Viento de Ormuz en los Monegros

El viento que llega del estrecho de Ormuz hace girar los molinos de viento de los Monegros. La guerra de Irán, la tercera guerra del golfo Pérsico desde 1990, tiene en vilo a más de medio mundo. Las bolsas, los bonos del Tesoro de Estados Unidos y la cotización del petróleo suben y bajan alocadamente, según cuáles sean los mensajes del presidente Donald Trump, claramente desnortado y secuestrado estratégicamente por Israel. Nadie sabe cuál será la evolución de los acontecimientos en las próximas semanas. En las urnas empiezan a aparecer reflejos de la caótica situación internacional. Los socialistas han conseguido mejores resultados de los previstos en las elecciones municipales francesas, y ayer triunfó el No en el referéndum italiano sobre la reestructuración del poder judicial, pésima noticia para la primera ministra Giorgia Meloni. Ese referéndum era el primer paso para proceder, por etapas, al desmantelamiento del sistema constitucional italiano acordado en 1948. La participación superó todas las previsiones. La gente está inquieta e Italia es uno de los países europeos hoy más expuestos al encarecimiento de los hidrocarburos. El servilismo de Meloni a Trump ha sido castigado. Jóvenes y mujeres han votado en mayor proporción por el no.

El viento de Ormuz mueve los molinos de los Monegros y el sol es crudo. Cuando está a punto de cumplirse un año del gran apagón eléctrico del 28 de abril del 2025, que puso a las energías renovables en la picota, la guerra de Irán revaloriza el modelo energético español. El pasado jueves el Financial Times, el diario más influyente en el circuito económico internacional, presentaba España como un ejemplo para otros países europeos. Politico, diario digital con mucha influencia en Bruselas, decía lo siguiente el sábado: “Estamos ante una victoria de España, después de que se acusase a la energía verde de ser la culpable del histórico apagón de la Península Ibérica el año pasado. Casualmente, el viernes un informe de la UE emitió un veredicto definitivo sobre el asunto, explicando que se debió a una combinación de factores, no a la dependencia de España de las energías renovables”. El viento de Ormuz está escribiendo un nuevo capítulo de la relación entre política y energía.

Mucho han cambiado las cosas desde la primera crisis del petróleo del 1973 que se prolongó hasta bien entrados los ochenta, influyendo de manera decisiva en la transición española a la democracia. Nunca nos cansaremos de repetirlo: la crisis del petróleo fue determinante en la transición. Encendió la protesta social después de la muerte del general Franco, obligó a acelerar la mutación del régimen y finalmente dio forma al consenso de los años 1977-1978, ante la adevertencia de que el país estaba a un paso de la suspensión de pagos. Los Pactos de la Moncloa surgieron como respuesta a una vertiginosa ola inflacionaria. Los trabajadores se sacrificaron -cinco puntos menos de poder adquisitivo en los convenios- para poder asentar la democracia. La Constitución de 1978 huele a petróleo.

En estos momentos solo el 5% del petróleo y el 2% del gas que consume España pasan por el estrecho de Ormuz. Hace cincuenta años, el 75% de las importaciones de hidrocarburos provenían del golfo Pérsico. El país aún no había construido los dos gasoductos que nos conectan con Argelia (uno de ellos, el Magreb-Europa, cerrado desde 2021), y el sistema eléctrico descansaba en gran medida sobre el carbón y el fuel oil, con centrales térmicas incrustadas en las ciudades. Son testimonio de esa época las tres gigantescas chimeneas de la antigua central de Sant Adrià de Besòs, al lado de Barcelona. Muchas cosas han cambiado y hoy vamos a pasar revista con la ayuda del geógrafo Santiago Fernández Muñoz.

La primera crisis del petróleo dejó una lección clara: era imprescindible diversificar las fuentes de energía. En los años ochenta, España apostó decididamente por el gas natural. Hoy más del 50% de los hogares utilizan gas natural para la cocina y la calefacción. Las siete plantas de regasificación con que cuenta España, más la de Portugal, en el puerto de Sines, hacen de la península Ibérica el principal receptor de GNL en Europa, factor muy relevante después del estallido de la guerra de Ucrania. España reexporta gas licuado a otros países europeos y ha podido combinar las importaciones de Argelia con el GNL norteamericano, sin tener que recurrir a Qatar, país que ahora no puede cumplir con sus compromisos, puesto que su principal planta de licuación ha sido atacada por los misiles iraníes. Italia, gran cliente de Qatar, está buscando ahora más gas argelino. En el actual contexto, Argelia cobra una mayor importancia en el mapa de la energía.

