Tras un fin de semana en el que EE.UU. e Irán intercambiaron intensos bombardeos con misiles y drones con el control del estrecho de Ormuz como principal argumento, la Guardia Revolucionaria iraní anunció este lunes que había atacado las bases estadounidenses en Bahréin y Kuwait, destruido sistemas de radar en Omán e impactado depósitos de combustible y de municiones en la base aérea Príncipe Hassan, en Jordania, como última respuesta a otra oleada de ataques estadounidenses la tarde del domingo.
El objetivo de Washington en los ataques de la tarde del domingo era el de “seguir mermando” la capacidad iraní para atacar a buques comerciales que transitan por el estrecho de Ormuz, informó el Comando Central del Ejército de Estados Unidos (Centcom). Horas antes, Teherán afirmó que había vuelto a cerrar el cruce de vital importancia estratégica, aunque fuentes estadounidenses lo negaron.
Como resultado de la recientes escalada en las hostilidades subieron los precios del petróleo y el tránsito por el estrecho de Ormuz cayó a mínimos de varias semanas, según datos de transporte marítimo, debido a que los ataques iraníes a buques en Oriente Medio aumentaron la preocupación por la seguridad. En concreto, seis buques navegaron por la vía marítima el domingo, según datos de seguimiento de buques de Kpler, la cifra más baja en cinco semanas.
Irán está intentando acordar un mecanismo de gestión conjunta del estrecho de Ormuz con Omán, pero la presión de Estados Unidos sobre el reino omaní ha obstaculizado los esfuerzos, según declaró este lunes el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei.

Si bien los ataques iraníes de este lunes forman parte del último ciclo de ataques y contraataques de los últimos días, lo cierto es que suponen una escalada en cuanto a intensidad y alcance de los bombardeos, que han implicado a cuatro países aliados de EE.UU. en la región.
El ejército estadounidense informó que, durante las operaciones del domingo, atacó sistemas militares iraníes de defensa aérea, instalaciones de radar costeras, capacidades de misiles y drones, así como pequeñas embarcaciones, utilizando aviones, buques de guerra y drones.
La reanudación de la violencia arroja más dudas sobre el futuro del acuerdo provisional entre EE.UU. e Irán firmado el mes pasado, cuyo objetivo era reabrir el estrecho y poner fin a la guerra tras 60 días más de negociaciones, durante las cuales se discutiría el acuerdo nuclear. El presidente de EE.UU., Donald Trump, se refirió a los ataques del fin de semana: “Les estaban dando una paliza”, afirmó en declaraciones a Reuters.
Durante la última semana, Trump ha declarado que considera que el alto el fuego ha terminado, aunque ha dejado la puerta abierta a nuevas conversaciones. El principal negociador iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, por su parte, publicó el domingo en la red social X: “La era de los acuerdos unilaterales ha TERMINADO. Ya os lo dijimos: cumplid vuestra palabra o pagad el precio. La realidad llama a la puerta”.
La guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron contra Irán el 28 de febrero ha desestabilizado el golfo Pérsico, donde Irán ha atacado bases estadounidenses en países de toda la región y ha cerrado el estrecho de Ormuz, por donde circulaba la quinta parte del petróleo mundial antes de la guerra, lo que ha provocado un aumento de los precios de la energía y ha avivado la inflación mundial.
La Guardia Revolucionaria advirtió en un comunicado este lunes que la única forma de restablecer el tráfico marítimo a través del estrecho era poner fin a las intervenciones militares estadounidenses en la vía navegable, y advirtió de que “una interferencia continuada podría dar lugar a incidentes de mayor envergadura en el sector mundial del petróleo y el gas”.
