El oro, valor refugio por excelencia, está perdiendo su brillo desde el estallido de la guerra de Irán. Ayer jueves su precio al contado bajaba un 2,7%, mientras que los futuros retrocedían un 3,4%.
Durante los últimos meses el metal amarillo vivió un rally histórico: hay tomas de beneficios
Podría parecer una paradoja que el metal se deprecie justamente cuando la incertidumbre en Oriente Medio está en sus máximos. El mes de marzo que acaba de concluir, de hecho, ha sido el peor para el oro desde el 2008, el año de la gran crisis financiera, una pérdida cercana al 12%. ¿Cómo se explica?
Emergen dudas sobre el crédito privados en EE.UU., al limitar Blue Owl los importes que se pueden retirar
Hay varios factores que entran en juego. Primero, el oro se había apreciado muchísimo antes de que empezaran las hostilidades en Irán, encadenando varios récord históricos, empujado por la fuerte liquidez y la necesidad de diversificar en un momento en que la renta variable, animada por la IA, empezaba a ser muy costosa. Así que, asumiendo que los inversores están en busca de protección, muchos creen que no es conveniente comprar un activo que ya es bastante caro. Al contrario, puede haber habido toma de beneficios.
Segundo, al oro le ha surgido un competidor: la renta fija. Tras los bombardeos, los rendimientos ofrecidos por los bonos soberanos se han incrementado. Los títulos de Estados Unidos a diez años ahora ya presentan un retorno del 4,3% e incluso los bonos japoneses empiezan a ser una ocasión interesante, con un interés del 2,3% (a diez años), un máximo histórico.
Y tercero, los tipos de interés. Ante la perspectiva de que llegue una ola de inflación, los bancos centrales podrían verse obligados a subir los tipos de interés. En estos casos, la relación con el oro suele ser inversa: un depósito pasa a ser más rentable y el coste oportunidad de tener oro, que no produce rendimientos, aumenta.
Por otra parte, la volatilidad sigue instalada en los mercados, que experimentan fuertes oscilaciones al son de las palabras de Donald Trump. Cada vez que la guerra parece recrudecerse, el oro cae y viceversa. Ayer fue un día de incógnita y miedo. Los precios del petróleo subieron casi un 7%, hasta los 108 dólares, después de que en su discurso el mandatario anunciara más operaciones militares en Irán en las próximas semanas.
Las bolsas de EE.UU. abrieron ayer en negativo y las plazas europeas se mantuvieron nerviosas. Al final el Ibex cerró con leves pérdidas del 0,14%. El resto de las principales bolsas del Viejo Continente también se anotaron caídas, con descensos del 0,79% para Frankfurt, del 0,20% para Milán y del 0,24% para París.
Para agravar el susto y la incertidumbre en los parquets, también hay que señalar los nubarrones que proceden del crédito privado en EE.UU. El último golpe llegó después de que Blue Owl limitara el importe que los inversores pueden retirar de dos de sus fondos orientados al mercado minorista, arrastrando su acción hasta un 8,6% a mínimos históricos.
Otras gestoras de activos alternativos, como Apollo Global, Blackstone, Ares Management, KKR y Carlyle Group también cayeron entre un 3,6% y un 5,5% al inicio de la sesión. En lo que va de año estas grandes gestoras han perdido de forma conjunta 132.000 millones de dólares de valor en bolsa, según cálculos de Reuters.
Mientras el sector de las aerolíneas sigue bajo presión en los mercados, con la amenaza de cancelaciones de rutas este verano una vez que el último cargamento de queroseno llegue a mitad de abril a Europa, las petroleras continúan aguantando el chaparrón ante las perspectivas de mayores ganancias. Un informe de la consultora T&E señala que el repunte del barril supondrá para el sector unos “beneficios caídos del cielo” este año de cerca de 24.000 millones de euros. Siempre hay quien hace negocio en las guerras.
