Australia y la UE sellan un acuerdo de libre comercio tras casi una década de negociaciones

Después de más de una década de negociaciones, la Unión Europea (UE) y Australia han cerrado esta madrugada un acuerdo de libre comercio extremadamente relevante en el esfuerzo europeo por diversificar sus socios comerciales. En plenas tensiones geopolíticas por la guerra de Irán y después de que Estados Unidos haya sacudido el tablero económico mundial con sus aranceles indiscriminados, Europa firma otro pacto comercial, esta vez un delicado esfuerzo de equilibrios que, a cambio de asegurar el acceso a buscadas materias primas críticas australianas como el litio, incluye ciertas concesiones en materia de denominaciones de origen para emblemas europeos como el prosecco o el queso feta.

Anthony Albanese, primer ministro de Australia, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, este martes en Camberra, Australia. 
Anthony Albanese, primer ministro de Australia, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, este martes en Camberra, Australia. LUKAS COCH / Reuters

El acuerdo abre la puerta a las exportaciones de la mayor parte de productos australianos a la UE sin ningún tipo de aranceles, y viceversa. Los cálculos comunitarios indican que los exportadores, productores y agricultores europeos se ahorrarán 1.000 millones de euros en tarifas. Bruselas informa también que las exportaciones al país oceánico aumentarán en un 33% en la próxima década. Además, la UE ha firmado otro acuerdo de seguridad y defensa, que será el marco para una mayor cooperación en la industria defensiva, y la participación de Australia en el programa científico europeo Horizon.

Avance en tres continentes

Es el tercer acuerdo comercial de la UE en este 2026, tras los de Mercosur e India

Se trata del tercer acuerdo comercial que Bruselas logra este 2026, después del esperado con el bloque de Mercosur -que entrará en vigor el 1 de mayo- y de culminar el pacto con la India en enero. En septiembre del año pasado ya cerró otro con Indonesia. La UE extiende su influencia en el Indo-Pacífico, otra zona del tablero mundial en la que Washington tiene especial interés. Era imperativo para Bruselas reducir su dependencia de las materias primas críticas de China, que tiene el monopolio mundial de los minerales utilizados, por ejemplo, en las baterías de los coches eléctricos.

“Trabajamos duro para diversificar nuestras relaciones comerciales en un mundo cada vez más incierto. En menos de dos meses, Europa ha añadido casi 2.000 millones de personas a nuestro mercado de libre comercio”, ha destacado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, desde Canberra. “Con acuerdos expandiéndose a lo largo de tres continentes, desde América Latina a India y ahora, a Australia, es una verdadera trilogía comercial”, se ha felicitado.

Australia es la mayor economía de Oceanía y un mercado importante para las empresas comunitarias, que exportaron 37.000 millones de euros en bienes el año pasado y 31.000 millones en servicios, en el 2024. Von der Leyen ha viajado hasta Australia para concluir las negociaciones directamente con el primer ministro, Anthony Albanese, acompañada del comisario de Comercio, Maros Sefcovic. La alemana quería evitar lo que sucedió en el 2023, cuando parecía que finalmente Bruselas iba a lograr esta firma, pero el proceso descarriló en el último minuto.

En esta ocasión la operación tampoco ha sido fácil, especialmente por las particularidades de los mercados agroalimentarios. El último punto que hacía falta desencallar fue el acceso sensible al mercado para la carne vacuna y bovina australiana, además del azúcar, el arroz y algunos lácteos. Al final, se ha establecido que algunos de estos productos se importarán a través de un mecanismo de cuotas. Por ejemplo, en el caso de la carne vacuna -culpable del fracaso de las negociaciones hace dos años- el compromiso abrirá dos cuotas de importaciones sin aranceles para un total de 30.600 toneladas, mientras que el 55% del volumen de importaciones será sin gravámenes.

A cambio, por ejemplo, Canberra retirará sus aranceles a los vinos y los espumosos europeos, además de a la fruta, las verduras y a los quesos (otro punto de fricción), estos últimos durante los próximos tres años.

Otro tema delicado era el tratamiento de las denominaciones de origen. El primer ministro australiano, Anthony Albanese, sugirió haber logrado algunas concesiones de la UE, que permitirá que los productores australianos sigan utilizando de primeras algunos nombres para sus productos como el parmesano o el halloumi, mientras que para otras denominaciones de origen como el vinagre de Jerez o el Ouzo deberán abandonar el nombre de manera gradual.

Debate por las denominaciones de origen

El queso manchego y el vinagre de Jerez logran ser protegidos

En total, el acuerdo protegerá 165 denominaciones de origen europeas para productos alimentarios (como el queso manchego) y 231 en el caso de las bebidas alcohólicas. Pero para otros, según la versión de Bruselas, se ha logrado “soluciones a medida” teniendo en cuenta las características específicas del mercado australiano. Por ejemplo, los quesos feta o gruyere producidos en Australia podrán seguir vendiéndose con una etiqueta específica que impida imitaciones falsas del producto.

“Sean los griegos viniendo aquí y haciendo feta, o los italianos viniendo aquí y haciendo parmesano, o personas del este de Europa haciendo salsichas Kransky.. es una conexión con Europa, es parte de nuestra fuerza”, ha defendido Albanese.

Esta es una dura batalla para los productores europeos, que temen que las imitaciones de sus excelencias por el mundo no solo les perjudiquen económicamente, sino que también perder el buen nombre de sus productos. Especialmente enfadados estarán los vendedores de prosecco italianos: para este espumoso, los europeos permitirán que los productores australianos sigan utilizando este nombre para el consumo doméstico y solamente se les impida exportarlos tras un periodo de transición de diez años.

Anna Buj Cussó

Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).

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