En la Segunda Guerra Mundial, la flota aliada engañó a Hitler el Día D, induciéndolo a creer que el destino de la invasión sería Calais en vez de la bahía del Sena en Normandía. Ahora ocurre a la inversa, y las bandas de contrabandistas que transportan inmigrantes ilegales de Francia a Inglaterra parten de la playa de Utah –uno de los escenarios míticos del desembarco– con destino a Portsmouth.
La maniobra –que responde a la vigilancia cada vez mayor en las costas galas– ha pillado por sorpresa al gobierno británico, que tiene montado en Dover (Kent) todo el dispositivo para recibir a los migrantes y procesar sus solicitudes de asilo, con un centro de detención incluido. Que los traficantes hayan cambiado el viaje más corto (38 kilómetros) por una ruta mucho más larga que significa un viaje de diez o doce horas por el mar es considerado por las autoridades como preocupante.
También para los habitantes de Portsmouth, uno de los principales puertos de la Navy británica y que fuera capital de su imperio marítimo. Entre ellos Daniel Thomas, que se llama a sí mismo Danny Tommo, fue guardaespaldas del activista de ultraderecha Tommy Robinson y conductor de un tanque de los Húsares Reales, y se dio a conocer con sus peroratas contra los musulmanes en el Speakers Corner del Hyde Park de Londres. Se pasó dos años en la cárcel por intento de secuestro. Ahora disfruta su libertad liderando la llamada Plataforma de patriotas y utilizando las redes sociales para movilizar a la gente en actos anti inmigración.
Están organizados en células regionales y siempre llevan encima el número de teléfono de abogados afines
Estos “patriotas” van enmascarados y lucen camisas negras, al estilo de los squadristi de Benito Mussolini (brazo paramilitar del fascismo italiano) y de la Unión Británica de Fascistas de Oswald Mosley, cuya indumentaria era un símbolo de intimidación contra los sindicalistas, socialistas, comunistas y cualquiera que se opusiera a su ideología. Aunque ellos en teoría reniegan de la violencia y se limitan a bloquear las carreteras de acceso a los puertos, como en Dover y Portsmouth en los últimos días. Están organizados en células regionales, con una estructura inspirada en la de los grupos anarquistas de izquierda, medioambientalistas radicales como Extinction Rebellion y Stop Oil y los hooligans del fútbol Llevan encima los números de teléfonos de abogados afines, por si las cosas se ponen feas, y se saben de memoria los artículos 10 y 11 del Acta de Derechos Humanos, que establece el derecho de reunión. Los militantes que acuden a sus actos tienen órdenes de no sacar fotografías ni filmar con sus móviles, comunicándose entre ellos a través de grupos de Facebook.
Este autodenominado “ejército de patriotas cristianos” (uno de sus gritos favoritos es “Cristo es rey”) tiene el objetivo de “recuperar nuestras fronteras, restaurar el orden y hacer que Gran Bretaña sea para los británicos”. La convocatoria en Portsmouth, tras enterarse de la llegada de una lancha gigante con 140 inmigrantes a bordo desde la playa de Utah (Normandía) fue el siguiente: “Que venga todo el mundo, nuestra ciudad está siendo demográficamente reemplazada”.
En Dover unos doscientos “camisas negras” provocaron el caos bloqueando las carreteras de entrada y salida al puerto y haciendo que muchos pasajeros perdieran sus ferries. Una cantidad similar (que decepcionó a Danny Tommo, que esperaba unos diez mil) se enfrentó en Portsmouth con la policía, que tuvo que recurrir al uso de esprays de pimienta, y bloqueó hasta la madrugada la salida de los autobuses con los inmigrantes rumbo a Dover.
Igual que los “camisas negras” de Mussolini y Mosley, la intimidación es el modus operandi de estos enmascarados ingleses. Prueba de ello es que han identificado en las redes sociales a algunos de los voluntarios de la organización (RLNI) que se dedica a rescatar bañistas o embarcaciones en apuros, entre ellas las pateras de los inmigrantes, y ayudaron a trasladar a Portsmouth a los que habían partido de Normandía, y hecho públicas sus direcciones para convertirlos en blanco potencial de fanáticos.
En los doce meses hasta el 1 de septiembre, han llegado en lanchas a Inglaterra 16.513 inmigrantes, un 43% menos que el año anterior. Pero los “patriotas” que van con la camisa negra son indiferentes a ese descenso, porque su mensaje es que los solicitantes de asilo “roban, matan y violan a nuestras mujeres e hijas”. Y esperan que los centenares que movilizan ahora se conviertan en miles, y en decenas de miles, hasta que el país entero se levante en armas.
