Truth Social, el refugio de las frustraciones y los ajustes de cuentas de Trump

Cuando la cuenta de Twitter de Donald Trump fue suspendida como castigo por alentar un intento de golpe de estado en el 2021, el republicano se construyó un refugio digital: una plataforma de su propiedad, Truth Social, con la que dirigirse sin filtros a sus seguidores, recomendar inversiones, vender sus productos y estallar contra sus enemigos políticos sin temor a represalias. Si su primer mandato, en el que gobernó a golpe de tuit, ya cambió por completo la forma tradicional de comunicar de la Casa Blanca, en los quince meses desde que regresó al poder se ha desatado: sus publicaciones son más recurrentes, su tono más extremo y su autocensura inexistente.

El domingo, el presidente recibió una avalancha de críticas en su partido y acusaciones de blasfemia de parte de colectivos religiosos por publicar una imagen generada con inteligencia artificial en la que aparecía él mismo representado como Jesucristo sanando milagrosamente a un enfermo. En un movimiento poco habitual en él, dos días después la eliminó, algo que también hizo en febrero, cuando publicó un video racista en el que retrataba a Barack y Michelle Obama como gorilas.

En las últimas dos semanas, el presidente ha usado su red social para amenazar con extinguir una “civilización” milenaria en Irán, para criticar al Papa León XIV por “complacer a la izquierda radical” al mostrar su rechazo a la guerra o para escribir “alabado sea Alá” en un post con lenguaje vulgar y violento el domingo de Pascua. Ayer, volvió a incendiar las redes al compartir una imagen en la que aparece él junto a Jesús, rodeados de una aureola y la bandera estadounidense, en la que da a entender un mensaje promovido por su administración: que Dios le ha encargado, como a un profeta, salvar el mundo.

Es tan solo una reciente muestra de las decenas de publicaciones diarias, en ocasiones más de un centenar, en la cuenta del presidente. A través de Truth Social, también compartió el año pasado un vÍdeo en el que aparecía él con una corona pilotando un avión de combate desde el que arrojaba excrementos sobre los estadounidenses que se manifestaban contra su autoritarismo en Nueva York. Y es habitual que denigre e incluso celebre la muerte de sus enemigos, como cuando falleció el fiscal Robert Mueller, que investigó la interferencia rusa en las elecciones del 2016. “Bien, me alegro de que esté muerto. Ya no puede dañar a personas inocentes”, publicó entonces.

La presencia online de la mayoría de líderes políticos del mundo responde a una estrategia diseñada al milímetro por sus asesores, que preparan, producen, supervisan, filtran y publican mensajes pensados para transmitir una idea concreta a un público objetivo. No es el caso de Trump, o al menos no siempre. Su equipo de redes sociales cuenta con poco más de una decena de personas, que redactan algunas de sus publicaciones más formales; pero, según informan medios estadounidenses citando fuentes de la administración, las andanadas furiosas del presidente son de su propia cosecha.

El presidente ha limitado sus apariciones públicas desde la guerra de Irán, pero ha mantenido el ritmo de publicaciones

El periodista Chris Whipple, que entrevistó a la jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles, para la revista Vanity Fair, aseguró que la mujer de confianza del mandatario tiene en su oficina un monitor vertical que “muestra en directo las publicaciones de Trump en Truth Social”. “Creo que es simplemente una forma de que Wiles se mantenga al tanto porque nadie intenta controlar sus publicaciones”, señaló Whipple al periódico The Times. “Está desconectado, sin ataduras ni restricciones cuando se trata de Truth Social y todo lo que pueden hacer es intentar seguirle el ritmo y hacer control de daños”.

Trump suele comenzar a publicar a primera hora de la mañana, en ocasiones a las 5h, aunque ya ha acostumbrado al periodismo mundial a una intensa actividad nocturna, que se alarga habitualmente hasta la 1h de la madrugada. Durante el día, tiene a su disposición a miembros del personal de la Casa Blanca, que transcriben sus dictados y los convierten en publicaciones. Por la noche, su actividad online es la de un usuario adicto a la dopamina del doomscrolling (el desplazamiento compulsivo en redes), que republica toda serie de imágenes y mensajes que lo alaban a él o desprecian a sus adversarios, y que se expresa sin ningún filtro.

Pero, a diferencia de un troll al uso de cualquier red social, los mensajes del presidente de EE.UU. reciben una atención mediática mundial, y moldean la agenda, la opinión pública y los mercados financieros. A pesar de que tan solo un 3% de la población del país utiliza Truth Social, Trump es consciente de que sus mensajes, especialmente si son polémicos, se amplifican a una escala global. Eso explica un patrón que se ha repetido durante el último mes y medio, durante la guerra en Irán: los lunes, antes de la apertura de las bolsas, ha publicado varios mensajes de desescalada, optimistas con la paz con Teherán; los fines de semana, sin embargo, suele recrudecer el tono de sus amenazas.

El comportamiento de Trump en su red social no es muy distinto del que muestra en sus intervenciones públicas, llenas de insultos a periodistas y oponentes, lenguaje inflamatorio, burlas machistas, racistas y tránsfobas, amenazas y narcisismo. En este sentido, es quizás el presidente más transparente en la historia del país. Sin embargo, en los últimos meses, tras el escándalo generado por la publicación de los archivos del pederasta Jeffrey Epstein y especialmente desde la guerra de Irán, se han reducido con fuerza sus declaraciones ante los medios, que eran casi diarias al inicio del mandato. Pero el ritmo de publicaciones en Truth Social, el refugio donde puede hablar sin tapujos, se ha mantenido constante. 

Javier de la Sotilla Puig

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