llegó el segundo de los frentes de conflicto que marcaría esta década, esta vez en Oriente Medio. No fue un conflicto nuevo, sino un capítulo más en un conflicto interminable. El 7 de octubre del 2023, Israel vivió el ataque más mortífero sobre su territorio, un atentado que dejó 1.200 muertos y que provocó una respuesta contra la Franja de Gaza progresivamente más desproporcionada contra la población civil, bajo el argumento de una nueva guerra contra el terrorismo yihadista, esta vez provocado por Hamas. Se calcula que en este territorio han muerto más de 70.000 palestinos en estos años.

Una madre israelí se arrodilla en el altar de su hijo, dos años después del 7 de octubre 
Una madre israelí se arrodilla en el altar de su hijo, dos años después del 7 de octubre Ohad Zwigenberg / Ap-LaPresse

Israel vivía así su propio 11 de septiembre, que originó un trauma irreparable en sus relaciones con Palestina. Desde entonces, Oriente Medio se ha vuelto a ser una región dominada por la incertidumbre, en la que ni los aliados más cercanos a EE.UU. han logrado mantenerse al margen de la guerra. Tel Aviv, hoy más aislada que nunca y cuestionada internacionalmente por el auge de la violencia contra los palestinos, se acerca a las primeras elecciones tras los atentados, en las que un debilitado Netanyahu trata de contener a la oposición, ansiosa de respuestas para entender cómo pudo reproducirse el terror de Manhattan en la frontera con Gaza.

2025

El segundo mandato de Trump

Como en el 2016, la actualidad internacional vino marcada por un hombre que llegó con la intención de cambiar el mundo, cambiar América y cambiar el orden mundial. Se tardarán años para entender hasta qué punto Trump ha trastocado el tablero internacional tal y como lo conocíamos. El líder republicano llegó a principios del 2025 como relevo de Biden y, a diferencia de su primer mandato, con el control total sobre el Congreso, ha podido impulsar su agenda sin impedimentos. En apenas 19 meses, Trump fragmentó la alianza atlántica para distanciarse de Europa, regresó al proteccionismo mediante el uso de los aranceles como arma política y se retiró de la mayoría de organizaciones internacionales. 

Este aislacionismo, sin embargo, no se reflejó en la política exterior. Marcado por una fuerte voluntad expansionista (Canadá, Groenlandia, México y más recientemente Ormuz), el republicano derrocó y secuestró a Maduro para forzar al chavismo a pactar acuerdos económicos con Venezuela a su antojo. En la región, como también en Europa, promovió el auge de gobiernos de ultraderecha afines a sus políticas. Con el lanzamiento en 2026 de la guerra sobre Irán en colaboración con Israel, ha contradicho uno de sus principales slogans antes de la presidencia: poner fin a las “guerras eternas” en Estados Unidos, como las que precedieron a los atentados del 11-S. 

Trump levanta el puño tras ser disparado en Pensilvania 
Trump levanta el puño tras ser disparado en Pensilvania ANNA MONEYMAKER / AFP

Las comparaciones entre la actual guerra en Irán y las guerras de Afganistán e Irak aumentan tras 7 meses de conflicto en el que no se ve el final, ni se conocen plenamente los objetivos. El presidente no tuvo en cuenta las lecciones de la respuesta al 11 de septiembre, los inconvenientes políticos de las guerras largas y los peligros que representa un enemigo atrincherado que lucha por su supervivencia. Incapaz de evitar el aventurerismo militar por su afán de protagonismo, las urnas en las ‘midterm’ amenazan con hacerle pagar un precio muy alto a Trump, como ya ocurrió con George Bush tras la invasión de Irak, pues son los votantes estadounidenses quienes perciben realmente el coste económico de la guerra.

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