Los que leemos la prensa vemos que está apareciendo una mejora de la economía y muchas empresas recuperan un crecimiento. La situación es buena pero no para todos. Los tiempos de crisis llevaron muchas empresas a endeudarse y para crecer en estos momentos hay que aceptar que algunos clientes atrasan su pago porque, cuando la economía crece, el endeudamiento también crece.
Cuando caímos en la crisis empresarial anterior al 2020 muchas compañías se encontraron con dificultades para atender sus deudas con proveedores, bancos, y servicios inmobiliarios e industriales. No estamos en otra crisis, pero sí se ha producido una economía más completa avanzando en tecnología, en internacionalización y en algunos casos en dimensión, y podemos identificar muchas organizaciones que están bien y funcionan bien pero se han quedado pequeñas y en muchos casos, poco internacionales.
Si no tenemos claro el futuro de la empresa, lo mejor es venderla a otro que la desarrolle
La economía del mundo va cambiando y puede haber firmas de buena dimensión que están en muchos países y tienen productos de estas pequeñas compañías. Y las empresas más grandes, que ya son internacionales, verán que el mercado de España puede ser muy interesante. Tienen dos alternativas: montar su propia estructura en España o adquirir una de esas empresas medianas pero bien situadas en el país. La mejor solución para estos negocios españoles sería venderse, cosa que podría ser a buen precio porque le facilitaría a la organización compradora el acceso al mercado español rápido y bien.
Estoy seguro de que muchos empresarios españoles, que tienen una pequeña compañía con buenos productos y buena tecnología que depende del mercado español, cuando lean mi recomendación de salir internacionalmente o venderla rápido si no pueden o no saben cómo hacer esa salida, habrán roto el periódico que llevaba este artículo y ahora han puesto al autor, a mí, como un mal entendedor del mundo empresarial.
No es la primera vez que hago la recomendación de vender la propia firma. Algunos propietarios me hicieron caso, vendieron muy bien su empresa, y pocos años más tarde otras compañías como la suya que siguieron en marcha no pudieron seguir adelante.
Entendemos que vender la empresa es algo muy duro para aquellos que las crearon y la desarrollaron. Ir a su despacho es seguir estando en su casa y que la podrían heredar sus hijos. Pero algunos entendieron que no podían gestionar y financiar el futuro de la organización. La vendieron bien y se pusieron a trabajar en temas inmobiliarios con parte de los fondos conseguidos y esto les ha permitido seguir obteniendo algunos buenos resultados y sobre todo seguir muy activos. Si no vemos claro el futuro de una empresa, lo mejor es venderla a alguna otra compañía o a un emprendedor que vean cómo desarrollar su futuro.
