Las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán deberán esperar. El presidente Donald Trump ha anunciado que, tras el plantón de la delegación iraní, ha decidido cancelar el viaje de sus dos negociadores, su yerno Jared Kushner y su amigo Steve Witkoff, que tenían previsto volar este sábado a Islamabad (Pakistán) desde Miami. “Mi gente se estaba preparando para salir, pero les dije que no: no van a hacer un vuelo de 18 horas para ir allá. Tenemos todas las cartas”, ha dicho el mandatario en una entrevista con Fox News. “Ellos pueden llamarnos cuando quieran, pero no van a hacer más vuelos de 18 horas para quedarse sentados hablando de nada.”
Como ya ocurrió el martes pasado, cuando el vicepresidente J.D. Vance tenía previsto volar a Islamabad junto a los otros dos emisarios, Teherán no llegó a confirmar su asistencia a la reunión anunciada por Pakistán y EE.UU. Pero existía una cierta esperanza, dado que su ministro de Exteriores, Abas Araghchi, aterrizó anoche en Islamabad y se reunió esta mañana con su homólogo pakistaní, Ishaq Dar.
Donald Trump, presidente de EE.UU.
“No van a hacer un vuelo de 18 horas para ir allá. Tenemos todas las cartas. Pueden llamarnos cuando quieran”
Trump anunció el viernes que Kushner y Witkoff iban a acudir a la reunión presencial, pero los planes han sido pulverizados tras la marcha de Araghchi, quien tras menos de veinte horas ha partido rumbo a Mascate (Omán), en medio de una gira diplomática que luego le llevará a Moscú. De este modo, ha hecho evidente que, debido al bloqueo naval de EE.UU. a sus puertos, que considera un “acto de guerra”, no se dan las condiciones para sentarse a negociar.
Cuando Witkoff y Kushner ya estaban haciendo las maletas, Araghchi descartó en redes cualquier negociación con ellos, directa o indirecta. El objetivo de su visita a la capital de Pakistán era entregarle al jefe del ejército, Asim Munir, una respuesta formal a las propuestas de Washington que este último les hizo llegar la semana pasada, en una intensa visita de tres días.
Esta contrapropuesta -cuyo contenido no ha trascendido- era todo lo que esperaba a los dos promotores inmobiliarios. Por este motivo, Trump ha anunciado, también a través de su red social, la cancelación de la ronda de diálogo. “Demasiado tiempo perdido en viajes, ¡demasiado trabajo! Además, hay enormes luchas internas y confusión dentro de su ‘liderazgo’. Nadie sabe quién está al mando, ni siquiera ellos”, ha señalado, insistiendo en las “fracturas internas” que afirma que está sufriendo su contraparte. “Si quieren hablar, ¡lo único que tienen que hacer es llamar!”, ha sentenciado Trump.
De todos modos, la visita iraní de hoy a la principal capital mediadora -Islamabad- y a la que lo fuera hasta febrero -Mascate- inyecta un mínimo de oxígeno a la actual tregua. Trump hizo lo propio el jueves al anunciar una prórroga de tres semanas al alto el fuego entre Israel y Líbano, que expiraba este domingo. En realidad, una pausa imperfecta a la invasión israelí, que este sábado dejaba cuatro muertos más.
La cúpula iraní ha dicho por activa y por pasiva que no piensa dejar en la intemperie a sus aliados libaneses de Hizbulah. También ha expresado que mientras haya bloqueo naval estadounidense, no habrá avances en el diálogo, ni una apertura indiscriminada del estrecho de Ormuz.

Islamabad se despertó este sábado como una ciudad cerrada a cal y canto, con algunas expectativas. Pero la desconfianza y pérdida de interés de Irán, tras la espantada del vicepresidente de EE.UU., Vance, el pasado 12 de abril -tras una maratoniana negociación de 21 horas- era evidente desde el principio.
El pasado febrero, Irán y EE.UU. estaban inmersos en negociaciones apadrinadas por Omán y aparentemente productivas. Al principio en Mascate y a finales de mes en la residencia ginebrina del embajador omaní en Suiza.
Treinta y seis horas después, Israel y EE.UU. lanzaban su agresión contra centros neurálgicos iraníes, que provocó cientos de víctimas en pocas horas. Entre ellas el Líder Supremo, Ali Jamenei, y 168 niñas en una escuela. Araghchi consideró que había sido “apuñalado por la espalda” por Witkoff y Kushner, ambos próximos al primer ministro israelí Beniamin Netanyahu.
