Más de 350 años nos separan de la farmacia que Friedrich Jacob Merck compró junto al foso del palacio de una pequeña ciudad bávara que todavía se recuperaba de las guerras y la peste. Ese negocio creció hasta convertirse en la compañía farmacéutica más antigua del mundo, que el año pasado facturó cerca de 21.100 millones de euros y ganó otros 2.600. En España, la empresa alemana se instaló hace ya 102 años con la apertura de una delegación comercial en Barcelona, y cinco décadas atrás inauguró su complejo industrial en Mollet del Vallès. Manuel Zafra es su presidente para el mercado español desde 2022 y avisa de la importancia de alcanzar la autonomía estratégica del sector farmacéutico en Europa ante la dependencia de terceros países.
¿Qué papel juega su fábrica catalana en la estrategia global de Merck?
Esta fábrica ha ido ganando una posición estratégica importantísima dentro del grupo. Aquí fabricamos productos farmacéuticos para la diabetes o enfermedades cardiometabólicas. Producimos unos 3.000 millones de dosis al año, que exportamos a 17 países. También tenemos una planta química donde hacemos sobretodo principio activo. En estas instalaciones, contamos con cerca de 600 empleados de los 1.200 que tenemos en España.
¿Por qué se instalaron aquí?
Catalunya ha sido siempre una potencia en el sector farmacéutico. Aquí hay 79 fábricas de medicamentos de uso humano, una parte muy importante de las que existen en España. Hoy ya es un hub no solo farmacéutico, sino biotecnológico con una importancia a nivel mundial clave. No solo por la presencia industrial, también por el ecosistema de innovación que se ha generado y la excelencia de los centros de innovación y de los investigadores que hay en Barcelona.
¿Han invertido en mejorar sus instalaciones en Catalunya?
Toda las instalaciones de fabricación de medicamentos son complejas, están muy reguladas, y necesitan estar siempre a la vanguardia de modernización y tecnología. Es una necesidad continua de inversión. En los últimos 4 años, hemos invertido más de 40 millones de euros para mantener la fábrica competitiva. Esto significa digitalizarla, y también una parte muy importante, adecuarla para garantizar la sostenibilidad. Y lo vamos a seguir haciendo en los próximos años. Estamos preparados para aceptar nuevas producciones y nuevos retos en la fábrica de Mollet.
La UE se ha propuesto depender menos de terceros en la producción de medicamentos esenciales.
Hemos aprendido mucho desde la pandemia. Europa está haciendo un esfuerzo importante por garantizar esa autonomía estratégica y reconocer el valor que el medicamento tiene tanto para las personas como para la economía. La complejidad de la UE es que somos 27 países tomando decisiones sobre un mercado, mientras que nuestros competidores como China o EE.UU. son mucho más ágiles a la hora de tomar decisiones. Quizá deberíamos descomplejizar un poco la burocracia y, en algunas ocasiones, la sobrerregulación europea, para ganar una mayor agilidad.
“Estamos preparados para aceptar nuevas producciones y nuevos retos en la fábrica de Mollet del Vallès”
¿Qué debería hacer en los próximos años para avanzar por este camino?
Es muy importante no perder la carrera frente a otras regiones que hoy están ocupando ya los primeros puestos en inversión en innovación, como China y EE.UU., que han desplazado a Europa de los primeros puestos en ensayos clínicos. Es importantísimo ganar flexibilidad y velocidad. No podemos estar pensando durante tanto tiempo.
¿Cuáles son los principales cuellos de botella para la industria?
Garantizar el acceso a la innovación es un elemento importante a la hora de atraer inversión. Cuando tú vienes a un país a fabricar un producto, ¿qué necesitas? Necesitas un entorno regulatorio estable, un entorno político y económico estable, y que los productos lleguen hasta el consumidor. En el sector farmacéutico es exactamente igual. En países como España, esta innovación tarda más de 500 días en llegar hasta los pacientes. Es un cuello de botella y uno de los motivos por los cuales podría no venir la inversión a nuestro país.
¿Cómo les afecta la situación geopolítica y energética actual?
La industria farmacéutica está expuesta a las variaciones de precio que vienen producidas por el entorno geopolítico como cualquier otra. El precio de la electricidad y del gas son claves en nuestra estructura de costes. Pero sobre todo, lo más importante es que el precio del medicamento está fijado y acordado con el Ministerio de Sanidad. No se puede adaptar a los vaivenes del coste de fabricación. Mientras que en otras industrias, cuando estos aumentan, son capaces de repercutirlo en el precio del producto, nosotros no podemos hacerlo. Siempre que se producen estas tensiones en la materia prima, se produce tensión en nuestra cuenta de resultados automáticamente. La guerra de Ucrania afecta, el cierre del estrecho de Ormuz afecta… Todo lo que sea variar rutas y meter distancia, obviamente aumenta el coste del fármaco.
Europa ha aprobado nuevas normativas que les afectan, como la directiva que les obliga a pagar el coste de depurar las aguas residuales.
Uno de los elementos importantes es la sobrerregulación y la directiva de aguas residuales es uno de los ejemplos claros. Es una regulación que mejora la calidad de las aguas urbanas, que es una finalidad muy justa. Pero cuando miras un poco los detalles, ves que efectivamente señala únicamente a la industria cosmética y a la farmacéutica. Lo que se ha pedido es hacer un análisis adecuado de cómo se genera esa potencial contaminación en las aguas. Nosotros siempre hemos considerado que ese análisis no se había hecho de la manera más adecuada. Se han hecho apelaciones y la regulación se ha mantenido. Ahora lo que tenemos que hacer es la transposición a la legislación de los diferentes países.
¿Cree que Europa se arriesga a perder capacidad productiva?
Intento mirar al futuro con optimismo. Creo que actualmente se empieza a reconocer que la inversión en medicamentos no es un coste, sino una inversión en valor. Tanto Europa, como España, como Catalunya se han dado cuenta de que el medicamento aporta valor más allá de la salud de los pacientes, también a la economía y al empleo. Y pongo un ejemplo muy claro: por cada empleo que generamos en Merck, se crean más de tres empleos adicionales en la economía española. Hay que potenciar la innovación, la inversión y la industrialización del sector.
“En países como España, la innovación tarda más de 500 días en llegar hasta los pacientes”
¿Qué tendría que pasar para que mañana aterrizara otra gran inversión farmacéutica en Catalunya?
Ya existen las condiciones en Catalunya para atraer inversiones. La red industrial está establecida ya desde hace muchos años. Están los centros de investigación de excelencia, los investigadores de primer nivel mundial, el ecosistema de biotecnología con las startups y las scaleups , y la voluntad de la Generalitat de seguir potenciando el sector en Catalunya. No se trata de qué tiene que hacer el Govern para establecer un hub , porque ya lo es, sino qué hay que hacer para consolidarlo y escalarlo todavía más.