La segunda transición energética que afronta España está vinculada al despliegue masivo de las energías renovables para disminuir el peso del petróleo y el gas. La energía hidráulica fue pionera a principios del siglo pasado, momento en que casi la mitad de la producción eléctrica dependía del carbón, que en gran parte se extraía de las cuencas mineras de León y Asturias. El gas natural fue desplazando al carbón en la fase desarrollista del franquismo, periodo en el que entró en escena la energía nuclear con una cuota del 35%.

Depósitos de gas en el Port de Barcelona 
Depósitos de gas en el Port de Barcelona Angel Garcia / Bloomberg

El verdadero punto de inflexión llegó con el cambio de siglo. En el año 2000, la energía solar y eólica no llegaban al 3% del mix eléctrico español. Hoy representan el 41,4% de la generación. Si sumamos la hidroeléctrica (12,4%) y otras renovables, el 55,5% de la energía eléctrica se produce en España con fuentes renovables en estos momentos.

El primer boom de las renovables se produjo entre 2000 y 2010 y lo protagonizó la eólica, que pasó de aportar un 2,1% en 2000, a más del 14,6% en 2010. Comenzaron a aparecer molinos en zonas muy determinadas del país, desde La Muela en Zaragoza a Tarifa en Cádiz, pasando por las sierras gallegas y navarras. Cada boom tiene su dosis de corrupción. Mucha gente aún recuerda la detención de la alcaldesa de La Muela en la provincia de Zaragoza, “la reina del viento”, que pasó de vivir de una granja de conejos a ser propietaria de coches de lujo y casas en la República Dominicana y Sotogrande. Con los beneficios de las eólicas pagaba viajes al Caribe a los jubilados del pueblo. En 2019 fue condenada a 16 años de cárcel. Estos días hay que prestar atención a las investigaciones de la Guardia Civil sobre algunas actividades de la empresa Forestalia en Aragón. El periodista Antonio Cerrillo, gran experto en medio ambiente, ha publicado valiosas informaciones al respecto en La Vanguardia

Pero llegó el comandante Rajoy y mandó parar. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero había aprobado importantes incentivos económicos, la prima a las renovables, para acelerar su despliegue. El sistema garantizaba un precio fijo a los productores, mediante un complemento por cada MWh generado, independiente y por encima del precio del mercado. El gobierno del PP eliminó esas primas y aprobó un nuevo esquema retributivo en el que los propietarios de las instalaciones dejaban de cobrar por producir y pasaban a recibir una remuneración vinculada a la inversión inicial. Rajoy fue más allá y aprobó el llamado “impuesto al sol” que penalizaba a quienes generaban su propia electricidad a través de placas solares.

Decenas de inversores internacionales demandaron al Estado español por el cambio de condiciones de las renovables y todavía hoy, más de diez años después, se van sucediendo las sentencias, muchas de ellas desfavorables. 

El parón en el despliegue de renovables fue casi total. En los primeros años del gobierno Rajoy se ralentizó por completo la transformación del sistema eléctrico. En 2012, el porcentaje de renovables era del 32% y en 2018 cuando el PP dejó el gobierno llegaba al 38%.

El gobierno de Pedro Sánchez dio un giro radical a la política energética. Teresa Ribera pisó el acelerador. El despliegue de renovables se incrementó notoriamente tras la desaparición de los frenos regulatorios, de forma que su cuota pasó del 38% de 2019 al 56,8% al cierre de 2024. En el 2022 se produjo la invasión rusa de Ucrania y el corte de gasoductos en el este de Europa, una coyuntura que reforzó aún más la apuesta por las renovables. Todo iba bien. La velocidad del despliegue y las perspectivas eran tan positivas que el Gobierno elevó sus previsiones: la generación eléctrica renovable debería saltar del 74% al 81%, y la electrificación total de la economía debería pasar del 32% al 35%. El previsto cierre de las nucleares era una consecuencia lógica de esas estimaciones: sus costes no podían competir con el sol y el viento.