Tanto Qatar como Omán pasaron en cuestión de horas de mediadores con Irán a víctimas de las represalias iraníes contra bases estadounidenses en su territorio (posteriormente, otras instalaciones energéticas, logísticas y de transporte se añadieron a la lista de objetivos). Si el resultado del blitzkrieg israelo-estadounidense hubiera sido otro, la mediación podría haber recaído en el primer ministro indio Narendra Modi, que el mismo 26 de febrero abrazaba a Netanyahu en Jerusalén: “India es la madre e Israel es el padre”, dijo.
Gira diplomática
Araghchi parte rumbo a Omán y continuará su gira diplomática en Rusia tras entregar su propuesta a Pakistán
Sin embargo, es la diplomacia pakistaní la que ha despuntado, contra pronóstico, como fuente de esperanza para un mundo al borde del infarto por las derivadas energéticas del conflicto. Aunque más que su primer ministro, Sharif, es el jefe del ejército, Munir, quien actúa como hombre orquesta y presume de que tanto le coge el teléfono al instante el presidente de Irán como el de EE.UU. Munir, además, habría mantenido un discreto encuentro en Omán de varias horas, en marzo, con los citados Witkoff y Kushner.
Teherán agradece la hiperactividad conciliadora de sus vecinos pakistaníes, que reunieron en Islamabad a un cuarteto de potencias medias musulmanas, antes de la maratón negociadora -abruptamente interrumpida- del 11 y 12 de abril.
El gobierno iraní está en deuda con Pakistán, pero en privado habría señalado el escaso margen de sus vecinos, permanentemente al borde de la suspensión de pagos, debido a su dependencia financiera, política y en parte militar respecto a EE.UU. y Arabia Saudí. De ahí que la cúpula iraní busque incorporar a Rusia en la mediación, como posible sede alternativa, incluso por motivos de seguridad.
Mientras tanto la diplomacia de Pekín -aliado tanto de Teherán como de Islamabad- se resiste todavía a poner toda la carne en el asador. Aunque podría ser significativa la actual visita a China, anunciada con pocas horas de antelación, del presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari. Empieza hoy mismo y durará una semana, con un marcado carácter económico.
Otro brote verde que se observa este sábado es que el aeropuerto Imán Jomeini de Teherán haya reanudado sus conexiones internacionales tras casi dos meses, con vuelos a Estambul, Mascate y Medina. El cielo se entreabre, mientras el estrecho de Ormuz permanece rigurosamente vigilado por los Guardianes de la Revolución, con peaje y derecho de admisión. El tiempo corre a su favor, mientras que a Donald Trump le va a costar mucho explicar en qué consiste exactamente su victoria, esa en la que dice tener “todas las cartas”.
Amenaza
El temor a ataques selectivos juega en contra de las negociaciones y las ralentiza
Donald Trump ha exclamado que no sabe quién manda en Teherán. Aunque su embajadora en Pakistán, Natalie Baker, pudo preguntárselo el jueves al ministro del Interior pakistaní, Mohsin Naqvi. El presidente de EE.UU. tal vez no lo sepa, pero Israel ha demostrado tener nociones sobre ello. Figuras como el Comandante del Cuartel General Central de Khatam al-Anbiya, al mando de las Fuerzas Armadas de Irán en tiempo de guerra. El mariscal pakistaní Asim Munir despachó con el actual, Ali Abdollahi, la semana pasada en Teherán. No se sabe si con la vista fija en el cielo, ya que tanto el antecesor de Abdollahi como el general que debía suceder a aquel fueron asesinados por la aviación israelí en junio pasado, con pocos días de diferencia.
El caso es que la demora de una semana entre la presentación de propuestas estadounidenses, vía mariscal Munir, y una respuesta formal tiene que ver con el debate en la cúpula iraní, pero también con la necesidad de obtener el visto bueno del nuevo Guía Supremo, Motjaba Jamenei, evitando cualquier comunicación electrónica que pudiera llevar a su geolocalización. Este se sabe objetivo número uno de Israel, que hace ocho semanas asesinó a su esposa, a su hijo, a su hermana, a su cuñado y a un sobrino, además de a su padre.
Este último, el imán Ali Jamenei, ya había sido objetivo de una bomba (incrustada en un magnetófono) en 1981, que le dejó un brazo paralizado por el resto de sus días. Aquel atentado terrorista fue atribuido a los Muyahidines del Pueblo. La misma organización mesiánica -bien relacionada con Washington, Riad y Tel Aviv- que tres décadas más tarde figuraría como importante fuente de financiación en los orígenes de Vox.


