
La evidencia apunta a que la generosidad en el ámbito educativo pasa factura. Según un estudio reciente elaborado por varias universidades de EE.UU., los alumnos con profesores que “inflan” las notas acaban obteniendo a largo plazo peores resultados académicos e ingresos en el mercado laboral, explica el profesor de escuela de negocios Pablo Foncillas.
“Con el profe ‘bueno’ eliminas la exigencia y también eliminas el incentivo a esforzarse. Y, en esencia, el aprendizaje”, argumenta el experto en gestión. En cambio, el profe “malo” obliga a desarrollar habilidades que son fundamentales, como la disciplina, criterio, autonomía… aunque se prefiera por norma general que toque el profe “bueno”.