Pero el 28 de abril de 2025 el sistema eléctrico fundió a negro y desde entonces la senda prevista ha experimentado cambios relevantes. Se publican estos días elogios en la prensa europea, pero las costuras energéticas españolas están tensas. En 2025, el peso de las renovables descendió del 56,8% al 55,5% (1,4 puntos menos), pese a que la capacidad instalada continuó creciendo, con un incremento del 2,7%. A cierre de 2025, las renovables representaban ya el 70,4% de la capacidad total de generación, pero solo aportaron el 55,5% de la producción. En 2024, esa relación era del 67,8% de capacidad y el 56,8% de generación. Un frenazo imprevisto.

¿Qué ha ocurrido? Las renovables han sido las principales víctimas del apagón. Después del aciago 28 de abril, Red Eléctrica aprobó un método reforzado de operación que implica una mayor presencia de generación nuclear, hidráulica y de ciclos combinados de gas para garantizar la seguridad del sistema. Paralelamente, se han endurecido las restricciones de acceso para las renovables, especialmente las de menor tamaño. Los sistemas públicos reaccionan siempre por el lado de la seguridad tras sucesos extraordinarios. Nadie quiere arriesgarse.

Instalación fotovoltaica de Iberdrola en el Congreso de los Diputados
Instalación fotovoltaica de Iberdrola en el Congreso de los DiputadosIBERDROLA / Europa Press

Sinteticemos. La capacidad instalada y la producción renovable siguen marcando máximos, pero su integración en el sistema se ha ralentizado por decisión de Red Eléctrica con dos consecuencias claras. Se está registrando un cierto encarecimiento de la electricidad para los consumidores finales, ya que crece la energía producida quemando gas: en 2025, la producción en centrales de ciclo combinado creció un 30% respecto a 2024, pasando del 13,6% al 16,8% del total. Y aumenta la energía renovable que se desperdicia y no se incorpora al sistema. Ello es consecuencia de las limitaciones impuestas por Red Eléctrica tras el apagón, pero las propias plantas solares, eólicas e hidráulicas optan por no generar cuando los precios no cubren ni siquiera sus costes operativos.

Hay soluciones, pero no son inmediatas ni sencillas. La clave pasa por que las propias renovables sean capaces de compensar los problemas de tensión que estuvieron en el origen del cero eléctrico. El proceso ya está en marcha y el pasado 17 de marzo, por primera vez, determinadas plantas renovables responden a consignas dinámicas de tensión en tiempo real. Según la CNMC, en el mes de febrero había ya 74 instalaciones renovables habilitadas para controlar la tensión, 155 habían realizado ya las pruebas, y otras 365 estaban iniciando el proceso.

La segunda vía para aprovechar el excedente de energía renovable es almacenarla durante las horas centrales del día, cuando hay exceso de producción para su posterior consumo. El crecimiento del almacenamiento está siendo exponencial y existen cientos de proyectos en desarrollo. Hay muchos proyectos para la fabricación de baterías en España en estos momentos. Asimismo, se encuentran en fase de desarrollo varios proyectos de gran escala de sistemas hidráulicos reversibles, que permitirán incrementar de forma sustancial la capacidad de almacenamiento, aunque su entrada en operación requerirá varios años. 

Hay que prestar atención al decreto energético aprobado el pasado viernes por el Gobierno. El foco se ha centrado en los descuentos fiscales en el precio de los carburantes, pero hay otros elementos destacables. Ese decreto, que se votará el jueves en el Congreso, contiene una serie de medidas muy concretas orientadas a acelerar la implantación de las renovables.

Pronto hará un año, el gran apagón de abril del 2025 abrió una batalla campal que buscaba una redefinición del modelo energético, con una fuerte ofensiva contra las energías renovables. Ahora, los vientos de Ormuz soplan a su favor. Esos vientos traen otra realidad: aumentan las reservas turísticas para Semana Santa. España, país refugio. España, retaguardia de Europa.  El viento de Ormuz también explica la pronta convocatoria de elecciones en Andalucía para el 17 de mayo.

(Este nuevo capítulo de ‘Penínsulas’ ha contado con la colaboración de Santiago Fernández Muñoz, geógrafo, experto en geopolítica y políticas públicas, socio de SILO).

Enric Juliana Ricart

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

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