Un estudio de Cambridge advierte que el monopolio de SpaceX erosiona la soberanía de los estados

El 12 de junio del 2026 hemos vuelto al año 1600, cuando los estados europeos decidieron delegar su soberanía en manos de las corporaciones coloniales de las compañías de las Indias. Si aparcamos por unos instantes la euforia bursátil por la histórica salida a bolsa de SpaceX, cabe preguntarse qué significa para las democracias occidentales que una sola empresa privada acumule un dominio absoluto sobre la infraestructura de comunicación más estratégica del siglo XXI.

Un reciente estudio publicado por la Universidad de Cambridge, SpaceX, the East India Company and the political economy of space, advierte que el control de la firma de Elon Musk, responsable del lanzamiento de casi el 80% de toda la carga útil que la humanidad ha enviado al espacio (una hegemonía que dentro de las fronteras de Estados Unidos roza un asfixiante 94%) representa una concentración de poder que “carece casi de precedentes en los últimos cuatro siglos”, cuando la entidad privada naval llegó a monopolizar el comercio con Asia y hasta imponer el control militar del sur de India.

¿Cómo ha alcanzado SpaceX este nivel de control? Al crear Starlink –su propia constelación de internet satelital que ya cuenta con cerca de 10.000 satélites en órbita sobre un total de 15.000–, SpaceX generó su propia demanda interna de lanzamientos, abaratando costes a un ritmo inalcanzable para sus rivales. Al absorber de forma masiva las frecuencias de radio y las órbitas bajas terrestres, la empresa está construyendo barreras de entrada insalvables, situándose “diez años por delante” de competidores como Blue Origin.

La concentración de poder de SpaceX “carece casi de precedentes en los últimos cuatro siglos”

La NASA, el Pentágono y los servicios de inteligencia occidentales están supeditados hoy por completo a los vectores de SpaceX para poner en órbita satélites espía, enviar astronautas o ejecutar el programa Artemis para regresar a la Luna. “Los gobiernos dependen de empresas a las que no pueden dar órdenes en un ámbito de vital relevancia para la seguridad nacional. Eso no es soberanía”, afirman.

Además, las fronteras entre lo público y lo privado se han difuminado hasta el punto de que SpaceX influye directamente en la geopolítica mundial de forma autónoma. “Hay que considerar que, como la Compañía de las Indias, la empresa también cumple funciones de política exterior”, explica a este periódico Alessio Terzi, investigador y coautor del informe. “Ya lo vimos con el uso de los satélites de Starlink que Musk concede a discreción en la guerra de Ucrania o Irán”, añade.

El vacío de reglas internacionales ha permitido a las empresas explotar las ambigüedades legales del tratado del Espacio Exterior de 1967. ¿Por qué los gobiernos no intervienen? Es la trampa en la que cayó Londres hace 400 años: embridar a su propia Compañía de las Indias significaba ceder terreno ante sus rivales neerlandeses o franceses.

Terzi advierte de que nos enfrentamos a un escenario inédito que no se puede solucionar con las leyes antimonopolio tradicionales: “El dilema es que no puedes desmontar la empresa en varios paquetes, porque perderías la actual ventaja competitiva y tecnológica en una batalla para liderar el espacio. Es la gran diferencia con el monopolio del petróleo de Standard Oil o de General Electric en el siglo XX; aquí hablamos de activos estratégicos para la soberanía nacional”.

Frente a esto, los investigadores sugieren que el camino no es el desmantelamiento, sino la intervención inteligente. “La historia nos dice que, cuanto más tarde regulas, más difícil va a ser porque la empresa se convierte en un gigante demasiado grande para caer”, apunta Terzi. “Hay varias maneras de intervenir; las más operativas serían que el Estado adquiriera una participación minoritaria u obtuviera un asiento en el consejo de administración”.

El aviso final de la Universidad de Cambridge apela directamente a los líderes mundiales antes de que esta dependencia sea irreversible: “La historia nos dice que el poder y la explotación llegan a arraigarse tanto, que los estados se ven finalmente obligados a intervenir, momento en que los costes de hacerlo son inmensos. La Compañía de las Indias Orientales tardó dos siglos en estar bajo control estatal. El espacio no dispone de tanto tiempo”.

Piergiorgio Sandri

En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.

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