
Justo antes de verano me convocó a una reunión un directivo que acababa de incorporarse a una empresa. Al terminar la reunión, uno de sus colaboradores me hizo un comentario curioso: “Todavía no sé si estoy de acuerdo con muchas de sus decisiones, pero ya me fío de él”. Si aún no podía valorar su capacidad de acierto, ¿de dónde nacía esa confianza?
Pues verán: tendemos a pensar que la confianza depende del tiempo: que hace falta convivir muchos meses con una persona para saber si merece nuestra credibilidad. Sin embargo, todos hemos conocido profesionales en quienes confiamos al cabo de pocas semanas ¡o días! y otros con los que, después de años de relación, seguimos caminando con cautela.
¿Por qué? La diferencia no suele estar en el talento ni en la simpatía. Está en la previsibilidad.
Confiamos antes en quien actúa siguiendo un criterio reconocible. Puede tomar decisiones que no compartimos. Puede equivocarse. Incluso puede darnos “toques”. Lo importante es que entendemos por qué decide y cómo decide. Somos capaces de anticipar cuál será su reacción ante un problema, un conflicto o una oportunidad.
En cambio, las personas imprevisibles generan una sensación de incertidumbre permanente. Hoy reaccionan con calma. Mañana con enfado. Un día delegan. Al siguiente intervienen en todos los detalles. A veces premian un comportamiento y otras lo penalizan. Trabajar con ellas exige dedicar una enorme cantidad de energía a interpretar el contexto antes que el trabajo. Es bastante horrible, la verdad. ¿Por dónde me saldrá hoy?, nos preguntamos.
La economía lleva décadas estudiando el valor de la confianza. Ronald Coase y Oliver Williamson explicaron que buena parte de los costes de una organización provienen de coordinar personas y reducir incertidumbres. Cuando la confianza aumenta, disminuyen los controles, las verificaciones, las reuniones y las supervisiones. La organización se vuelve más ágil. Déjense de tanto agile : previsibilidad. Con el tiempo he comprobado que esto también ocurre en los proyectos creativos. Cuando preparo un libro, una conferencia o una obra musical con un equipo nuevo, la confianza aparece cuando cada miembro cumple lo que promete. Poco a poco deja de ser necesario comprobarlo todo. El proyecto avanza de forma imparable.
Resulta curioso. Pues en un entorno profesional donde todo cambia la una velocidad alucinante ser previsible adquiere un valor económico. No hace falta conocerlo todo sobre una persona. Basta con conocer el patrón con el que toma sus decisiones. Esa previsibilidad termina siendo una de las formas más eficaces de liderazgo, productividad y, especialmente, de convivencia profesional.
