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La alianza busca neutralizar la inminente desregulación de los activos digitales en el Congreso.
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Los nuevos tokens operarán bajo control institucional, excluyendo el uso de claves privadas.
Tras años de mirar de reojo e incluso menosprecio a la tecnología de Bitcoin, los cuatro gigantes de Wall Street, JPMorgan Chase, Bank of America, Citigroup y Wells Fargo, decidieron dejar de lado su feroz competencia para formar una inusual alianza digital.
Su plan es ambicioso ya que plantean desarrollar una red conjunta de «depósitos tokenizados» que convierta el dinero de las cuentas corrientes en tokens digitales capaces de moverse en tiempo real, las 24 horas del día y los 365 días del año.
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Detrás de este despliegue técnico, bautizado provisionalmente como The Bridge o The Chain, según el reporte de The Wall Street Journal, no hay un repentino amor por la innovación, sino un calculado instinto de supervivencia.
¿Por qué Wall Street lanza depósitos tokenizados?
Durante el último año, emisores de stablecoins como Tether (USDT) o Circle (USDC) se han transformado en autopistas financieras globales, absorbiendo miles de millones de dólares en pagos transfronterizos y gestión de fondos corporativos, tal como lo ha reportado CriptoNoticias anteriormente.

La urgencia para los megabancos se intensificó con un proyecto de ley en el Congreso de Estados Unidos que busca permitir que las stablecoins paguen intereses a sus usuarios, un avance impulsado bajo la postura de desregulación hacia los activos virtuales de la administración de Donald Trump.
Para Wall Street, que el sector de las stablecoins empiece a pagar intereses representa una amenaza directa a su línea de flotación por la captación de depósitos. Si una multinacional puede mover su capital en segundos un domingo por la noche sin pasar por las taquillas de un banco y, además, obtener rendimientos atractivos, el modelo bancario tradicional cruje.
La estrategia de estas entidades consiste en adoptar las características operativas de la tecnología de bloques, como la liquidación inmediata y la automatización mediante contratos inteligentes, pero aplicadas a sus propios balances.
Al canalizar el proyecto a través de la empresa operadora The Clearing House (TCH), los tokens resultantes no representan un pasivo externo como las stablecoins, sino depósitos bancarios formales que permanecen dentro del marco regulatorio tradicional y bajo la custodia directa de las instituciones participantes.
La banca tradicional frente a las stablecoins ¿velocidad o control?
Precisamente ese es el argumento de los bancos defensores del proyecto. Señalan que los depósitos tokenizados combinan velocidad de las stablecoins con seguridad regulatoria. Shamir Kalik, director de servicios de Citigroup, señaló que la red servirá para «consolidar aún más el papel dominante de los bancos en las finanzas y los mercados de capitales».
El analista Alfredo Muñoz García abrió el debate en redes profesionales como LinkedIn, sobre la diferencia entre stablecoins bancarias y depósitos tokenizados. En los comentarios de sus publicaciones, algunos usuarios cuestionan si la banca está «intentando ‘disfrazar’ el modelo de toda la vida con tecnología blockchain para no perder el control».
Otros se preguntan si el proyecto representa «una verdadera evolución del dinero o simplemente un intento desesperado» por parte de las entidades tradicionales.
Mientras tanto, el proyecto se encuentra actualmente en fase de diseño y la alianza de megabancos proyecta expandir la red a entidades de todo Estados Unidos para la primera mitad de 2027. Aunque ejecutivos como Marc Monaco, de Bank of America, admiten que «los clientes corporativos aún no están pidiendo depósitos tokenizados», Wall Street ha decidido adelantarse para asegurar el control del mercado.
A medida que esta infraestructura avance, probablemente se desatará en el sector financiero una guerra de custodias. Si el sistema del dinero fíat logra digitalizarse con éxito, la presión estatal para asfixiar a las alternativas independientes y descentralizadas aumentará drásticamente, obligando al ciudadano común a elegir entre la comodidad de la tutela bancaria o la libertad de la escasez matemática real.
