
El programa lo definió él mismo asomándose a la plaza de Castel Gandolfo: “Espero poder pasar las próximas semanas descansando, rezando, leyendo y, ojalá, haciendo un poco de deporte”. León XIV lo dejó claro: también un Papa necesita vacaciones, no solo de meditación, sino de actividad física.
Durante su reciente viaje a España quedó claro que el Pontífice estadounidense, que cumplirá 71 años el 14 de septiembre, mantiene una excelente forma física. La residencia de Castel Gandolfo le ofrece ahora la posibilidad de practicar un poco de deporte, una afición que Prevost ha cultivado toda su vida: especialmente el tenis, la natación y quizá incluso la equitación, que habría aprendido durante sus veinte años como misionero en Perú.
Es un cambio evidente respecto al pontificado de Francisco, que nunca quiso pasar el verano en Castel Gandolfo y permanecía en la residencia de Santa Marta, dentro del Vaticano, incluso durante los meses más calurosos, de modo que renunciaba a trasladarse a la localidad de descanso que, desde el siglo XVII, pertenece a los papas. Ayer mismo lo explicó durante el ángelus. Invitó a que las vacaciones no se limiten “al descanso y al ocio”, sino que dejen espacio “al silencio, la oración y a la lectura de la palabra de Dios”. “Volveremos a nuestras ocupaciones habituales renovados en el cuerpo y en el espíritu”, añadió.
También este verano ha querido recuperar otra tradición: alojarse en el Palacio Apostólico, que domina la plaza principal de Castel Gandolfo, y que el papa Francisco había dejado de utilizar como residencia y había convertido en un museo. Durante el primer verano de su pontificado, León XIV había optado por Villa Barberini, la residencia tradicional de los secretarios de Estado, donde pasó el verano pasado. Este año, para alegría de los castellani , los habitantes del pueblo, ha regresado al lugar donde durante siglos veranearon los papas y desde cuyo balcón volvió a rezar ayer el ángelus.
Las vacaciones de León XIV se están convirtiendo también en una forma de definir su estilo de pontificado: un regreso a algunas de las tradiciones abandonadas en los últimos años, sin renunciar por ello a cumplir una agenda de gestos públicos y compromisos pastorales.
La piscina de la residencia la mandó construir Juan Pablo II para cuidar su salud
Sobre los deportes que practica el Papa, no existe ninguna confirmación oficial. Los fotógrafos enloquecerían por conseguir una imagen de Prevost jugando al tenis, montando a caballo o nadando en una piscina, como ocurrió en tiempos de Juan Pablo II, probablemente el papa más deportista de la historia reciente, antes de que el deterioro de su salud limitara su actividad física.
La construcción de la piscina de Castel Gandolfo, a comienzos de los años ochenta, provocó cierta polémica. Juan Pablo II se defendió reivindicando la necesidad de cuidar su salud, especialmente después del atentado de 1981. Para responder a quienes criticaban el coste de la obra, se cuenta que el pontífice polaco respondió con ironía que “un cónclave costaría mucho más”.
La piscina sigue existiendo y permanece dentro de una de las zonas más reservadas de las Villas Pontificias. Durante años se creyó imposible fotografiarla. Sin embargo, el fotógrafo Angelo Cozzi logró introducirse en el recinto e inmortalizar primero la piscina y, después, al papa Juan Pablo II en bañador.
De sus partidos de tenis, el propio Papa ha hablado en varias ocasiones, aunque no se sabe quién es su compañero habitual de juego, quizá su secretario, el sacerdote peruano Edgard Rimaycuna. En los primeros días de su pontificado, León XIV recibió, además, al número uno del tenis mundial, Jannik Sinner, con quien bromeó sobre el significado de su apellido en inglés.
Sobre la posibilidad de que Prevost monte a caballo en los jardines de las Villas Pontificias no existe ninguna confirmación. Lo que sí es seguro es que el Papa recibió como regalo un caballo árabe de pura sangre, Proton, criado en Polonia y que permanece en las caballerizas de la residencia.
León XIV invita a almorzar a 200 personas vulnerables en los jardines de las Villas Pontificias
Pero las de Castel Gandolfo no son unas vacaciones al cien por cien. Las audiencias generales quedan suspendidas durante un mes, pero la actividad del Pontífice continúa, tanto con contactos internacionales como con gestos simbólicos de gran fuerza. El sábado, por ejemplo, invitó a almorzar en los jardines de las Villas Pontificias a doscientas personas vulnerables –entre refugiados, desempleados y familias con dificultades económicas– seleccionadas por la diócesis de Roma.
Antes de comenzar el almuerzo dijo: “He venido sin discurso, pero con mucha hambre de justicia”, y expresó su deseo de que “se puedan eliminar las causas de la pobreza y de la injusticia que todavía existen en nuestro mundo”. Después pasó horas recorriendo las mesas, escuchando las historias de los invitados y conversando con ellos uno por uno.
