

La cooperación fluida entre todas las administraciones es indispensable para gestionar emergencias logísticas, humanitarias y de seguridad nacional como la de Ceuta. Cuando la relación se tensa por dinámicas políticas o personales, la toma de decisiones y la coordinación se vuelven más lentas y complejas. En ciudades como Ceuta, con una composición demográfica muy plural, elevar los niveles de crispación institucional es lo que provoca precisamente que se traslade el conflicto a las calles, minando la convivencia. Quien pueda parar, que pare.
